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domingo, 30 de octubre de 2016

Ángel de la guarda

¡Escribe algo bonito, idiota!
Y la escribí a ella.



Todos tenemos un Ángel de la guarda, esa persona que te salva cuando estás en el más profundo abismo, aún con posibilidades de que él también caiga contigo.
La verdad es que no merezco tener a mi lado a alguien como ella, aunque quizá no está tan a mi lado como debiera ser si yo no fuera uno de esos subnormales que tiene que enamorarse para estar con alguien. ¿Tanto cuesta ser normal? Todos lo hacen, incluso tú que me estás leyendo probablemente lo hayas hecho.



Pero no hablemos de mí, hablemos de ella, de mí con ella.



Y ahí la tienes, con esos ojos verdes vidriosos que muchas veces si no te acercas no sabes si están llorosos o simplemente les está dando el sol. Con ese maldito cuello de bailarina que tantas veces he probado, con esas piernas kilométricas y con ese maldito rollo de madrileña que aún conserva sin hacer caso a las modas.
Mientras lo escribo intento sacarle pegas, intento decirme a mí mismo que no es de las personas más interesantes que he conocido, intento decirme a mí mismo que no debería haberla dejado por miedo a que se fuera a Málaga.
Curioso que deje a una persona por la distancia y que luego me embauque en una relación en la que cada uno vivíamos a media España del otro.


Quizá te esté consiguiendo vender a alguno de mis lectores, Jara.


Pero no, no va a funcionar, tus ojos verdes han pasado demasiado, estás en ese punto en el que ya todo te da igual... Y es que todo te da igual porque aún hay algo que te importa demasiado.

Supongo que es una época que todos pasamos, ahora mismo yo la estoy pisando.
¡BASTA, HABLA DE ELLA!

No puedo hablar de alguien y no empezar a hablar de mí, soy demasiado egocéntrico, pero lo intentaré.


Da igual cómo te describa, porque es imposible que nadie se imagine a una persona como tú, nadie va a conocer en su puta vida a alguien tan inteligente, que sea capaz de destacar tantísimo por su boca, su cuello y sus labios, pero también cuando mueve esos labios y te empieza a hablar de cualquier tema llegando al punto en el que ya te da igual el tema y te acabas fijando en cómo se mueven tus labios.
Porque eres eso, Jara, eres todo.

Eres el puto Museo del Prado, llamas la atención por tu exterior, pero por dentro eres increíble, con la diferencia de que nadie se puede aburrir de conocer tu interior, ya que cada día se pinta un nuevo cuadro dentro de ti y se hace una nueva escultura en tu interior.

No, no eres un Goya, eres la maldita Gioconda, porque aún nadie sabe si sonríes o no, porque eres tú la que decide quién sabe qué sobre ti. Solo quien te ha dibujado lo sabe, solo quien te ha conocido puede retratarte, porque es ahí cuando bajas tus muros y dejas ver a los demás todo lo que guardas ahí dentro.

Y destacas, vaya si destacas, y destacas en una de las ciudades en las que más difícil es levantar la cabeza por encima de los demás, destacas en Madrid, Jara.
En Madrid, Jara, en Madrid.

Destacas si te vas al centro de Callao y te sientas en las escaleras del cine, porque entonces nadie entrará a ver ninguna película, ya que la mejor protagonista está ahí fuera, por la que cualquiera mataría e incluso haría él mismo las escenas más peligrosas de su vida, sin dobles.

Pero es que también destacas si te vas a Sol en plena manifestación, porque todos se girarán y solo con que un poco de luz ilumine tus ojos hasta las mujeres se olvidarán de lo que estaban haciendo allí, solo se preguntarán qué les ha pasado en la vida para no ser tú o no estar contigo.



Pero para ti no destacas, ¿verdad? No eres más que un trozo de madera, pero no te das cuenta de que ese trozo de madera que tú ves, es un puto violín. Pero no eres un Stradivarius, no dejes que te engañen, tú eres mucho mejor que algo de lo que hay varios, tú eres única, eres el mejor violín que cualquiera pueda tocar, ¿sabes por qué? Porque eres de esos violines que da igual la música que generen, lo que importa es tocarlos.



Y te toco, Jara, vaya si te toco y ojalá estuviera yo menos pendiente de la música y más en tocarte.


Créete la mejor, porque lo eres, solo tú puedes mover lo que hay dentro de tu cabecita, lo cual te hace mejor a cualquier persona que pisa y pisará este mundo.



Ahora cogí yo mis alas y te saqué del abismo. ¡Arriba, IDIOTA!




--Hero

miércoles, 5 de octubre de 2016

Vicios

Hace poco una amiga italiana, con el nombre de quien fuera hija de un supuesto dios, me dijo que da igual lo que uno escriba, siempre y cuando escriba bien. También me aconsejó escribir como si nadie me fuera a leer, pese a tener en cuenta que ella misma sale en este blog y desconocía esta oscura faceta intentaré tenerlo en cuenta a partir de ahora.
Bueno, en verdad no creo que lo haga, me gusta demasiado jugar con los nombres propios de las personas que leen este blog, incluso con aquellas que piensan que no sé que me leen, esas son las mejores.

Iba a buscar la palabra “vicio” en el diccionario, pero teniendo en cuenta de que ya hasta “cocreta” es aceptada me hace decantarme por decidir yo mismo qué significa.




