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lunes, 29 de septiembre de 2014

Madrid, hoy tengo miedo de ti

Madrid, hoy tengo miedo de ti.

De tus noches sin dormir y de tus días en cama de otra.
De tu gente que llena Callao y que pese a eso sienta que nadie me aporta nada.
De escuchar las risas de otros por la Gran Vía y de no escuchar las que pensé que me tenías preparadas.
De no volver a tener una canción a medias con alguien y de bailar tu música aunque no pueda sentir nada.
De volver a correr tras unos leggings en El Retiro antes que montar con alguien en sus barcas.
De volver a vivir tus noches de locuras si después no hay alguien que me permita darle abrazos sin pedirme nada.
De tus sábado noche en Malasaña y tus domingos en El Rastro.
De tus calles llenas de pijas con falda de cuadros y jersey azul.
De volver a sentir lo despacio que pasa el tiempo mientras espero a una chica de ojos verdes en el caballo de Sol.
De tus bienvenidas en forma de polvo, aunque sólo haya desaparecido un par de horas.
De volver a ti como si no hubiera pasado el tiempo y como si estos dos años no hubieran importado nada.
De tu olor a Navidad y de tus puestos de castañas.
De vivirte mil y una noches, pero no ser capaz de disfrutarte ni un único día.
De ir a tus teatros y sentir que no es sólo ahí donde todo el mundo actúa.
De saber cómo suena tu reloj a las doce de la noche, pero no a las doce del mediodía.
De volver a subir a más de la planta 20 de un hotel y hacerlo como si no pasase nada.
De las malagueñas que adoptas de ojos verdes.
De las que recorren tus calles con minifalda, pero también de las que llevan gorro y bufanda.
...

De lo que no tengo miedo, Madrid, es de tus caminatas hacia ninguna parte, de tus paseos hacia ningún lugar, de lo que le haces sentir a cada uno que te pisa tus calles, de las mil y pico opciones que nos das, de que quien no encuentra el amor se puede perfectamente conformar contigo.




Pero sobretodo, 
Madrid, 
no tengo miedo de ti, 
tengo miedo de mí contigo.




--Hero

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Putas locas

Viendo cómo está el tema de malinterpretar las cosas por un momento he pensado si poner este título, pero... ¿Qué cojones?

Adelante.


Estaba como una puta cabra, pero eso era lo que tanto me llamaba. Estaba buena, de esas que quitan el hipo, de esas que con su imagen y su dulzura tapaban cualquier defecto, incluso los de otro. De esas que creen en lo que sienten y no en lo que ven, de las que destacan por todo aunque no las veas brillar en nada. Era de las que lo tenía todo y se conformaba con tenerme a mí, aunque eso implicara no tener nada. A veces pensaba que no era real, porque nadie había logrado entenderla, a veces pensaba que era producto de mi imaginación, porque sólo conmigo conectaba. Era de esas a las que no necesitaba follarme en la cristalera de una planta 20 con Madrid a nuestros pies para saber que ambos estábamos por encima del resto cuando estábamos juntos. No era un modelo rubia de acento ruso con dinero para comprar cualquier cosa menos sentimientos, pero era mi modelo y con eso me sobraba. Era de las de cuerpo perfecto, pechos apetecibles y curvas en las que perderse, pero también era de las que jamás pensará que tiene todo eso. Era de las que odian a los chulos, de las que para despejarse se van a la playa a escuchar las olas. Era de esas chicas que no han disfrutado la vida y que justo cuando iba a empezar a disfrutarla, me conoció a mí. De esas de las que no les paran de machacar y que aunque siempre pensara que era frágil, en realidad era la chica más dura que he conocido jamás. De esas que siempre han estado rotas y que no se pegarán jamás, de esas que viven rotas para poder ayudar a los demás. De esas pocas chicas que para divertirse no necesitan emborracharse, aunque lo haga para sentirse igual que el resto. De las que su única droga era yo, aunque eso implicara no poder tomar ninguna otra. Era de esas chicas con las que todo hombre pasaría el resto de su vida, con las que todos soñamos para formar una familia.
Pero tenía un fallo, ser especial le hizo ver que estaba destacando y decidió apagarse, para que nadie más la volviera a ver brillar.
Por eso sé que siempre será mía, porque esa chica desapareció para siempre a la vez que me apartó de su brillo.

Muchas veces no nos damos cuenta de que un trébol roto de dos hojas no es menos que uno de tres, sólo necesita encontrar a uno que también tenga dos hojas para juntos formar uno de cuatro, uno de esos que supuestamente atraen a la buena suerte.
Lo que olvidamos es que cuando nos separamos de ese otro trébol, volvemos a ser de dos hojas, volvemos a estar rotos.


No he olvidado, tengo demasiada buena memoria como para olvidarme de posiblemente mejor época de mi vida, porque aunque no fuese la mejor en el tema personal, el trebol de cuatro hojas hacía que todo fluyese como si así lo fuera.
No quiero olvidar, me he dado cuenta que no es necesario, basta con restar importancia, con darte cuenta de que nada, ni nadie es tan importante. ¿Y sabéis qué? Es la mejor sensación que un hombre como yo en este momento de mi vida puedo tener.
Estoy enamorado de alguien que ya no existe, y no es que quiera auto engañarme pensando que ese alguien ha cambiado porque así me es más fácil afrontar que ya no está conmigo. Ese alguien ya no existe y lo sé porque todo ha pasado tal y como yo sabía que iba a pasar. Sé el porqué de su última llamada, sé porqué la colgué, incluso sé qué tweet leyó. Si lo sé todo debería meterme a futurólogo, ¿verdad? Lo que también sé es que he perdido a esa persona en la que se ha convertido y lo peor de todo es que me da igual, porque sigo enamorado hasta la(s) tranca(s) de su otro yo, ese que se perdió en forma de coche rojo, de amigos de pega y de una familia que busca en ella lo que ellos jamás pudieron y podrán tener.

Ahora me diréis, ¿y qué coño me estás contando de que te encanta esa sensación de estar enamorado de alguien que ya ni siquiera existe para ti?
Ya viví algo parecido, estar enamorado de alguien que sabes que jamás en la vida vas a poder tener a tu lado, no tienes que esforzarte, no tienes cargo de conciencia por intentar hablar con ella porque no existe, pero tiene las ventajas que te da estar enamorado de alguien. ¿Sabéis cuáles son? Indiferencia, pasotismo, motivación.

