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domingo, 1 de febrero de 2015

Jara

¿Cómo quieres que te hable de lo que hago con otras si con otras sólo hablo de ti?






Los poetas dirían que no eras la más guapa, pero que eras suya, yo diré que sí eras la más guapa y que además de eso, eras mía. Los poetas dirían que eras su chica del metro, esa que te hace ir siempre a la misma hora para encontrártela sentada en el andén, yo diré que ni la chica más guapa del metro se acerca siquiera a lo que tú eres, y que al andén, te llevaba yo.



Los poetas están locos y no saben lo que dicen,
y yo no sé nunca lo que digo,
pero al menos sé el motivo por el que te escribo.


Al principio del final acoracé mi corazón pensando que así resistiría todos tus embistes, sin darme cuenta de que lo que me atacabas era la mente y no ese órgano que pese a quien le pese sólo sirve para bombear sangre. Supongo que uno a veces tiene que equivocarse, tiene que darse de bruces contra "chicas medicina" que de algún modo extraño te engañaron para tener algo más, para un algo más de alguien que sólo cura las heridas que otra dejó, que tú dejaste.

Aunque, ¿cómo voy a hablar de heridas si fui yo quien nos hirió? Quizá la inseguridad en un hombre es más peligrosa que en una mujer, nosotros no sabemos controlarla y algunos quizá no estamos acostumbrados a no tener todo lo que queremos tener.

Tú eras Madrid,
Madrid era yo contigo.


Algún día os tendré que hablar sobre cómo una mujer puede llegar a enamorarme sólo por su forma de vestir y cómo a la inversa puede causar un verdadero estropicio en cualquier posible relación que fuera a tener con ella. Porque os diré algo, vuestra ropa nos hace tener una idea en la cabeza de cómo sois y muchas veces atrae más cómo pensamos que es alguien a cómo es realmente.

Su rollo, sus ojos, su boca, sus piernas y su acento de Málaga. ¿Qué más podía pedir? ¿Qué más puede pedir cualquiera? Quizá un Ferrari, pero entonces la gente miraría el coche y se perdería lo que llevaría dentro de él, se perdería a una castaña de ojos verdes de un físico increíble y de una mente inigualable.

Qué peligrosas son las mentes atractivas, incluso para nosotros, esos que pensáis que sólo vamos tras tetas operadas y tras los problemas de estar cada día en una cama. Supongo que es algo con lo que jugar, jugar con la idea que cada persona tiene de ti, aunque ni tú mismo sepas cómo eres.
Al menos sé cómo eres tú y sé que para tener tu mente, tu boca, tus ojos, tu cuerpo... Tuviste que hacer el pacto de que ibas a sufrir por amor y por algún gilipollas que se ha dado cuenta que ha recibido en estos últimos años lo que algún día te hizo recibir a ti.
Hiciste el pacto de que pese a que todos te querrían por fuera, por dentro sólo eras de una persona y pese a que pienses que es un gran fallo te diré que las personas que sólo somos de alguien, somos personas espectaculares.


Entrada cariñosa, no demasiado pomposa, sin nombrar mi polla o tu culo, mezclada con Madrid, sin foto de una chica y con un toque de mí. ¿Me das el aprobado? El resto se tendrá que imaginar tus ojos verdes y no te imaginas cuánta pena me da que nadie pueda verte como yo te veo.


Sólo te pregunto y os pregunto a vosotros: ¿Si no necesitamos sexo por qué follamos?


...y es que Jara, 
aunque pasen los meses,
aunque pasen los años,
tú siempre serás la primera,
tú siempre serás Madrid,
mi Madrid.


--Hero

domingo, 28 de diciembre de 2014

Eme

Terminaré estos tres últimos relatos a la vez y es que de algún modo estos tres últimos relatos están relacionados entre sí.
Ahora toca hablaros de mi pasado más presente, toca hablaros de Eme, toca hablaros de Marta.