Para mí un vicio no es más que la virtud de que te guste algo pese a que la gente lo vea como algo oscuro o incluso malo. La gente es idiota y no todo el mundo es capaz de tener gustos que van contra lo que la gran mayoría piensa.

Un vicio puede ser quedarte hasta las tantas de la madrugada para ver en directo un capítulo de una serie, también puede ser un grupo de música del que tus amigos no han oído ni hablar o incluso puede ser cruzar varios países en autobús con fiebre para ver a tu equipo ser el Rey de Europa. (Suerte que esto último salió bien).

Luego hay otros tipos de vicio, a mí por ejemplo me gusta manipular a la gente, aunque no a todos, simplemente me gusta tener el poder de saber lo que alguien va a hacer y normalmente lo hago con gente que no me importa absolutamente nada o por el contrario también con gente que me importa más que nadie.

Es divertido tener vicios, es como una parte secreta que tenemos cada uno y que muchas veces ocultamos al resto, esa parte solo nuestra que como mucho confesamos a un par de personas, sobre todo si son de esa clase de vicios que no se pueden compartir.

He pasado el verano conociendo a mucha gente, relajándome en mi retiro espiritual cuando necesito un respiro, que generalmente suele ser de alguien y no de algo. He conseguido escuchar orgasmos en italiano, francés, alemán y en una mezcla de inglés mexicano que no sabría muy bien cómo explicar.

“Conocer gente mola”.

No, no “mola”. Conocer gente te hace ver lo simples que son algunos y lo complejos que son otros y en todo este tiempo por Europa me he dado cuenta de que generalmente a la gente simple le encanta complicarse la vida y que la gente complicada es la que busca soluciones.

“Gente simple…” Podría escribir y escribir sobre eso.

Pero vamos al grano, vamos a que me gusta manipular, vamos a que me gusta jugar con los nombres propios de los que leen este blog. Me gusta jugar con Jara, Alejandra, Laia, Teresa, Ana, Helena, Raquel, Marta, Alicia, Estefanía…

¿Cómo no jugar? Suena fatal eso de jugar con las personas y a mí me encanta todo lo que está mal, al fin y al cabo estoy ciego y no veo la línea del bien y del mal.
Pero bueno, no os voy a engañar, si juego es porque puede salir ganando en algo, aunque luego a veces pierda.

Solo hay que ver mi anterior relato, es escribir cuatro tonterías y Marta llega como van los perros en cuanto escuchan el silbido de su amo. ¿No es genial? Además de paso conseguí que Ana lo leyera y se alejara aún más de mí, lo que a día de hoy no sé si es bueno, ya que probablemente sea la única mujer de la que me he enamorado, y digo mujer porque hay mujeres y niñas.
¿Si soy yo un niño me preguntas? No, yo estoy en el grupo de los gilipollas, en este grupo no tenemos edad.

De algún modo buscaba lo que busca todo el mundo alguna vez, olvidar a alguien intentando taparlo con otro alguien que alguna vez te importó mucho, pero nada chica, que no soy capaz. Lo que no entiendo es que fuera tan fácil, ¿será que silbo muy fuerte?
Espera, ¿estoy comparando a mi ex con un perro? Se nota que mis dedos ahora son más de entrar en coños que en tocar teclas para escribir un relato, porque he perdido toda mi imaginación. ¡Pobres perros! ¡ES BROMA!

Hola Laia.

Encima no te rías.

Y me dice Helena que escriba como si nadie me leyera… ¡Mierda, he dicho su nombre!



MALDITOS VICIOS.



¿Veis? Es imposible, me gusta demasiado jugar, me gusta demasiado pensar que estás ahí leyéndome y que quizá te hayas pasado esta parte esperando que haya un final en el que follo con vete tú a saber quién y te consigas correr como hacías antes.

Sexo… ¿Por qué lo necesitáis tanto?

No, no me incluyo. A diferencia de la mayoría que busca alguien con quien follar cuando le apetece echar un polvo, a mí me apetece echar un polvo cuando me encuentro con alguien follable. Ahora mismo mis dedos echan polvo, en todos los sentidos.

Curioso el mundo de las ex, creo que no podría tener tres ex más diferentes entre sí. Una no quiere saber nada de mí como modo de protección, otra tiene que “chafardear” de vez en cuando mientras se engaña con los porqué lo hace y la otra simplemente actúa.

Hola Jara, espero que siga en pie lo del costillar en el Fosters.

Hace unos años me estuve acostando con una chica que sale en esa caja tonta llamada televisión, esta chica se había inventado una relación con un amigo de toda la vida para que no la agobiaran por las redes sociales los buitres de turno. ¿De verdad hay gente que va tras la fama? Bendito anonimato. ¿Quién coño será Marta, Jara, Helena? Y lo más importante, ¿quién coño seré yo?

Supongo que ese es un vicio común en esta sociedad, la fama. La gente confunde la fama con el poder y el dinero. ¿Estáis seguros de que queréis llegar al punto de poner sonrisas falsas pese a estar destrozados por dentro? Bueno, eso ya lo hacéis y no os conocen ni en vuestra casa, ¿verdad?

Pero bueno, vosotros no sois así, todos los que me leéis sois alfas y os saltáis cualquier tipo de estereotipo, por eso ninguna lleváis el septum o el tatuaje en las tetas por pura moda aunque os quede horrible. Con los hombres no me meto, que nosotros somos mucho más fáciles y con calcular el porcentaje de fotos en Instagram en las que salimos sin camiseta ya puedes saber de qué va la cosa.