Ahora todo me da igual, no tengo cariño por ninguna chica, no soy capaz de echar de menos a nadie, no pueden hacerme daño, ni siquiera pueden conocerme tanto como lo hizo ella y creedme que conseguir vivir así en una ciudad como Madrid con tantísimo tiempo libre es convertirte en lo más cercano a lo que el hombre conoce como un dios. Suena creíble, ¿verdad? Para colmo tengo una motivación constante de mejorar en todos los ámbitos de mi vida y por desgracia lo estoy consiguiendo, estoy consiguiendo todo lo que me propongo y eso me hace pensar que todo esto es demasiado fácil, eso me hace buscar fallos.
Todo tiene pegas y este cúmulo de “nuevas virtudes” que he adquirido hace que penséis que soy un gilipollas prepotente que va de listo, seguramente sea verdad, por suerte para mí os dais cuenta de ello después de echarme un polvo y os quito esa idea de la cabeza después de volver a quedar para echarme otro.
Al final todo se resume en sexo, ¿verdad? Supongo que es mejor que penséis eso, porque la mayoría de veces es así, he tenido épocas en las que follaba para poder pedir cariño, incluso épocas en las que daba cariño para poder follar. Ahora ni siquiera sé si quiero follar, pero me divierto más escuchando los gemidos de una mujer que agarrándomela yo mismo, llamadme loco.

No os voy a engañar, me aburre ya contar a quién me follo, pero necesitaba escribir esto antes de que se pierda entre los nidos de los pájaros que tengo en mi cabeza. Y qué coño, para esto tengo un puto blog, ¿no?


De momento os vais a quedar con las ganas de leer cómo me follo a una alemana de poco más de metro sesenta y de tetas tan grandes como mi cabeza, pero prefiero follar en la vida real, o patinar. ¿Qué sé yo? Me hago tanto el interesante que ya no sé si digo la verdad o es otro cuento.


--Hero

domingo, 27 de abril de 2014

Helena di Napoli


En la vida si quieres que algo perdure en el tiempo, cuídalo y deja que el resto fluya.
¿Fluir? Muchas veces lo que importa no es que algo fluya, si no en dónde va a desembocar, pero… ¿Qué os voy a decir yo que os vendo la moto de una alta prosa y capacidad dialéctica cada vez que puedo?

Ahora os podría contar una bonita introducción en la que mi ego saldría presto como corcel desbocado hacia la zona en la que sólo se encuentran los dioses, pero como me encanta hacerme el interesante omitiré esta parte y tú y yo nos quedaremos sin ver a ese precioso caballo (blanco, por cierto).


Me aburre a la vez que me enfada contaros que era otra chica rubia, me abruma tener que repetir la palabra ‘otra’ en ‘otro’ relato, suena a una más, sin cualidad y calidad de especial. Es rubia, muy rubia, tiene los ojos verdes, es pseudo italiana, y la conocí en mi añorada Madrid. Pero antes de todo esto, dejad que os ponga en situación, dejad que os cuente cómo me decidí a actuar, o como mínimo, cómo me han ido empujando poco a poco a ello.

Una tras otra…

-¿Si con Jara te funcionó lo de follarte a una tras otra para olvidarla por qué no lo vuelves a repetir?
- Ahora eres ese chico que todas sabemos que es muy interesante, pero que ninguna tendría nada con él por lo perdido que te vemos.
- ¿A parte de ir tanto al gimnasio por qué no tratas de conocer a alguien para evadirte?
- Todo el mundo cambia, pero tú no lo has hecho, lo que pasa es que crees que si te acuestas con alguien jamás la recuperarás, déjalo estar.


Me abrieron los ojos, no era la primera persona que me decía que tenía que volver, ni la segunda, ni la décima… ¿Dónde había ido y para qué? Está muy bien tomarse tiempo con uno mismo, y quizá las soluciones que me han planteado en estos últimos meses matarían toda mente un poco moralista, pero… ¿Qué más da? No tengo que justificarme ante nada, creo que me había olvidado por completo de esa sensación.
No tengo a nadie esperando en casa para preguntarme qué he hecho, no tengo a alguien con quien justificarme, en resumen, no tengo a nadie.

Es hora de que os hable más sobre la protagonista de este relato, es hora de que os hable de la gran Helena di Napoli.
La ventaja de escribir este relato, es que ella no sabe que escribo, no sabe de la existencia de Hero Mermelada ni de todo lo que eso conlleva, quizá por eso todo haya salido tan bien, el sexo no tenía que superar a mi escritura.
La conocí hace más de 5 años en Madrid, y siendo todo lo objetivo que un sujeto me permite, podría decir que es la chica más mona con la que me he acostado, porque ese es el adjetivo que mejor le pega, es muy mona. Podría pasar por una chica Tumblr de esas por las que cualquier hombre se cortaría medio brazo con tal de sentir el roce de su piel.
Rubia, arito en la nariz, alta, me promete unas vacaciones… ¿Cómo iba a decir que no? Bueno, en realidad ya le había dicho que no, pero tanta gente insistiendo a mi alrededor para que volviese mi pasado, para que volviese Hero, al final tuve que lanzarme. (Habéis creado un monstruo, que lo sepáis).
Critiqué mucho a mi ex por ser tan manipulable, por hacer caso a los demás, quizá tendría que aprender algo de ella y prestar más atención  a los que hay a mi alrededor, supongo que alguna vez sí que ayudan, ¿no?


Llevábamos unos días con un tiempo perfecto de sol y calor, cruzaba los dedos para que se mantuviese durante unos días más, sólo que a unos 2.000 km de donde yo me encontraba actualmente.
Curiosamente iba a ver a Helena, y digo curiosamente porque su nombre significa “luz en la oscuridad”. Eso era lo que necesitaba, algo de luz en esta época tan oscura en mi vida.
Pensé que en el día del viaje estaría nervioso, pero estaba extrañamente tranquilo y sereno, como si todo me diese igual, como si no me importase lo que pudiera pasar. El trayecto en avión se me hizo largo, supongo que el hecho de quedarme sin Internet en el móvil ayudaba a que el aburrimiento y la impaciencia se empezasen a manifestar y a latir en mí.
Aproveché el viaje para pensar, eso que hacemos los hombres a veces, y sólo a veces. Quizá por eso no damos tantos problemas, pero cuando los damos, los damos de verdad. ¿Qué esperaba realmente con esta visita? Supongo que ni yo mismo lo sabía, simplemente me estaba dejando llevar por alguien que conocí hace unos años y me demostró virtudes que se encuentran en pocas personas, y si encima está más buena que antes, mejor aún, que para algo pienso con el pene.