Muchas veces me he preguntado cuánta culpa tendrán las frases hechas y las películas a la hora de que nosotros, los tontos de a pie, no tomemos ciertas decisiones. ¿Cuántas decisiones tomamos realmente nosotros? Ya volveremos al tema.
Con ella me pasó lo mismo que con otras dos chicas, una es mi mujer del momento y la otra es la dueña y señora de este blog, porque aunque lo escriba yo el diseño es puramente suyo.

¿Qué me pasó? Que todo me salía a pedir de boca, de algún modo extraño notaba una cierta conexión con ellas que sabía perfectamente lo que pensaban en cada momento, incluso sabía cosas que les habían ocurrido en su vida o cuándo, mientras hablábamos por Twitter o Facebook, se estaban relamiendo o mordiendo el labio por mí o incluso les engañaba para decirles que miraran hacia atrás y yo sabía cuando lo hacían.
Puede pareceros algo normal, pero he conocido muchísimas chicas y os aseguro que de todas ellas esta extraña conexión sólo la he tenido con ellas, quizá podamos añadir una morena más, pero ya está, el tanto por ciento sigue siendo muy bajo, sin llegar ni siquiera al 1%.
A simple vista parece una ventaja tener esa conexión con alguien, saber todo lo que piensan, conseguir ser especial para ellas porque ellas también notan esa conexión que no pueden explicar. Aunque quizá las películas y las frases hechas sí tengan razón aquí, y es que cuando todo es demasiado fácil, al final nos cansamos, y de algún modo eso es lo que me pasó a mí.
De algún modo me agobié de la rubia que ilustra mi blog al verlo todo tan fácil, igual que me relajé en mi relación con Marta en la que hasta que no me dejó creo que no me enamoré, para colmo ahora me pasa lo mismo con Helena aunque al menos tengo la "ventaja" de que sé que lo nuestro es imposible.

Películas, frases hechas... Siempre es más fácil ver lo bueno y lo malo en los demás, fijarnos en la mayoría, fijarnos en lo que otros dicen para que así nuestras decisiones no parezcan tan erróneas si la cagamos.

Las segundas partes nunca fueron buenas.

Las segundas partes no son buenas si ya de por sí la primera película es mala, ¿pero y el resto? ¿Y Star Wars, El Señor de los Anillos, Harry Potter o incluso Matrix?

Creo que hasta aquí todo claro, confío en que al menos conocéis una de esas películas para poder seguir con mi crítica y sino, estoy seguro de que algún chico que conozcáis estará encantado de verlas con vosotras, ya que aunque no os lo creáis son esas las películas que nos gustan y no "El diario de Noah" y similares.


Llega un momento en el que nos escudamos en los demás, nos hemos saltado esa parte de que las segundas partes son malas, ahora sabemos que no siempre lo son, por eso es ahora cuando pensamos en las posibles consecuencias de hacer una segunda parte. Es cuando pensamos en el qué dirán, pensamos en nuestra familia  en los impedimentos que pondrán, pensamos en nuestros amigos y pensamos en todo lo que contamos sobre esa persona que ahora podría volver a nuestra vida. Aquí es cuando realmente está el gran paso, cuando nos enfrentamos a todo y todos por una persona que hace tiempo fue la persona más especial y que ahora realmente no sabemos quién es, eso es magia.
Supongo que por estas razones nunca le hablé a mi familia de Jara, ni siquiera saben que existe. Viva la ignorancia, sobretodo si es la de los demás con respecto a ti.

Complicado dar el paso, ¿verdad? Quieres a una persona y ahora sólo te paras a pensar en lo complicado que es todo de nuevo, sabes que quieres estar con esa persona, pero te da miedo el qué dirán y al final es posible que pierdas una oportunidad de oro por gente que trata de controlar tu vida y que para colmo, la controla.
Supongo que debe ser muy dura la vida de alguien débil, de alguien que siempre necesite de películas, de frases hechas o de la opinión de otros para saber que es lo que realmente quiere él, porque al final está viviendo la vida que otros quieren para él, en lo bueno y por supuesto también en lo malo.