Entonces aquí me encuentro, hablando de mi vicio de manipular, meses después de que la chica de la foto me la diera para este relato que supuestamente iba a subir “ya de ya”.


Sí, yo tampoco sé si está más buena por delante o por detrás.




Todos tenemos un retiro y yo por suerte puedo decir que lo tengo a algo más de 1500 km de Madrid y que encima hablan otro idioma, por lo que siempre que voy entreno varias lenguas.


Estrasburgo.

Intentaré saltarme el “Callejeros Viajeros” y lo resumiré en que conocí a una chica de RTVE en un grupo de Facebook para gente en Alsacia. No daré más detalles que entre los nombres propios que me leen aún queda alguna puta loca de esas que va a casa de la gente o le manda mensajes. Si esto me pasa a mí no me quiero imaginar a cualquier famoso que tiene que lidiar con gropies a diario.

Tras unas semanas hablando, quedamos.
La verdad es que estaba ya todo hecho, ella misma me había dicho cómo quería que me la follara, por lo que no nos guardamos nada.
Estaba preciosa, pero no de esos “preciosa” que sueltas a cualquiera, no. Eran de esos “preciosa” que sueltas a quien deja de estar buena para pasar a ser “preciosa”.

Llevaba un vestido de verano, con sandalias, tenía el pelo corto como en la foto y sus piernas eran kilométricas.




Tras abrir el portal subimos por las escaleras a la carrera. Me llevaba de la mano, como si de alguna manera quisiera asegurarse que iba detrás de ella.
Entramos en su casa y me lancé a su cuello, por algún motivo que aún desconozco me apetecía morderle, por lo que le clavé los dientes con fuerza, a lo que ella respondió con un grito mitad de dolor mitad de placer.
Tenía la sensación de que ella ahora mismo estaba dentro de mi cabeza y yo dentro de la suya, esa sensación de seguridad que te ocurre con unas pocas personas con las que sabes que le va a gustar todo lo que le hagas.

Le dejé una marca en el cuello, pero sin mayor importancia. Después de comprobar que no me había convertido en vampiro me lancé a su boca, mordisqueando su labio inferior mientras lo lamía con mi lengua.
Le agarré la cara y nos empezamos a comer la boca mientras yo sujetaba su cabeza con mi mano. Me alejé para ver su carita, a lo que ella aprovechó para meterse mi dedo gordo en la boca y chupármelo como si se tratara de mi polla. Después me cogió la mano y me los empezó a chupar uno a uno.
Le agarré de la cintura y la apreté contra mí, que notara lo dura que la tenía. Ella se colgó de mi cintura y se empezó a frotar, moviéndose arriba y abajo contra mi polla. Después se bajó de mi cintura, escurriéndose poco a poco y se puso de rodillas.
Me quitó el cinturón y me bajó los pantalones y los bóxers.

- Pon atrás las manos, le dije.

Me la agarré y se la empecé a rozar por toda la cara, mientras ella intentaba seguirla con su boca para comérmela, pero yo no le dejaba. Le dije que abriera la boca y que no me la chupara, a ver si era capaz. Me la seguí rozando por su cara, rozándola por los labios de su boca e introduciéndosela dentro, fue en este momento cuando ella me la agarró con una de sus manos y me la empezó a masturbar sin parar.
No paraba de mirarme mientras la apretaba fuerte en su mano y acercaba cada vez más su boca, pero sin llegar a tocarla. Fue entonces cuando la atrapó entre sus labios y se la metió en la boca. Fueron unos minutos de puro placer, ni siquiera se dignó a mirar hacia arriba a ver si me estaba gustando, tenía los ojos cerrados con fuerza y no paraba de comérmela, saboreando cada instante, notándola dentro de su boca, tan caliente y dura.

Hice que se levantara y le empecé a comer la boca mientras la empujé contra la pared, le dije que se diera la vuelta, me agaché y le quité el tanga, pero dejándole el vestido.
Poniendo cada una de mis manos en uno de sus muslos, le indiqué que abriera un poco las piernas, ahí me lancé a comerle el coño. Primero pasé mi lengua entre sus labios, después le metí los dedos y empecé a meterlos y meterlos sin parar mientras mi lengua saboreaba todo lo que podía.

- Métemela, me decía.

Acabamos por desnudarnos por completos mientras nos comíamos la boca, mientras ella me arañaba y yo la mordía.
Fue entonces cuando se puso sobre una mesa, abriendo las piernas indicándome de que ya era hora de follar y de entrar hasta el fondo. Me acerqué y ella me atrapó con sus piernas, pero yo aún quería más calor.
Me la empecé a rozar en su coño, a dar golpes con ella, pero… Ella no quería esperar, me la agarró y se la colocó, entonces se dejó caer y entró por completo.
Yo no me lo esperaba y ambos nos miramos al notar esa sensación de entrar por primera vez, de notar ese calor, lo dura que la tenía y cómo había entrado hasta dentro de un golpe seco.
Le agarré la cara y me la empecé a follar, sacándola y metiéndola despacio, mientras ella movía sus caderas para que en cada embestida le entrara de una forma distinta.

A mí cada vez me apetecía más duro, nos habíamos estado calentando demasiado y me apetecía algo más sucio y fuerte.

Se la saqué y le dije que se pusiera a cuatro patas, tenía muchísimas ganas de agarrarle de un hombro y empujar con todas mis fuerzas para metérsela sin parar y hasta correrme.
Pero ella prefería otra cosa, me convenció para subirse encima de mí, estando yo de pie.
Atrapó mis caderas con sus piernas y se dejó caer, yo noté como mi polla se rozaba en ella, cómo pasaba justo por su coño y cómo ella no paraba de rozarse sin parar.