Llegué.
Hacía un tiempo estupendo, el sol brillaba en lo más alto y no había rastro de ninguna nube, el día sería nuestro.
Tras quince largos minutos esperando mi única maleta, por fin salí por la puerta y mis ojos se pusieron a buscarla por toda la sala, la vi y estaba rubia, muy rubia.
Llevaba unos shorts vaqueros lo suficientemente largos para taparle su apetecible culo, y lo suficientemente cortos para mostrar sus morenas y largas piernas, en la parte de arriba llevaba una camiseta de lo más normal, y el pelo recogido en una trenza que le caía sobre un pecho.

- Te recordaba más pija, le dije mientras me acercaba a ella.
- ¿Acabas de llegar y ya me estás criticando? Me dijo entre risas.
- ¿Qué tal Helena? Le dije mientras nos dábamos un abrazo y nos quedábamos a escasos centímetros el uno del otro.
- ¿Qué tal yo? ¡Qué tal tú bicho raro!
- ¿No me ves? Estoy perfecto.
- No has cambiado nada, dijo entre risas.
- Creo que es el mejor piropo en seis meses.
- Te lo hubiesen dicho antes si te juntases con la gente correcta.
- ¿Vamos? Le dije indicando que nos moviésemos ya de allí.
- ¡Vamos! ¿Dónde quieres ir primero?
- Soy todo tuyo, tú decides.
- ¡Qué presión! Vale, entonces comemos fuera y después llevamos tu maleta a casa, que vivo en el centro.
- ¡Qué bien se porta papi! Le dije mientras le guiñaba un ojo y le agarraba de la cintura mientras caminábamos juntos de camino a su coche.
- Soy su única hija, si no me quiere él, a ver qué hombre me va a querer.
- Pobre, que no la quieren, le dije mientras le puse morritos.
- ¡Capullo! Pues no, no me quieren, dijo entre risas.
- Los asustas, estás demasiado buena y tu acento canario los espanta.
- ¡Qué manía con mi acento canario! Eres el único que me dice eso. ¡Soy madrileña e italiana! Dijo mientras me pegaba golpes en el brazo.
- Yo diciéndote que estás buena y tú te quedas con lo del acento canario. ¡Bicho raro! Le dije mientras le sacaba la lengua.
- Porque eso sí que me lo dicen más a menudo, lo de mi acento no, me respondió sacándome la lengua y haciéndome burla.
- No me acordaba que tú eras de esas que tenía respuestas para todo, tendré que esforzarme más.
- Soy tú, pero con el pelo largo.
- Bueno, y con mejores piernas.
- Pero peor culo, ¿a quién te has comido?
- No quieras saberlo, le respondí guiñándole un ojo.
- Estás buenorro, muy buenorro.
- Calla, superficial.
- Es verdad, estás fuerte y todo.
- Claro, me he entrenado para poder levantarte.
- Demuéstralo, dijo mientras se paraba delante de mí para que la levantase.

Solté la maleta, le agarré de la cintura con ambas manos y la levanté, aprovechando ella para entrelazar sus piernas a mi cintura.
Nuestras miradas se cruzaron, nuestras bocas estaban a escasos centímetros la una de la otra, y pasó lo que tenía que pasar. Ambos nos fuimos acercando poco a poco, hasta que nuestros labios se juntaron y empezaron a jugar. Mi lengua entro en su boca, tímida, esperando notar el dulce tacto de la suya, y disfrutando su sabor a fresa de algún caramelo que se había comido antes.
No estuvimos mucho tiempo así, pero a mí se me hizo largo, aunque no en el mal sentido, me dio la sensación de que nos pasamos media hora comiéndonos la boca.

- Al menos no has cambiado en el tema de los besos, me dijo mientras se bajaba de mí y ponía ambas manos en mi pecho y me acariciaba con sus dedos.
- Porque en esto no puedo mejorar.
- Capullo, eso es lo que eres, un capullo.
- Me refiero a que no puedo mejorar, porque es imposible saborear una boca mejor que la tuya, le dije intentando contener la risa.
- Me quieres engañar y encima te descojonas, te odio.
- Si me odias no te beso más, le dije poniéndole morritos.
- ¡Pues no seas tan malo conmigo!
- ¡Pero si te encanta! Le dije mientras le agarraba de la cintura.
- Esto es rarísimo, me dijo en tono serio.
- ¿El qué?
- Esto, lo que hacemos, me dijo aún seria.
- ¿A qué te refieres? Pregunté extrañado.
- Pues a ver Hero, no nos hemos visto en más de tres o cuatro años, hemos hablado únicamente por WhatsApp, vienes aquí, y parece como si no hubiese pasado el tiempo, es raro.(obviamente ella no me llamaba así, pero aún es pronto para desvelar mi nombre)
- No critiques lo que es bueno.
- Critico lo que es peligroso.
- No empecemos, Helena.
- Lo intentaré, lo prometo, me dijo.
- Mira el día que hace, he venido a verte, vamos a pasar unos días juntos, disfrutemos de ello como siempre hemos hecho, nunca nos ha costado, déjate llevar.
- Nunca voy a entender cómo te dejó tu ex, me dijo.
- Déjalo estar, bastante hemos hablado ya de ello, yo no he sido tan listo como pensé que era.
- ¿Te gusta mi coche? Me dijo mientras señalaba un mini rojo.
- Lo que yo te diga, papi te quiere.
- Idiota, este me lo he comprado yo.
- No sé si entraremos todos en él.
- ¿Cómo? Preguntó extrañada.
- Tú, yo y mi ego.
- Tu ego déjamelo a mí, que siempre se me ha dado bien lidiar con él, me dijo.