Por supuesto estaba generalizando, aunque creo que podría singularizar también, pero no creo que ese "singular" en cuestión siga todos los puntos uno por uno, espero que no, porque espero que ya no tengamos esa conexión en la que yo me relajé y con su ayuda lo echamos todo a perder, ahora no quiero estar relajado ni cuando estoy sentado en el váter, quiero estar alerta, siempre alerta.

La verdad es que me pregunto muchas veces cuántas relaciones no volverán a ser las mismas simplemente por cosas que pensamos que le otro piensa y que muchas veces no hace. Cuántas personas seguirán enamoradas y no vuelven a intentarlo porque creen que el otro no le echa de menos sin siquiera habérselo preguntado. Incluso me gustaría saber cuánta gente ha mentido al decir que ya no quería a una persona por miedo a quererlo incluso más que antes, sin saber que una respuesta positiva hubiese desembarcado en un cuento en el que siempre quisieron vivir como protagonistas.

Al final todo se resume en miedo, en pensar que la otra persona hace o piensa cosas que realmente no son así.

Piensa mal y acertarás.

¿Qué os decía? Las frases hechas hacen mucho daño y esta vez para singularizar un poco os diré que en esta situación me siento tan culpable como en mi primera relación, ya que ella me pidió que la esperara hasta junio y de algún modo casual o no, ella volvió en esa fecha. Fue entonces cuando ella se hizo ideas en su cabeza y puso sus defensas por creer que los éxitos en mi vida dependieron de que ella se alejó de mí, supongo que todos nos autoengañamos a veces, incluso yo lo hice, todos tenemos culpa de lo que nos ocurre.
Supongo que yo no valoré lo suficiente su intento de venirse a Francia conmigo, ni sus llamadas borracha, ni llamarme por teléfono hasta las tantas de la mañana cuando ni siquiera teníamos ningún tema de conversación. Aunque de algún modo yo también tengo culpa de todo lo que pasó, Helena tiene culpa, este blog tiene culpa, la distancia tiene culpa y esta vez ya no teníamos fuerzas o simplemente las escondimos para vete tú a saber qué, y es que esta vez sí que la cagué yo y no ella.
Supongo que yo también sigo esas frases hechas y las películas, me gusta complicarme la vida y algo que probablemente hubiera sido sencillo si ambos hubiésemos dado aquel gran paso del que he hablado antes, al final se convirtió en una cagada monumental. De los errores se aprende, porque al fin y al cabo es de mis fallos de los que más me acuerdo.


Mujer del momento

Todos buscamos a la más guapa, la más lista, la más rubia y hasta a la que mejor se pinta las uñas. ¿Para qué?
Tener expectativas está bien, pero al final algo tiene que moverse dentro de nuestra mente para que esa persona sea más especial que otra, y os diré un secreto: Que una persona sea especial para nosotros no depende para nada de ella, ni de sus virtudes.


Todas sois iguales, sí, lo que lees, todas sois iguales.
Todas os cortáis el pelo cuando estáis mal o como mínimo os lo teñís.
Todas tenéis miedo de nuestras amigas, aunque sean de toda la vida (esas son las peores).
Todas pensáis más en una infidelidad afectiva, que en una puramente sexual, ya que lo que os da miedo no es que nos follemos a otra, es que la queramos.
Todas decís que queréis al chico de Invictus, cuando la realidad es que lo que os folla la mente es otra mente a la altura. A excepción de chonis que intentan suplir su falta de inteligencia gastándose el dinero en una buena operación de tetas, pero como ese género dudo que sepa leer permitidme que las excluya.
Todas os sentís imcomprendidas, y la gran mayoría aunque digáis que no os entendemos, la realidad es que vuestra pareja os entiende más que vuestras amigas.