Me agarré la polla y se la metí, incliné un poco las piernas y con su ayuda me la empecé a follar de pie. Ella me ayudaba subiendo hasta arriba, sacándose mi polla por completo, y yo la embestía desde abajo, haciendo que cada vez que se la metiera fuera de un golpe seco y hasta el fondo.

Acabamos tumbamos en la cama, yo debajo y ella encima, con mi polla dentro ella no paraba de moverse un lado y otro, como para notarla por todo su coño, pero sin sacársela. Fue entonces cuando se apretó a mí y con rápidos movimientos me empezó a follar justo la punta, estaba tocando el puto cielo.
Se apretó más a mí y yo empecé a follármela desde abajo, hasta tal punto de que ella puso los ojos en blanco y dejó de moverse. Yo no podía parar, se la metía sin parar, los choques de mi cuerpo contra el suyo cada vez sonaban más y sus gritos cada vez eran más agudos.

Me puse sobre ella y me puse a comerle el cuello mientras se la metía y metía sin parar, estaba a punto de correrme. Coloqué mi cara sobre la suya, ella abrió los ojos y ya no los cerró, tenía la boquita abierta, con los labios hinchados del calor que tenía. Seguí, se la metía y sacaba a toda velocidad, hasta que… Me corrí.

Me quedé dentro durante segundos que parecieron minutos, mi cara a centímetros de la suya, sin parar de mirar a esa boca que seguía abierta.



Y se acabó.



Hace unos días me preguntaron qué prefería, si el sexo con amor o sin él.
Creo que la gente confunde mucho el sexo con amor al sexo con confianza, he hecho el amor como tal pocas veces en mi vida, creo que podría contarlas con una mano y os aseguro que no hay sexo que siquiera se parezca a ese. ¿El problema? No puedes ir tras él, ni siquiera teniendo pareja te sale siempre, es una conexión que por mucho que intentes forzarla no te va a salir.



Feliz polvo.

domingo, 24 de abril de 2016

Puntos débiles

Supongo que mientras sepa qué personas son mis puntos débiles y logre tenerlas alejadas, todo irá bien. Va por ti.





Este relato no tiene nada que ver con el que empecé a las 9 de esta mañana, de nada ha servido ver una foto para quitarme las ganas de escribir sobre ella, porque ha sido volver a dormirme y volver a soñar con ella.
Como decía, de nada ha servido fijarme en su foto de WhatsApp, no sé muy bien por qué, y ver en ella como ya es casi un clon de su madre hasta eligiendo gafas de sol. Bueno, en realidad miento, eso me había servido hasta que me volví a dormir.
La verdad es que soy una persona que le busca la lógica a todo, algo que a nivel profesional va bien, pero no tanto cuando hablamos de temas más subjetivos como lo son los sentimentales.
El caso es que hace un tiempo soñé con que dejaría a mi pareja en marzo, algo que lamentablemente o quizá no, sucedió. También he soñado con alguna que otra chica que luego se ha cumplido lo que allí sucedía. Yo no elegí ser un NostraHerodamus de los sueños, pero tendré que lidiar con ello, ¿no?
El caso es que el relato trata sobre lo mismo, pero creo que ya es justo ponerla a ella como protagonista, ya que al fin y al cabo quien me hace soñar dos veces con ella y de forma seguida se merece algo más que una entradilla.

No, ella no es Madrid, ella tampoco es Barcelona, ni Reus, ella es ella y eso le sobra y le basta.
Ella es la única mujer y yo diría que incluso persona sobre este planeta que tiene el poder de destruirme, algo así como la kryptonita, ejemplo muy bueno ya que cuanto más me acercaba a ella más débil me volvía, el problema es que era imposible no hacerlo.
Cuando uno tiene una relación en la que tiene que luchar contra todo y todos al final se cansa, pero son ese tipo de relaciones imposibles de olvidar, donde sabes que has dado todo y te has matado hasta el final, incluso dejando parte de ti en el trascurso de la misma, parte que nunca vas a recuperar.
He huido otra vez, cada vez que tengo problemas en el corazón huyo a Estrasburgo, supongo que al fin y al cabo hay que tener una suerte inmensa para poder hacer esto cuando uno lo necesite, algo así como un respiro de la vida. También hay que tener una suerte inmensa de poder hacer esto y seguir trabajando, aunque a nuestro amigo Montoro con que le pagues, le da igual lo que hagas y desde dónde lo hagas.
Dicen que huir es de cobardes, pero para mí lo cobarde es quedarme parado en el mismo sitio siempre, esperando que sea mi alrededor el que cambie sin yo hacer nada al respecto. Hay dos formas de ver esto, el que se decide por cambiar él mismo su entorno avanzando aún sin saber una dirección y el que se queda parado, esperando que sea el mundo el que gire y le traiga cosas nuevas. No está mal lo que te trae a veces el mundo, pero qué queréis que os diga, me encanta ser yo el que busque.

Pare Don Hego, que este relato va sobre Marta.

Soy de inspirarme en lugares y no en personas, pero con ella siento algo especial, un vínculo que me hace poder escribir sin problemas, es algo así como una musa que me hace volverme lo suficientemente melancólico como para poder escribir, porque para quien se dedique a esto de escribir sabrá que las mejores obras llegan cuando no estás mentalmente en el lugar en el que tu culo está aposentado, sino cuando estás enfadado, triste, melancólico o incluso a veces feliz.