El viaje en coche al centro transcurrió sin más, ella parecía más animada y yo intentaba hacerle reír constantemente, no quería que se rayase por cosas por las que nunca se había rayado, ella también se encontraba en una situación emocional algo rara, por lo que ambos éramos peligrosos el uno para el otro.
Las conversaciones con ella romperían los cimientos hasta del miembro más duro de la UIP, eran capaces de transpasarme hasta a mí.
Por fin llegamos, aparcamos y nos dirigimos al restaurante que había elegido, justo al lado del mar y con una vista por la que estoy seguro íbamos a pagar más tarde.
Al entrar por la terraza un camarero le dijo algo que no entendí, después otro nos indicó la que sería nuestra mesa.

- ¿Qué te ha dicho?
- Que hacemos muy buena pareja.
- Le has pagado para que lo diga, seguro.
- No, pero vengo aquí casi todos los días con mis compañeras de trabajo y eres el primer chico que traigo.
- Qué peligro tienes, Helenita.
- Si te he dicho que eres el primero que traigo, ¿qué peligro voy a tener?
- ¿Pedimos vino?
- ¿Ya quieres emborracharme?
- ¿Es necesario que lo haga?
- No.

Tras unos minutos llegó el camarero con un vino blanco elegido por ella.

- ¿Un brindis?
- Vale, ¡por nosotros!
- ¡Y por las personas que no son unas hijas de puta! Añadí.
- ¡… y por las personas que no son unas hijas de puta!

Ambos nos reímos mientras brindábamos.


- Aún la quieres, ¿verdad? Me preguntó seria.
- Me gustaría pensar que sí, porque cuando pienso que ya la he olvidado me da pena que todo lo bueno se olvide tan rápido.
- Eso no es una respuesta.
- No es como con Jara que la querré siempre, es distinto, no siento amor por ella ya.
- ¿Y qué sientes? Me preguntó expectante.
- Pues aunque te suene mal, sólo siento pena.
- Aún le guardas rencor, me dijo.
- El rencor es parte del odio, y el odio es un sentimiento. No le tengo indiferencia porque ha sido parte de mí, pero ya la he llorado todo lo que tenía que llorarla.
- ¿Metafóricamente? Preguntó extrañada.
- ¿Quieres que te diga que he llorado? ¡Qué soy muy macho, Helena! Le dije mientras me reía intentando cambiar de tema.
- Todos lloramos alguna vez, no es algo malo, me dijo.
- Tampoco es bueno, respondí.
- Puedes llorar de alegría.
- Estoy seguro de que la mayoría de nosotros aceptaría el trato de no llorar jamás, aunque eso implicase no volver a llorar de alegría…
- Yo no lo haría, me dijo casi sin darme tiempo a terminar mi frase.
- Porque tú eres una romántica de las que no quedan, que piensa que un buen momento quita uno malo.
- No creo que eso sea así, un buen momento lo es y punto, no se resta, ni se suma con los malos momentos.
- Se ha quedado buen día, ¿eh? Le dije guiñándole un ojo.
- Imbécil, dijo mientras se reía.
- ¿Por qué has venido? Me preguntó.
- Porque una rubia de cuerpo apetecible y de mente follable me ha comprado los billetes, le dije mientras le sonreía y le acariciaba la mano.
- Hablo en serio, después si quieres no te vuelvo a sacar ningún tema que te haga daño, pero respóndeme.
- No me hace daño ningún tema, no te preocupes… No sé, supongo que he venido porque ya estaba preparado para estar con alguien más.
- ¿Y por qué yo? No creo que te falten mujeres.
- Tampoco te faltan a ti hombres y prefieres pagarle el billete a un tío que hace años que no ves y que está en España con el corazón partío’, le dije mientras le hacía burla.
- Mis razones ya las sabes, pero yo las tuyas no, me dijo.
- He venido para tener unas vacaciones con alguien que es más inteligente que guapa, para follarte y hacerte recordar nuestras noches en Madrid entre orgasmos. He venido para volver a escuchar tus gritos y para volver a sentir esa sensación de quedarme sin palabras cuando tengo una conversación con alguien, he venido por tu cuerpo y por tu mente. ¿Te vale?
- No está mal, aunque antes lo hubieses hecho mejor, me dijo sacándome la lengua.
- Aún lo puedo mejorar, le dije mientras colocaba mi silla a su lado y me acercaba a besarla.

Coloqué mi mano en su cara y le empecé a besar lentamente, jugando con mi lengua y con mis labios, saboreando cada rincón de su boca.

- ¿Ves?
- ¿Aún te funciona esto?
- No lo sé, es la primera vez que lo hago en mucho tiempo, le dije.
- ¿Te funcionaba con ella?
- Ya basta, me puse serio.
- Era una pregunta sin más, me dijo restándole importancia.
- No veo necesario que me saques a mi ex mientras te estoy metiendo la lengua, porque como lo hagas mientras te estoy follando te juro que te mato.
- Mira el lado bueno, quizá así duras más y todo.
- Seguro, dije forzando la risa para terminar la conversación.


El resto de la comida pasó sin más, nos comimos la pizza y fuimos al coche, ya directos a su casa.
Hacía años ya había estado en Nápoles, en una visita guiada por todo Italia en la que el destino principal era Pompeya. No guardo un buen recuerdo de aquel Nápoles, dio la casualidad de que estaban en huelga de basuras y no era muy agradable caminar por aquella ciudad infectada de mierda, pero mi percepción de Nápoles iba a cambiar.


- Hace mucho que no follo, me dijo mientras subíamos las escaleras para entrar en su casa.
- Eso nunca se olvida, es como montar en bici, o eso dicen.
- Créeme que a mí me ha dado tiempo para que se me olvide.
- Tenemos unos días para recordarlo, no te preocupes.
- Te tengo muchas ganas, me dijo.
- Y yo a ti.
- Te lo digo de verdad, estoy mojada desde el aeropuerto.
- Deja de intentar ponerme cachondo, le dije mientras me contenía por lanzarme a su boca.


Por fin abrió la puerta de su apartamento y el interior no me defraudó, era tal y como me esperaba.

- ¿Te gusta?
- Me gustas más tú, le dije.

Se rió.