Todas habéis tenido una amiga un tanto hija de puta con algún chico que os gusta y eso es lo que os hace tener miedo de los hombres, no nosotros.
Todas, todas, todas... Podría seguir, pero luego me llaman machista o vete tú a saber qué cosa aún peor. Si ya me lo llamaron porque me gustaba follar a cuatro patas, imaginad con esto. (Desde aquí un saludo al grupo Femen, sobretodo a las rubias eslavas).

Al final todos y todas estamos cortados por los mismos patrones, aunque no os voy a negar que una melena rubia hasta la cintura y un acento italiano gimiendo mi nombre me atrae, pero no es sólo eso, o al menos eso quiero pensar.
Hay algo más, siempre hay algo más, nuestras parejas no son siempre nuestra mejor opción, siempre hay alguien superior a ellas, ya sea alguien más rico, más guapo, más inteligente o incluso todo a la vez. ¿Entonces qué es lo que nos hace decantarnos por ese alguien que a efectos prácticos no es mejor que otras opciones que tenemos? Supongo que el primer ser humano que llegó a hacerse esta pregunta fue el primero que se planteó que quizá existía una cosa rara llamada amor, algo que aparece sin más y que nadie sabe el porqué.
Me ha ocurrido, con mi última pareja tenía donde elegir y la elegí a ella, no cambio mi decisión por nada del mundo, pero es curioso cómo a veces elegimos a personas por delante de otras sin tener una razón aparente, ya que yo jamás sabría cómo actuarían las otras chicas en una relación, quizá hubiera sido más feliz si mi corazón las hubiera seleccionado a ellas, quizá no.
Supongo que la mayoría actuamos así, empezamos relaciones con quien nos enamoramos y no con quien nos conviene, salvo ese grupo de pringados que no tiene a nadie y no le queda otra que parecer enamorado de la única opción que tiene, ahí es donde llegan las infidelidades.

Con Helena es distinto, tristemente distinto. De algún modo sé que podría elegirla a ella si algún día vuelvo a estar preparado para una relación, además de deciros el tópico de que es la típica chica que todo hombre querría, mi corazón también siente ese algo más que nos hace elegir, pero es imposible.

Los imposibles están bien cuando eres joven, tienes algo por lo que luchar, tienes algo por lo que motivarte cada día, pero cuando creces te das cuenta de que un imposible es realmente un imposible y que lo otro que tú creías imposibles en realidad eran improbables.
Lo nuestro es imposible y escribo esto después de haber rechazado verla un mes después de haberla visto por última vez, que es de lo que va este relato, de nuestro gran fin de semana en Madrid.
He dicho siempre muchas mentiras sobre por qué dejé a mi primera pareja, pero la realidad es que la dejé por la distancia, simplemente eso, iba a irse a vivir lejos de Madrid y yo no podía aguantar tener algo así, o mejor dicho, no tenerla.
Luego llegó Marta y de algún modo extraño me embaucó en una relación a distancia que al final no lo fue tanto, quizá fuera especial, quizá había madurado o simplemente me di un golpe en la cabeza que no recuerdo y decidí hacer esa locura. Bendita locura.

La distancia es salvable en los tiempos en los que estamos, pero hay que ser prácticos, si no tenéis un futuro en común es una auténtica locura que empecéis una relación, la distancia se soporta sólo si sabes que en un futuro no muy lejano vais a poder estar juntos todo el tiempo que queráis, y yo sé que con Helena eso es imposible. Ni siquiera puedo llamarle por teléfono sin dejarme una pasta, y ya van dos veces las que renuevo los datos este mes por culpa del Skype.

¿Estoy a tiempo de cambiar el nombre del relato por 'Imposible'? Quizá si no lo hago es porque me recuerda a una película que posee ese nombre, película en la cual el final es feliz, aquí no creo que lo sea, aunque vivamos el momento. ¡A disfrutar!





martes, 16 de diciembre de 2014

El reencuentro

… y aquí me encuentro, autoengañándome, diciéndome cada vez que tengo dudas de lo que siento que aún no te he encontrado, que te tengo que seguir buscando.
Entre aplausos falsos todo es fácil, sonríes sin tener ganas, vuelas sin tener alas. En los buenos momentos todo es eso, aplausos y volar, sabes que nadie te va a dejar caer, sabes que a nadie le interesa que caigas, ya que llevas un avión lleno de pasajeros que no han pagado su pasaje y que sólo se aprovechan de tus dotes como piloto.
Quizá eso es la vida, sonreír ante los aplausos y olvidar mientras hacen sonar sus palmas que la realidad es que son gente interesada que te necesita y a los que les importas una mierda. A veces me gusta complicarme, a veces me gusta complicarte.