Es la mujer de mi vida, cada vez lo tengo más claro, aunque es imposible ser totalmente objetivo en este tema y más viendo la decepción tan grande que me he llevado con la última, pese a ser yo quien se quisiera alejar. Aunque siendo sincero, sé que la dejé por Marta, ya que no quería vivir una situación igual en la que salir totalmente reventado, supongo que de algún modo en esto debería darle las gracias, aunque no tenga ni idea de estas letras.
Pues sí, es la mujer de mi vida, es esa que recuerdo cómo movía el culo cuando quería algo más allá de los besos, a la que no le gustaba que le cogiera el pelo y lo rozase en su cara, a la que le daba dentera la piña, a la que masturbaba con mi rodilla, con la que los “besos de estación” nacieron. Incluso aún recuerdo el sabor de su coño, su olor, la ternura de su boca y de su lengua y el calor de su cuello.
Pero… También era la mujer que se dejaba manejar como una auténtica marioneta por su madre. Suficiente pega para que todo lo demás se vaya a la mierda y suficiente motivo para mí para que se quede como esa relación en la que midiendo su pasión creo que es la relación perfecta, incluso con su sinceridad excesiva y malos ratos.

¡Ha sido la única mujer por la que he llorado!

Potencial… La verdad es que en las carreras de caballos uno siempre se queda con los caballos que cree que más adelante ganarán o harán podio, esos que verás antes que nadie porque tú fuiste el que percibió algo en ellos que nadie más logró. Con ella era igual, una chica con un potencial jodidamente enorme a la que el jockey (en este caso su madre) tiene frenado y probablemente sea así siempre, ya que cuando uno se acostumbra a algo, de nada sirve si nunca nos dejan libres.
De nada valdrá ver algo en un caballo si el que lo domina es un inútil que no sabe manejarlo, supongo que ese es el problema, hay mucha gente que vive con el peso de un jockey sobre ellos, un jockey que ya de por sí no tiene ni puta idea de cómo manejarlos, la solución a todo esto es probar sin jockey, ya que al fin y al cabo al vivir a los mandos de uno te la juegas a que éste sea un completo inútil.
Me miraba mientras dormíamos juntos por primera vez, lo que aprovechó para hacerme una foto y ponérsela de fondo de escritorio. Supongo que esa foto define perfectamente lo que fue nuestra relación, alguien dormido y otro alguien ilusionado, aprovechándose de que el otro está dormido, aunque lo que queda claro es que maldad no hubo ninguna.

Teníamos Madrid a nuestros pies en el sentido más literal y metafórico de la frase, ya que en aquel momento juntos éramos invencibles, además nos encontrábamos en la planta veintitantas de un conocido hotel de la capital.
Estábamos tumbados en la cama y ella movía su culo de lado a lado esperando que yo me diera cuenta que quería algo más que abrazos.
(Creo que voy a empezar a hablar con todas mis amigas francesas antes de continuar para que se vayan preparando esta semana, porque este relato va a autodestruirme y solo ellas van a poder volver a juntar mis pedacitos).

Le acaricié la cara y comencé a besarla lentamente, sin hacer uso de la lengua, únicamente nuestros labios se mezclaban, con algún que otro arañazo de nuestros dientes, pero todo despacio, dejando pasar el tiempo, como en esos besos de película a los que ponen una música distinta.
Le agarré de la carita y seguí besándola, ambos nos estábamos fundiendo en un abrazo y nuestros cuerpos casi desnudos se empezaban a entrelazar, con nuestras piernas jugando entre ellas para notar el roce de nuestra piel.
Pasé a besarle el cuello, para volver a pasar a su boca.
Dicen que el reloj de arena tiene esa forma porque alguien lo estrujó tratando de parar el tiempo, quizá yo mismo lo hubiera hecho en aquel momento.
Me coloqué sobre ella y le bajé el tanga hasta que se lo saqué por los pies. Entonces me llegó aquel olor inconfundible, aquel olor a deseo, incluso podría decirse que aquel olor a amor. Tengo buena memoria, pero os aseguro que no me acuerdo del olor a coño de cualquiera, pero el suyo es inconfundible, me lo comería con los ojos cerrados sin dudar que es el suyo.
Empecé a darle besos por las piernas, besos tiernos, mientras sonreía y la miraba…

- Voy a hacerte el amor, le dije.

Y se lo hice, vaya que si se lo hice…

Supongo que aquí es donde algún día que me vea con tiempo y fuerzas relataré lo que hicimos, y digo “hicimos” porque no siempre follas, a veces te follan.

Chicas, y me dirijo a vosotras porque soléis ser las más sobreprotegidas por todo el mundo.
QUEREROS, y con esto podría enumerar mil y una razones para que lo hagáis, pero ese simple verbo os debería bastar, ya que si no os queréis vosotras al final siempre vais a tener esa sensación de vacío por dentro por mucho que intentéis llenarlo con personas.

viernes, 25 de marzo de 2016

Muñecas rotas

Qué cobarde es el tiempo que tan rápido huye, que tan rápido trata de hacernos ver que da igual lo que pase que al final todo se olvida.
Ojalá se pudiera olvidar tan fácil, simplemente cerrando los ojos y apretándolos lo suficientemente fuerte como para que nuestro pensamiento se centre en esa plena oscuridad según hacemos más y más fuerza. ¿Pero entonces de qué coño íbamos a vivir?