- Deberías soltarte el pelo, le dije.
- Pensé que te gustaría la coleta.
- Para.
- ¿Qué he hecho? Preguntó.
- Estás volviendo a la Helena complaciente, tendrías que haber dicho que te apetecía una coleta hoy y ya está.
- Contigo bajo mis defensas, me dijo.
- ¿Y también te bajas los shorts? Le pregunté mientras me acercaba a ella y le agarraba de la cintura.
- No, eso me los tienes que bajar tú, respondió mientras se mordía y lamía el labio.

Quedamos nuestras miradas fijas en el otro por varios segundos, como recordando la de noches que habíamos pasado juntos en la capital, lo que usamos nuestros cuerpos y nuestras mentes en aquella época para placer del otro.
Fue ella la que se lanzó a mi boca y lo que antes eran besos tiernos y suaves ahora eran besos rápidos y calientes, con mordiscos de por medio.
Puse mis manos sobre su culo y se lo estrujé mientras no parábamos de comernos la boca. Yo iba empujándola poco a poco, hasta que di con su culo en una pared, entonces empecé a apretarme a ella poco a poco, ella abrió sus piernas y se subió a mí, mientras su lengua jugaba con la mía.

- Vamos a mi habitación, es esa, me dijo señalando la dirección.

La llevaba en brazos mientras nos besábamos, no pesaba nada, era una maravilla poder hacer eso con una mujer, supongo que el gimnasio me ayudaba.
La tumbé sobre la cama y le quité las zapatillas, aprovechando que estaba ahí abajo empecé a mordisquearle los tobillos, mientras mi boca subía por sus largas piernas.

- Cómemelo, me dijo.
- ¡Qué directa! ¿No quieres be…?
- Estoy muy cachonda, fóllame ya, me dijo sin dejarme terminar la frase.

Le desabroché los shorts y se los quité a tirones, mientras ella se quitaba la parte de arriba y después de eso se quitaba el sujetador.
Aproveché para desnudarme y quedarme en bóxers, mientras ella me miraba mordiéndose el labio y con una mano frotándose el coño a través del tanga.

Empecé mordiéndole los tobillos, pasando por sus gemelos, subiendo por el interior de sus muslos y pasé a hacer el mismo recorrido en la otra pierna.

- Date la vuelta, le dije.

Ella se giró en la cama y ahí es donde pude apreciar su perfecto culo redondo, respingón y duro. Con todo el tiempo que llevaba sin follar no sé cómo no le quité el tanga a tirones, le puse a cuatro patas y se la metí hasta correrme, era una delicia para la vista.
Me quité los bóxers y me puse sobre ella, colocando mi polla entre sus nalgas y rozándola mientras le besaba la espalda, los hombros, el cuello... Le daba pequeños mordiscos en el cuello que provocaban que ella moviera la cabeza como acto reflejo.
Aproveché para quitarle el sujetador por detrás, a lo que ella aprovechó para quitárselo por la cabeza y quedar así sólo con el tanga, ese tanga que le hacía el culo tan jodidamente perfecto y por el cual tenía que controlarme.
Mientras me apretaba a ella y no paraba de rozar mi polla despacio entre sus nalgas, me puse a besarle el cuello y me acerqué a sus labios para besarle desde atrás. En un movimiento fugaz ella se dio la vuelta, por lo que acabé yo encima de ella, entre sus piernas, comiéndonos la boca sin parar y esta vez con mi polla rozándose entre sus muslos.
Pasé a comerle el cuello, a hacerle gemir de la forma tan agresiva que se lo comía. Después baje a sus tetas, lamiéndole los pezones y mordisqueando por aquí y por allá, estrujándolas, acariciándolas, mordiéndolas...

Fui bajando más, dando tiernos besos según bajaba por su cuerpo, según bajaba por sus caderas con cuidado para no provocarle cosquillas, sólo placer. Seguí mi camino de besos lentamente, turnando mi vista de vez en cuando a sus ojos para comprobar que iba bien y para crear en ella la impaciencia de pensar cuando tendría mi cabeza entre sus piernas.
Le bajé el tanga poco a poco, como si no tuviera prisa por ver lo que escondía, cuando en realidad me estaba muriendo de ganas de comérmelo, de follármelo.
Empecé a lamer y morder el interior de sus muslos y ella no paraba de moverse al notar mi respiración sobre su coño, que estaba calado y listo para la guerra. Pasaba de un muslo a otro, lamiendo y mordiendo, ella al moverse de vez en cuando hacía que con mi nariz rozase su coño, a lo que soltaba un suave gemido. Estaba deseando notarme, estaba deseando sentirme totalmente.

Puse mi cabeza justo entre sus piernas y la miré, se estaba mordiendo el labio y me miraba con cara de "¡Hazlo ya!". Pasé mi lengua despacio entre los labios de su coño, mojándolo más aún, ella acompañó el movimiento de mi lengua con un gemido.
Me dejé de tonterías y con cada una de mis manos le agarré una de sus piernas para que no se moviera. Acto seguido me lancé a comerle el coño sin piedad, sin cosas lentas. Sus gemidos empezaron a subir de volumen mientras mi lengua jugaba con su clítoris, pero subieron aún más su nivel cuando le empecé a penetrar con dos dedos a toda velocidad mientras no paraba de comérselo y de mojarme toda la barbilla con ella.
Paré de comérselo y empecé a recorrer de nuevo su cuerpo con mi boca mientras subía a besarle, tuve que pasar mi mano por mi boca para secarme un poco, me había dejado calado. Mis labios encontraron los suyos, nuestras lenguas se gustaban, nuestros sabores se mezclaban y mi polla se estaba rozando en su coño, mojándose con él.

En un movimiento que no pude apreciar de su mano me agarró la polla y se la colocó, yo no paraba de moverla para rozarme y dio la casualidad que fue colocársela y yo metérsela sin darme cuenta, solté un gruñido de placer nada más noté su coño abrazando mi polla y me quedé ahí dentro un rato mientras nos besábamos.



martes, 8 de abril de 2014

Días soleados



Se dice que lo primero que olvidas de alguien es su voz, y yo ya la estoy empezando a olvidar.
Todo esto me da que pensar que el amor no es tan bonito y especial como yo pensaba, si lo único que necesitas es dejar pasar el tiempo para poder olvidar.
 ¿Eso es lo que buscamos? Un sentimiento tan fuerte y atractivo que con dejar pasar los meses ya lo perdemos.