Complicado es este relato, porque mientras escribo estas líneas me debato entre escribir sobre la mujer de mi vida, sobre mi mujer del pasado o sobre mi mujer del momento. Toda opción tiene sus pegas.
A la mujer de mi vida ya le he dedicado muchos relatos y no quiero que llore más leyéndome, por mucho que me aporte, llorar si no es de risa jamás será algo positivo.
Escribir sobre mi mujer del pasado es peligroso, muy peligroso... Y aunque me guste el peligro hay que saber cuándo ese peligro puede hacer daño a alguien que no eres tú.
Mi mujer del momento es la única que con seguridad no va a leerme, pero creo que voy a escribir bastante sobre ella y hasta yo necesito un pequeño descanso de su larga melena rubia.

Podría evitar cualquiera de estas opciones escribiendo sobre alguna de esas mujeres a las que gano con mi labia y que ellas me ganan con sus orgasmos, pero de ellas puedo escribir en cualquier momento.

Adivinad vosotros de quién se trata.


Seguíamos hablando, de algún modo no eramos capaces de alejarnos totalmente, no éramos capaces de olvidar lo que una vez tuvimos. Yo me sentía culpable, siempre me he sentido en deuda con ella, y esa deuda es mental, es afectiva, es de esas que no se te pueden borrar jamás. No la traté como me hubiese gustado tratarla, aún no sabía cómo llevar una relación y pese a no haberle sido jamás infiel, alguna vez hubiera preferido que ese hubiera sido mi gran error.
Las discusiones eran constantes, su carácter y el mío chocaban como rompen las olas contra las rocas, con la diferencia de que aquí ambos éramos la roca, inerte ante cualquier sacudida del mar.

Su inteligencia siempre me tendrá enamorado, es difícil encontrar una mujer que ejercite su mente tanto como ella, que no se deje llevar por el contoneo de sus caderas y olvide que lo que realmente enamora es lo que tenemos dentro de la cabeza, no en el interior del escote.

Quería verme y yo huía de ello, no sé si era por miedo o simplemente por la excusa que siempre me pongo para no ser amigo de una ex. ¿Cuál es? Que soy incapaz de bajar un escalón y ser amigo de una mujer de la que he sido mucho más que eso, es como ser titular indiscutible del mejor equipo de fútbol y de repente verte relegado al banquillo para siempre, horrible.
Me sentía bien, quizá era el momento para volverla a ver, para volver a ver sus preciosos ojos verdes y volver a oler esa crema de vainilla que esperaba aún usara.

En la Final de la Champions en Lisboa me rompí la mano, y no pasaría más allá de lo anecdótico si no fuera porque gracias a eso me había dado cuenta de que no sentía dolor, o que como mínimo tenía la sensación de dolor muy alta, cosa que no sabía hasta que no me la rompí y el médico quedase asombrado de que no me doliera.
¿Por qué os cuento esto? Porque fue entonces cuando me paré a pensar que quizá también podría ser fuerte ante el dolor mental, ese que nos mata por dentro y para el que no hay ningún calmante, ese que hace que se nos revuelvan las tripas cuando no estamos en nuestro mejor momento, ese que nos hace mucho más fuertes cuando salimos de él.
Y es que para poder ser fuertes, primero hay que sentir dolor.