Me encantan las muñecas rotas, esas que cortan y te hacen sangrar cuando intentas juntar esos pedazos, esas que logran incluso romperte pese a que toda la vida pensaste estar hecho de diamante. Los amantes de las causas perdidas somos así, nos encanta lo que nos hace daño porque de algún modo eso nos hace sentir y nos engañamos a nosotros mismos al pensar que sintiendo dolor ya somos superiores al resto de ignorantes que son incapaces de sentir nada.

Bueno, es un modo de verlo, cada uno se jode la vida como quieres, ¿no?
Imagina ser una persona normal, imagina que cuando tuvieras un problema sentimental se lo contaras a alguien de tu alrededor y ellos realmente te entendieran, imagina que fueras de esos que habla con los demás de sus problemas pensando que te van a ayudar a solucionarlos cuando tú y yo sabemos que simplemente lo haces porque quieres hablarlo con alguien y que confías entre cero y nada que esa persona sea capaz de ayudarte, ya que para eso primero tendría que entenderte. (Respira, que no he puesto comas).

La verdad es que pese a ser un enamorado de las muñecas rotas no empecé así, pero quizá los hombres tenemos ese problema, que pese a ser unos auténticos gilipollas nos encanta creer que podemos ayudaros y uno se hace adicto a eso, supongo que en parte es como esa extraña idea que tenéis vosotras al pensar que podéis cambiarnos.
Te has pegado la gran hostia, ¿verdad? Espero que sí, ya que todas las que te pegues ahora no las vas ni a notar, incluso habrá veces que busques tú mismo esa hostia, ya que de vez en cuando te apetece sentir que aún tienes la oportunidad de perderlo todo.

Esta vez la hostia me la he pegado yo y aunque llevaba un copiloto que me guiaba, he sido yo el que ha tomado la dirección del choque, la dirección en la que sabía que el copiloto saldría despedido de mi lado. Y ahora estoy aquí, pensando en qué es más fácil, si dejar a alguien o que te dejen, al menos cuando te dejan puedes hacerte la víctima, pero cuando dejas siempre vas a tener esa puta sensación de haberla cagado. Bueno, hasta que te defraudan, entonces todo pasa a darte igual y vuelves a sentirte ese ser inerte que se sabe superior al resto por el simple hecho de que tú sientes lo que crees que nadie más hace.

Huyamos, me dije, huyamos de nuevo, corramos más rápido que el tiempo.
Siempre me ha sido fácil huir, cuando era pequeño podía elegir entre varias casas según me seguía incómodo en una, ahora para colmo puedo hasta cambiar de país, supongo que cuando uno se lleva tantas hostias se vuelve más independiente y lo único que necesita es un cambio de aires donde nadie lo conozca.


Me quedan poco más de 10 días en España y la verdad es que cada vez que me alejo creo que una parte de mí se va quedando en cada sitio del que huyo, supongo que yo también estoy roto. De lo que estoy seguro es que corto y mucho, quizá debería plantearme avisar de que lo hago, eso o facilitar unos guantes a quien no quiera perder algún dedo.
Entonces te paras a pensar, curiosa expresión la de “pararse a pensar” cuando pensar no es más que ser capaz de moverte. ¿Y ahora qué? Otra vez una fila de chicas una tras otra para hacer olvidar a otra muñeca rota, otra vez huir, otra vez esperar a que alguien tenga los huevos de plantarse delante y decirme que ella no está aquí para hacerme olvidar, sino para darme motivos para recordar.
Sin lugar a dudas es más duro dejar a alguien, pero más duro es no saber los motivos exactos por lo que lo hiciste. ¡Me estoy volviendo un Marta en tío!

Y claro, avisas a tus amigos franceses. ¿Y ahora qué? Me pregunto por qué no nací en otra época en la que pudiera elegir un guía espiritual para darme solución a todos estos problemas, sería sencillo que alguien llegara y me dijera lo que yo ya pienso, pero no tengo huevos a decirme.

Bueno, qué. ¿Follamos muñeca rota?
Adelante, muñeco roto.


Una habitación parcialmente iluminada con unas vistas de escándalo, con una cama gigante de esas que siempre te preguntas cómo coño metieron por la puerta. Decoración moderna con la luz a medio gas que ofrecían ese ambiente erótico que todos necesitamos a veces.

La muñeca rota estaba tumbada sobre la cama y debo deciros que para ser una muñeca rota era preciosa, aunque supongo que ese es el problema de las muñecas rotas, que todas lo son.
Se acurrucó a un lado y apagó la luz, con lo que el ambiente erótico se apagó con ella.
Me acerqué por detrás y pasé la punta de mis dedos por su brazo.


- Eres especial, le dije. Esa frase que los hombres jamás usamos.
- Como las quince anteriores, me contestó.
- Las quince anteriores no me producían esta sensación que me produces tú, le dije.
- Díselo a quien se lo crea, contestó.
- Ahora es cuando se suponía que me ibas a preguntar sobre esa sensación.
- No vas a arreglarlo con palabras, al menos esta vez.
- Entonces déjame arreglarlo... Así, le dije mientras le besaba el cuello y lograba que se estremeciera.
- Para, me dijo mientras en su voz se notaba que su cuerpo intentaba luchar contra su mente y dejarse llevar.
- Eso podría decirte yo a ti.
- Yo no estoy haciendo nada, me dijo.
- Estás aquí, tumbada en esta cama mientras tu mente trata de darte razones para no estar conmigo.
- Al revés, mi mente busca razones para estar contigo, dijo mientras se giraba y me miraba a los ojos.