Cada vez me cuesta más escribir aquí, al fin y al cabo este blog siempre ha sido una forma de desahogarme, pero cada vez me sorprende más la gente que me lee y sobretodo quién es esa gente. Mi ex tuvo la fantástica idea de enseñárselo a su familia, quizá fue esa una de las razones por las que tuve un gran parón a la hora de escribir mis queridos párrafos críticos y sexuales. Sea como fuere, no me siento a gusto, hay demasiada gente implicada leyendo esto, amigas, ex amantes, familiares de esas exs, e incluso personajes famosos que me mandan e-mails para felicitarme… Por eso ahora si conozco a alguien no le dejo conocer a este yo, no le dejo enamorarse del personaje, y de algún modo también la protejo a ella, para que no se haga daño leyendo estas letras.

De todos modos, me pasará lo de siempre, con dejar pasar el tiempo me empezaré a dar cuenta de que da igual quién me lea si a mí me sirve lo que escribo, que es el único motivo por el que hago esto, aunque si logro tener lectores que me den una palmadita en la espalda porque sé enlazar bien las frases, nunca está de más.

La verdad es que he pasado una época bastante mala, pero me ha servido para darme cuenta de muchas cosas, para crecer como persona y para conocer virtudes de mí que jamás pensé que tuviera. También me ha servido para ponerme buenorro en el gimnasio. ¿Qué queréis? Vosotras lo pasáis con helado y nosotros nos hacemos adictos al deporte. Es curioso que el ex de una amiga también haga lo mismo que yo, aunque eso le resta valor a lo especial que me hacía sentir a mí. Sí, va por ti, un saludo D.

Mucha gente me ha abierto los ojos diciéndome las cosas a la cara, enseñándome de una manera indirecta y sin querer, que si no es mi momento, no lo busque, que si no quiero hablar con una mujer para conocerla, que no lo haga porque me aburro y quiero pasar el rato. Si me lo hubiesen dicho antes… De este modo me gustaría agradecerle a @MambaaNegraa ese consejo que aún no haciéndolo de forma directa, ha sido la gota que ha colmado el vaso y que me ha logrado cambiar tanto en estos días, llegó en el momento justo y en el día perfecto, lo necesitaba, gracias.




Días soleados.

Era uno de esos días alegres entre días tristes, uno de esos días soleados que se cuela en una semana lluviosa y gris, uno de esos días que te hacen despertarte con energía en cuanto los primeros rayos de sol entran por tu ventana y cruzan la habitación de lado a lado.

El sol bañando la calle lograba que se me dibujara una sonrisa en la cara, podía notar como el calor emanaba de la misma calle, cómo calentaba la carretera e iba evaporando el agua que aún quedaba de otros días, logrando ese olor tan característico a calle mojada que a mí tanto me gusta.
Estaba empezando a disfrutar de esos días soleados, a no pensar en la playa, a no pensar en ella, a despertarme con la ilusión de ver lo apetecible que estaba hoy frente al espejo y a pensar qué iba a hacer hoy que fuese más especial que ayer, pero menos que mañana.

Supongo que cuando se me pase el cabreo, que aún me falta, lograré escribir buenos relatos sobre ella y no sólo sobre mi anterior ex, al fin y al cabo los mejores relatos, desde mi punto de vista, son en los que he tenido sentimientos, con ella los tuve y podría decir que más que con nadie, tiempo al tiempo que por lo visto es lo que soluciona todo.

Al grano.

La había conocido de la manera menos ortodoxa posible, o al menos eso pensaba yo, pero la había conocido que hasta el momento era lo único importante.
Le gustaba el deporte tanto como a mí, pero tenía esa extraña virtud que tenéis unas pocas de que no lo hacía para adelgazar o verse bien, lo hacía y lo hace porque le gusta sentir el deporte en su cuerpo, le gusta sentir agujetas al día siguiente, sentir sus músculos cargados y esa sensación de libertad total de llegar a casa y ducharse tras haber estado una hora corriendo.
Supongo que todos nosotros buscamos a alguien como ella, una chica que no necesita de tacones o extensiones para verse guapa, una chica que lo más superficial que tiene es que es capaz de ver en la belleza exterior lo que emanas desde tu interior.

Cuánta perfección, a ver si me voy a enamorar ahora.

La verdad es que no es mi momento para conocer a alguien, pero su paciencia está logrando traspasar todas mis barreras, romper todos mis escudos y llegar a lo más profundo de mí. Para colmo si el destino es caprichoso con las señales… ¿Qué os voy a contar? Bueno, lo que os voy a contar es que la soledad y la soltería me están empezando a gustar, que jamás entenderé por qué decidieron poner una manzana como elemento de la tentación en la Biblia, y también me gustaría contaros esto:

Hace unos días se emitió en Cuatro un capítulo de Conexión Samanta llamado “Seductores” y el caprichoso destino quiso que yo lo viera, y que lo viera acompañado.
Os lo resumiré en que es un programa en el que se cuenta el día a día de varios personajes famosos que viven de su imagen, como por ejemplo Maxi Iglesias. (¡Oh, Maxi, guapo! Vale, ya, ¿puedo seguir?).
El que me interesa no es él, es Santiago Cañizares, ese hombre que jamás me ha caído en gracia, pese a tener una foto firmada por él mismo en algún lugar perdido de mi casa.
Dejad que os transcriba la conversación tal y como aparece en el programa.

Cañizares le presenta a su mujer, os pongo una parte de la conversación entre Samanta y ella, la parte que me importa.


- ¿Qué fue lo que finalmente te sedujo de él? Le pregunta Samanta.
- Lo conocí en una época mala, fui un poco de psicóloga, responde finalmente su mujer tras varios suspiros y tomándose un tiempo para pensar la respuesta.
- Fue en el final de mi carrera, en un momento muy difícil para los jugadores de fútbol, añade Cañizares.
- Normalmente cuando los hombres te conocen se crecen, ¿no? Sacan lo mejor de ellos, yo conocí a Santi y todo lo contrario. Sentir que te necesita, ¿sabes? Y eso al final es lo que al final me conquisto.