Dolor aparte, os hablaré de ella, os hablaré de cómo accedí a volver a vernos y en cómo fue ella la que vino a verme. La verdad es que me merezco lo mal que lo
pasé con mi anterior pareja, porque hasta el último momento he tenido la gran suerte de que todas las mujeres que he amado han dado todo por mí, han apostado todo lo que tenían e incluso lo que no tenían y mi mujer del pasado seguía haciéndolo.


Es complicado, muy complicado, llegar hasta el punto de cómo nos vimos y dónde fue, os lo resumiré en que vino a verme en coche para ir a cenar a Cáceres, donde supuestamente iba ella.



Ansioso esperaba en el portal, esperando a que un coche con una castaña de ojos verdes cruzara la calle y se parase enfrente de mí. Hacía cuatro años que no la veía y tenía una sensación muy extraña recorriéndome el cuerpo, notaba cómo mi corazón quería salirse de mi pecho y cómo mi boca ayudaba a mis pulmones a llenarse de aire de la ansiedad que tenía.
Por suerte para ambos el día era perfecto, pese a estar en un mes en el que el sol debería haber pasado de largo, aún hacía calor, el tiempo estaba loco, aún así ya era prácticamente de noche.

Por fin un coche con una morena cruzó y paró al otro lado de la calle, yo crucé la carretera para dar la vuelta al coche y entrar por la puerta del copiloto, pero ella salió del coche y se interpuso para darme un abrazo. Sonará a tópico, pero el tiempo se paró por un momento para mí, noté otra vez su cuerpo y a cada segundo que pasaba nos abrazábamos con más fuerza.

Llevaba una camisa de cuadros rojos que tapaba una camiseta básica blanca que enseñaba un muy buen escote y ambas iban acompañadas de unos vaqueros muy apretados que marcaban sus larguísimas piernas, para colmo llevaba unas New Balance.
La hija de puta estaba buenísima o yo ya no me acordaba de cómo era, lo gracioso es que su 'look' me recordaba al que yo a veces forzaba a mi última ex a llevar, con la diferencia de que su camisa era de estilo militar.

Aún agarrándola de la cintura me quedé mirándola de arriba abajo.

- No recordaba que estuvieras tan buena, ¿qué te has tomado? Le dije.
- Empezamos fuertes, ¿eh? Me dijo riéndose.
- El sol de Málaga te ha sentado genial, le dije mientras entrábamos al coche.
- Tú estás más fuerte, ¿te has tomado en serio el gimnasio?
- No voy desde mayo, estoy hecho un tirillas, le dije mientras hacía pucheros.
- Yo ya te conocí de tirillas y me gustabas así, me respondió.
- ¿Te gustaba? Pregunté arqueando la ceja y mirándole mientras le hacía burla.
- Para ya, que acabo de verte. ¿No decías que habías cambiado?
- Me voy recuperando, le dije mientras ambos nos reíamos.

La verdad es que era una sensación deliciosamente incómoda, era extraño, notaba cómo había pasado el tiempo, pero por otro lado ella era la misma de siempre, sólo que más guapa.
La conversación siguió hasta que arrancó el coche y me preguntó por algún sitio donde poder comprar golosina, ya que necesitaba azúcar. Definitivamente no había cambiado nada.
Cien kilómetros más lejos de donde me recogió y tres euros menos en la cartera a cambio de una bolsa de golosinas por fin habíamos llegado a Cáceres.

- ¿Y ahora qué? Me preguntó según entrábamos en la ciudad.
- Te iba a llevar al Fost...
- ¿Me ibas a llevar? ¿Vas a pagar tú? Preguntó interrumpiéndome.
- Hoy sí, por todas las veces que no pagué, ¿te parece?
- He tenido que ser tu ex para que me invites a cenar, dijo entre risas.
- Muchas veces disfrutamos de las cosas más como ex que como pareja, le dije mientras le guiñaba un ojo.

Aparcamos el coche cerca de Cánovas y fuimos andando al centro, aprovechando para enseñarle la plaza y restos del casco histórico, ya que donde iba a llevarla se encontraba ahí, en el mismo centro.