Era de noche y no había luz más que la que entraba por el gran ventanal, pero podía apreciar perfectamente sus ojos clavándose en los míos, no sé si realmente era capaz de verlos o era algo más mental.

- Pero sigues aquí, supongo que aún no te ha dado las razones suficientes para que te vayas.
- En todo caso para que tú te vayas, que he pagado yo, me dijo mientras intentaba sonreír.
- ¿Eso ha sido una broma? ¡Vaya! La próxima vez voy a tenerte que besar el cuello antes.
- Deberías, me dijo mirándome la boca.
- Hay cosas mejores en tu cuerpo para besar, respondí.

Nos habíamos pasado casi toda la tarde follando y entre explosiones físicas y algún que otro arañazo ella había explotado a nivel mental, lo cual nos había colocado a ambos en una posición un poco extraña, ya que no éramos nada, pero pareciera que lo éramos casi todo.

Fui directo a besarle el hombro, comprobando a cada beso su rostro, a ver si su mirada me dejaba seguir. Fui bajando por su clavícula, por sus pechos, me detuve en el hueso de su cadera, quería ir despacio, pero… Ella con un suave gesto me indicó hacia dónde tenía que ir mi cabeza, por lo que me dispuse a hacerle caso, hay que decirle sí a todo lo que una mujer te pida después de haber conseguido que no se enfade.
Le di dos besos tiernos en los muslos, a lo que ella hizo el gesto de que fuera más directo, por lo que me lancé a comérselo.
Podía sentir, podía notar cómo estaba siendo diferente, se lo había comido y bien comido durante toda la tarde, pero podía notar que ahora era diferente, ahora ya no sentía mi lengua recorriendo sus labios, su clítoris, ahora me sentía a mí y eso la estaba volviendo loca.
Mi lengua recorría cada uno de sus labios, que eran apretados entre los míos, perseguía su clítoris con mi lengua y lo apretaba contra ella.
Bajó su mano y empezó a masturbarse mientras mi boca seguía dándole juego, hasta el punto que empezó a encadenar un orgasmo tras otro y a masturbarse cada vez más rápido y fuerte.

Me puse sobre ella y empecé a besarle, ella me la agarró y me la empezó a masturbar mientras me la colocaba para que se la metiera. Empujé despacio y se la metí entera.
Empecé a follármela despacio, mientras tenía mi cara colocada a escasos centímetros de la suya, ambos disfrutábamos viendo cómo el otro tenía que cerrar los ojos de placer y cómo respirábamos por la boca.
El placer era cada vez más intenso, podía notar en su mirada que a ella también le apetecía algo más fuerte. Me lancé a su boca y ella me respondió comiéndome la boca como jamás me la había comido, todo mientras yo no paraba de metérsela, ahora más rápido y fuerte, mientras ella acariciaba mi espalda con sus uñas, pero sin llegar a apretar.
No podía parar de metérsela, podía sentir que me corría cada vez que la embestía, para colmo su boca estaba haciendo un trabajo fabuloso con la mía.

Se colocó sobre mí, me la agarró y me la empezó a masturbar muy rápido, lo que supuso que me pusiera a gruñir de placer, pero no por mucho tiempo ya que se la colocó y empezó a saltar sobre mi polla como una loca.
Podía ver en el espejo del armario la curva de su espalda y cómo le entraba mi polla cada vez que saltaba. Su pelo le tapaba la cara y tenía todo el cuerpo mojado, pero aún así estaba preciosa y me estaba partiendo la polla en dos.
Pude notar cómo se volvía a correr y por fin bajó el ritmo. Puso sus manos sobre mi pecho y siguió follándome con los giros de su cintura, yo era un espectador privilegiado al poder sentir todo aquello y además verlo desde varios ángulos gracias al espejo del armario.

Le estrujé el culo fuerte, apretándola contra mí mientras ella seguía follándome, me estaba volviendo completamente loco. Ella bajó a besarme y yo ya tenía ganas de más, me puse a metérsela desde abajo, a lo que ella me acompañó moviéndose en el momento exacto para que le entrara con más fuerza.
Empecé a follármela mucho más fuerte y rápido, a lo que ella tuvo que parar de moverse para dejarse hacer, sus chillidos eran una locura y yo estaba a punto de correrme. Se la empecé a meter más fuerte y rápido aún, hasta que ….




Ahora dime Muñeca Rota, ¿follamos?


sábado, 31 de octubre de 2015

Amores platónicos

Todos tenemos a esa persona que jamás nos podremos quitar de la cabeza, esa persona con la que si nos paramos a mirar con lógica, habría cambiado nuestra vida dando un giro de 180 grados y no digáis 360 grados, que eso es dar una vuelta completa y además de quedarnos en el mismo sitio es probable que te marees.

Todos pensamos en alguien de vez en cuando al irnos a acostar, en esos momentos en los que nuestro cerebro decide que es suficiente por hoy, en esos momentos en los que por alguna extraña fuerza extraterrestre nuestra mente decide que es hora de pensar en lo que pudo ser y no fue, para que si teníamos sueño éste decida irse y despejarnos por completo.
A lo largo de mi vida yo creo que tengo bastantes personas de este tipo, personas en las que de vez en cuando pienso, personas que quizá no se comportaron como yo esperaba, pero también personas con las que yo no me comporté como esperaba, y como tengo un ego increíble y estoy cansado de hablar de las mismas, hoy os hablaré de otra con la perfecta excusa de que de algún modo fue la primera, ya que por aquel entonces yo no era más que un idiota casi sin pelos en los huevos.