Ahí desconecté y sentí una envidia brutal por Cañizares, ya que había encontrado a una persona que se había enamorado de su futuro con él, de su potencial, había logrado conocer a una de esas personas que sabes que nunca te van a fallar porque te han conocido en tu peor momento, de esas hay pocas. Tampoco pondré la mano en el fuego por ellos ya que son personajes públicos, y nunca sabes lo que tienen que decir y lo que no delante de una cámara, algunos os sorprenderíais, pero parecían bastante cómplices, y sobretodo, parecían felices.
Me sentí muy identificado con él, ya que yo conocí a mi anterior pareja así, obviamente yo no soy futbolista, pero sí que me encontraba en un momento de gran bajón, y fue en ese momento en el que conocí a mi ex pareja, lo que pasa es que me da la sensación de que ella no es como la mujer que conoció Cañizares. (Una sonrisa se va dibujando en mi cara mientras escribo esto).

La conversación sigue, pero no es relevante para lo que a mí me interesa.

Es curioso como una mirada de quien tenía al lado fue suficiente para recuperarme, ya que mi mirada se había alejado del televisor y mi mente había empezado a carburar.


- ¿Estás bien? Me preguntó ella.
- Eso creo, dije no muy convencido.
- Al final todo pasa, sólo tienes que darte tiempo.
- Estoy cansado de usar el tiempo para todo, le resta muchísimo valor a lo que pienso que es el amor, si es tan fácil olvidarte de alguien, simplemente dejando pasar el tiempo.
- Sí, pero funciona, me dijo sonriéndome.
- A veces me gustaría que no funcionase.
- No seas tonto, funciona, pues ya está.
- Sí, pero al final voy a volverme una piedra fría que se aleja de todo lo que tenga que ver con sentimientos, y no por miedo, sino por asco.
- Ya eres así.
- ¿Y por qué me aguantas? Algún día me tienes que decir de dónde sacas tanta paciencia.
- No lo sé, supongo que me pareceré un poco a la mujer de Cañizares, no me quedo sólo con el presente que vivo con las personas.
- También tienes otra virtud mucho más importante.
- ¿Cuál? Me preguntó mientras se acercaba a mí.
- Sabes lo que decir, y hasta donde decirlo.
- ¿A qué te refieres?
- Lo que me has dicho, de que no sólo te quedas con el presente, si hubieses mencionado que también ves el futuro me habría sentido identificado con tu frase y habría echado a correr.
- ¿Tienes miedo de que pueda pensar en un futuro contigo?
- Tengo miedo de que cualquier persona pueda pensar en un futuro conmigo, le dije en un tono cortante.
- Pues te jodes, porque jamás sabrás lo que pienso o lo que no, me dijo suavizando el tono para no parecer enfadada.
- No está entre tus virtudes la de evitar responderme si te pregunto algo.
- Ni entre las tuyas está la de preguntarme cosas que te vayan a hacer sentir incómodo si escuchas mi respuesta.


Y esta, señoras y señores, es la mejor follada mental y no mental que he tenido en muchísimo tiempo.


La vida es bastante cruel, es bastante injusta. Muchas veces pienso en qué habría pasado si hubiese cambiado mi papel con respecto a mis ex, su hubiese matado por la primera y no por la segunda. Supongo que la vida es eso, aprender de cada persona y darte cuenta de cómo la has cagado con cada una de ellas y evitar a toda costa repetir eso con la siguiente.

Con este texto os pido algo, si encontráis a alguien como la mujer de Cañizares, no lo dejéis escapar, porque esas son las personas más maravillosas que te vas a encontrar a lo largo de tu vida, haz lo que sea por retenerla, porque eso es el amor sincero y ese sentimiento no se va aunque dejes que pase el tiempo.



--Hero

jueves, 3 de abril de 2014

Hero

Everybody needs a hero
Someone who always knows the way
Just when you’re sure you’ve really gone astray
You always save the day
And today is just another one of those days
When I wish I had me one of those heroes
It’s what everybody needs



El día estaba tan gris como yo, no había parado de llover y mi mente estaba tan ausente como el sol. Las gotas de lluvia no paraban de golpear en el alfeizar de la ventana, mientras mi mirada perdida miraba al horizonte, fijándome de una manera indirecta en cómo el edificio de enfrente cambiaba su color a un tono más oscuro y triste tras el paso de las horas.
Mi respiración era lenta, como si me costase pertenecer a esta vida. Estaba tumbado sobre la cama y notaba que me faltaba algo, tenía todo lo que quería, pero aún así me sentía vacío, sin chispa, me faltaba mi sol. Las horas pasaban mientras yo seguía sobre la cama, oscureciéndome como aquel edificio que no paraba de mojarse y que ya estaba gris casi por completo, tan gris como yo.
Tenía que hacer algo, tenía varias llamadas perdidas, pero no me apetecía ni levantarme para ver de quién eran, ni siquiera había comido, llevaba horas así, con la mirada fija en aquella triste imagen tras mi ventana.
El chapoteo de cada gota de lluvia me iba adormeciendo, no lo suficiente como para quedarme dormido, pero sí lo necesario como para ponerme más y más depresivo.


Pensé que había hecho lo correcto, tenía dinero, sexo y mujeres, muchas mujeres. No me faltaba la compañía y pese a eso, estaba solo, estaba más solo que nunca y el día no ayudaba. Empecé a entender que quizá no había sido una decisión tan valiente como pensaba, que quizá mi decisión fue la más cobarde que había tomado hasta entonces, pero eso ya daba igual, se había ido para siempre y yo no estaba dispuesto a dar marcha atrás, mi orgullo mi lo impedía, para colmo mi razón estaba totalmente de acuerdo con él. Mi corazón en aquel entonces no tenía el suficiente poder como para mandarme nada, aún sintiendo tanto por alguien.

¿Quién te ha dado ahora este poder, corazón?

Antes siempre iba por cada atajo, por cada callejón que me hiciese llegar antes a mi meta, por muy oscuro que fuera. Ahora me apetecían los caminos largos, con tiempo para pensar y con recorrido en el que disfrutar. ¿Es esto cosa tuya, corazón?

Ni siquiera yo sé a qué se debe semejante símil, no sé si las personas son los caminos o si el camino es mi propia vida, no sé ni siquiera si lo que estoy haciendo ahora es caminar o correr. Y si ni yo entiendo a qué se debe semejante símil, ¿cómo esperar a que alguien lo entienda y que encima tenga paciencia para explicármelo?



Ese día me cambió, empecé a pensar en mí, en disfrutar de mí tanto como los demás lo hacían en mi compañía, empezar a notar el peso de mis cojones y el roce que hacían éstos contra el suelo, empezar a mirarme cada mañana en el espejo y sorprenderme de lo bien que me sentaba mi mirada.
La lluvia paraba, mi mirada empezó a despertar y los primeros rayos de sol entraron por la ventana, calentando toda mi habitación y consiguiendo que el vapor que emanaba de mí tras cada respiración huyera hacia otro alma triste.

El día gris empezó a ser de un color más vivaz, más caliente y alegre. Mi habitación se empezó a iluminar y mis pensamientos grises empezaron a ser de un color más adecuado a mí. Los rayos de sol se clavaban en mis ojos castaños, volviéndolos de un tono casi amarillo, pero pese a esto, seguía sin moverme.


¿Quién era yo?

Era un crío que había dejado a su novia porque ésta iba irse a vivir a Málaga y tomó la valiente decisión de dejarla antes de que ambos nos hiciésemos daño, antes de que estuviésemos tan enamorados de que alguno de los dos tuviese que cambiar su vida al completo por la otra persona. Suena bien, pero la realidad es que estaba aterrado, hasta entonces jamás había sentido algo así por alguien y esa dependencia sentimental me estaba matando, más aún si la distancia iba a robármela.
Las semanas tras la ruptura las había pasado metiéndome entre todas las piernas que pude, olvidándola entre los gemidos de Laura, Carmen, Sonia, Miriam, Michelle, Elena, María... ¡Madre mía María!

No me sentí orgulloso de ello ni en el momento de hacerlo, pero mi ego se saciaba y el resto venía solo. Mi ego me ayudaba a autoengañarme y a hacerme creer que podía conseguir cualquier cosa, aunque la realidad es que todas esas personas me importaban una verdadera mierda y por eso conseguía algo de ellas, porque jugaba sin escudo, no tenía nada que perder y un rechazo de ellas jamás iba presuponer ni un segundo de pensamientos negativos para mí.
Tenía dinero, mi familia pasaba por una muy buena época y a mí me sobraba el dinero en Madrid, y en caso de necesitar más con una sencilla llamada me lo ingresaban.
Tenía amigos, amigos que aguantaban mi bipolaridad en el carácter y que me entendían a la perfección, amigos que el único fallo que tuvieron fue el de incitarme a follarme a más, y más, y más, y más. Supongo que lo que hubiese hecho cualquier ente con pene, pero yo era distinto, y me estaba empezando a dar cuenta de ello.
Lo tenía todo, o eso pensaba yo.

Aquel día gris me había cambiado, no tenía ganas de volver a estar tumbado en la cama pensando en lo que pudo ser y no fue, había tomado mi decisión y ella tampoco se había mojado lo suficiente como para que yo la cambiara, puede que esto lo esté descubriendo cuatro años tarde, pero ya da igual, ninguno de los dos tenemos sentimientos suficientes como para que importe, ahora queda como una bonita historia que puedo iros contando poco a poco en un estúpido blog de Internet.

Alguien me enseñó hace poco que para olvidar a alguien hay que hacer un duelo como cuando se muere un familiar, yo jamás lo he hecho, siempre he tirado por atajos usando a personas para que me hiciesen llegar más rápido al final y así poder volver a coger otro camino y no parar de caminar, porque cuando caminas rara vez miras atrás.

Ahora la situación es extraña, quiero pasar ese duelo, evitar todos los atajos y olvidar de la forma adecuada, sin necesidad de llenar mi ego con los gemidos de una o de dos mujeres a la vez, pero cuesta.
Mi ego tiene que nutrirse de mujeres, es la forma más fácil que tiene un hombre para subirse el autoestima, y para qué engañarnos, también es la forma más fácil que tenéis vosotras para subírosla. ¿A quién no le gusta gustar? El guapo es borde porque es su manera de filtrar, el feo es simpático para agradar, y los feos bordes se han forjado esa personalidad a base de una autoestima de mierda que les hace estar siempre a la defensiva, alerta.
Sea como fuere, todos queremos gustar, todos queremos agradar y subir nuestro ego con el resto. ¿Qué es la felicidad? Conseguir todo esto por uno mismo, sin los aplausos muchas veces falsos de los demás, sin esa gente que te dice lo bueno que eres porque quiere sentarte en una silla y montarte hasta que tú no des más de sí.

Apuntaros a vivir una vida sin depender de los demás, una vida de soledad con nosotros mismos en la que poder disfrutarnos tanto como lo hace el resto, pero que si el resto nos falla no nos vengamos abajo, porque somos lo mejor que ha parido este puto mundo y eso nadie puede cambiarlo, sé la mejor versión de ti mismo y jamás dependas de nadie, porque igual que tú fallas, el resto también falla, la gente perfecta no existe.

Dejad también de buscar al hombre o a la mujer de vuestra vida, buscad al hombre o a la mujer de vuestro momento, porque eso es lo que necesitamos, mirar más el presente y dejar que todo suceda como tenga que suceder.

Todos tenemos días grises, yo he tenido muchos, pero decidí que mi estado de ánimo no iba a depender de la lluvia, ahora me encanta la lluvia y el olor que esta deja en la calle, ahora no necesito meterle la polla a nadie para que mi ego sea más grande que mi propia habitación, ahora sé que puedo pensar con la razón haciendo a veces caso al corazón.
Ahora sé que estoy muy cerca de ser la mejor versión de mí mismo, y que aunque aún me falta puedo ver los cambios día a día.

Quizá cuando esté preparado para algo más que conversaciones insulsas y poco trascendentales vuelva corriendo tras muchas personas de las que me he alejado, pero ahora toco yo y no quiero distraerme con extensiones hasta la cintura. Mi excusa es buena, veremos a ver si soy capaz de creérmela y cumplir.

Por supuesto ese día decidí darle descanso a mi mente y miré de quién eran las llamadas perdida, lo que pasó después ya es cosa de otro relato.



Quiere, ama, pero jamás necesites.



--Hero