Recuerdo que no tenía ni 16 años, la edad no la recuerdo, pese a ser muy bueno con los números soy muy malo con las fechas. El caso es que estábamos en un minibús de excursión a vete tú a saber dónde, éramos mi grupo completo de amigos de aquella época y un grupo de chicas de nuestra clase y de el resto de clases, que por alguna razón habíamos llegado tarde por lo que nos metieron en ese pequeño minibús y no en el autobús de toda la vida, que ya había salido minutos antes.

La verdad es que podría engañaros con una historia sobre lo divertida que era mi vida en plena pubertad, pero no me acuerdo de más de lo que aquí nos concierne.
Había una chica, sí, en ese grupo de chicas había una chica. Increíble, ¿verdad? El caso es que era una chica que me gustaba, se llamaba Flor (es su nombre real) y yo ya había puesto el ojo en ella, aunque no como lo haría ahora en caso de que me gustara una chica. Había miradas por los pasillos, ya que no estábamos en la misma clase, era digamos ese amor platónico que todos hemos tenido, y que para colmo sabías que no todo era producto de tu mente, sino que sus miradas eran reales y vaya si lo fueron...

Yo estaba sentado en la parte de atrás, como el más malo del lugar, aunque en realidad jamás he considerado que estuviera en el grupo de los "malotes", quizá sí cuando cursé el bachillerato en Madrid, pero más por casualidad que por intención.
El caso es que ellas estaban varios asientos por delante, lógico por otra parte si éramos nosotros los que estábamos más atrás. El caso es que mis amigos no paraban de pegar voces, supongo que yo también lo haría, pero ellas miraban todo el rato hacia atrás, supongo que para comprobar que tras esas voces realmente había humanos y que todos éramos retrasados.
Pero ella también miraba, me miraba.

No sé qué pasó entre medias, lo que sí sé es que aún era el viaje de ida y que una amiga de Flor vino a nuestros asientos y apartó a mis amigos con la excusa de que me tenía que decir una cosa. Qué tiempos aquellos en los que mandabas al amigo de turno a decirle cosas a la chica que te gusta, ¿verdad?
Pues bien, me empezó a decir que le gustaba a su amiga y que si luego quería irme a dar un paseo con ella. Joder, lo pienso y madre mía, ahora directamente te invitan a follar, no a dar un paseo. En fin, sigamos.
Flor no era capaz de mirar hacia atrás para ver lo que estaba sucediendo, pude ver como tenía su mirada clavada al frente, deseando que este incómodo momento en el que su amiga le hacía de portavoz pasara pronto.

Yo le dije que NO.
¡¿Qué?! ¿Te gustaba la chica y le dijiste que NO? ¿Eres gilipollas?
Sí a todo.

Su amiga me insistió, diciéndome que era solo un paseo, pero yo no era capaz de expulsar una palabra por mi boca que no fuera un NO rotundo.
Su amiga se volvió a sentar con ella y le empezó a decir que yo era un gilipollas, pero pese a haber sido rechazada ella no soltó una mala palabra sobre mí.

Lo curioso es que yo la rechacé por vergüenza, esa vergüenza que ella se había saltado. Es curioso, porque jamás llegué a hablar con ella en un cara a cara, jamás me dirigí a ella en los pocos años que nos quedaron por coincidir, sí es verdad que intentaba interesarme en ella averiguando qué tal le iban las notas, pero poco más.

Muchas veces pienso en ella y en todo lo que ella representa, ya que quizá una pareja en ese momento de mi vida tan disperso, lo habría cambiado absolutamente todo, quizá hasta habría sido un tío de provecho en todos los sentidos, quizá mis pequeños triunfos hubiesen venido con 20 años y no con 27.
He intentado buscarla en el antiguo Tuenti, en Facebook, en Twitter y jamás he logrado dar con ella, creo que es de las situaciones de las que más me arrepiento a lo largo de mi vida, ya no solo por rechazar a una chica que me gustaba por vergüenza, sino por todos los cambios que habría dado a mi vida, porque de algún modo sé que todo hubiese ido a mejor.

Sí, ese soy yo, el gilipollas al que un día se le ofreció su amor platónico y lo rechazó, supongo que es una medallita más en los logros de Hero. Ella se llama Flor y yo fui un capullo, supongo que todo vive relacionado al final.


Por supuesto no es la única, pero quizá sí es la que creo que hubiese dado un cambio más importante a toda mi vida, supongo que soy muy de pensar en el pasado pese a que sea muy feliz en el presente y el futuro pinte genial.


¿Y tú en quién has pensado? ¿Quién es esa persona que no te deja dormir?


La verdad es que lo más importante que aprendí de todo esto es que si yo rechacé a alguien por un motivo tan estúpido como la vergüenza, también hay gente que te va a rechazar por motivos ajenos a que no le gustes, ahí es donde tú decides si insistir, siempre estando atento de saber dónde está la línea entre interesado o pesado acosador.



Flor, si has leído esto decirte que ahora tengo novia, pero que si te encuentro te invitaré a un café.
Se me olvidaba, sigo siendo igual de gilipollas, Flor, pero ahora sé disimular.



--Hero