- Deja de mirarme el culo, me dijo dándose cuenta que de vez en cuando me quedaba un poco atrás para mirarle.
- Desde luego que esto de no ser pareja no tiene nada bueno, me gasto el dinero invitándote a cenar y para colmo no puedo mirarte el culo. Le dije poniendo cara triste.
- Tú lo decidiste así, dijo tajante.
- Era joven e inexperto, le dije.
- Y gilipollas.
- Muy gilipollas, pero eso lo sigo siendo.
- No, lo de inexperto ya sé que no, me respondió.
- Tuve una buena maestra.
- Unas cuantas, dijo entre risas.
- ¿Qué sabrás tú? Le dije aguantando la risa.
- Debería haber usado tu método para olvidarte, tirarme a cuarenta mil.
- Yo creo que funciona mejor el tuyo, no tirarte a nadie y autoengañarte pensando que el otro es gilipollas.
- No te creo, me dijo.
- Bueno, esta última vez hice tu táctica y la mía, quizá por eso no me funcionó demasiado bien.
- ¿Volverías con ella? Me preguntó sorprendida.
- Hace unas semanas, sí, incluso sabiendo que no es la misma de antes, ahora aunque la quiero sé que no tenemos nada en común.
- ¿Y qué más da eso al final? Me preguntó.
- Para mí hay dos tipos de persona, Jara. Las que se adaptan a los demás y las que hacen que los demás se adapten a ellas, cada una de vosotras estáis en un grupo. Siempre pensé que yo necesitaba alguien a mi lado que se adaptara, como ella, pero el problema viene a que no sólo se adapta a mí, hay más personas en si círculo y eso es un gran problema cuando tienes que elegir entre todas ellas.
- Entonces lo que tú quieres es alguien que se adapte contigo y haga adaptarse a los demás.
- Yo ya no quiero nada, Jara, te lo aseguro.
- Todos queremos algo, me dijo.
- Y yo quiero comerme el solomillo que me he pedido y disfrutar de la cena, nada más.
- Qué poca ambición, al final es verdad que has cambiado.
- Porque no has visto en solomillo, sino pensarías de otra forma.

La conversación siguió mientras nos comíamos los entrantes, mi última ex salió varias veces en la conversación, incluso Helena y mi viaje a Francia, pero nada relevante.
Por fin llegaba mi solomillo y su ensalada.

- Sigues comiendo más verde que carne, no sé de dónde sacas las proteínas para tener ese culo.
- Llevo haciendo spinning desde que empecé contigo, creo que ya es genética, dijo entre risas.
- ¿Qué tal está el solomillo? Me dijo mientras veía como disfrutaba del primer bocado.
- Como siempre, buenísimo, al principio te llama por la vista, pero luego te das cuenta que cuando lo saboreas y pruebas su interior está mucho mejor, le dije mientras le miraba de arriba abajo, haciendo clara alusión a que estaba hablando de ella.

Ella rió con la boca cerrada mientras negaba con la cabeza, como diciéndome de forma telepática de que nunca iba a cambiar.

- ¿Qué tal la ensalada? Le pregunté mientras le arqueaba una ceja.
- Bueno, no deja de ser una ensalada, todo el mundo se cree que es muy sana, pero a la hora de la verdad entre las nueces y el aceite que tiene ésta es posible que tenga más calorías que un plato de arroz. Hay que comerse las cosas sabiendo en las posibles consecuencias.
- ¿Siempre piensas en las consecuencias? Le pregunté.
- Demasiado.
- Y aún así has pedido ensalada, le dije.
- Hay cosas que no se pueden evitar, me dijo sin poder evitar la risa.
- ¿Teniendo estas conversaciones me puedes explicar por qué cojones te dejé?
- Ya te lo he dicho, eras gilipollas.
- Pero tenía mi encanto, ¿no?
- Eso será con otras, conmigo no.
- ¿No era romántico contigo? Bueno, romántico nunca he sido, ¿no era cariñoso? Pregunté curioso.
- No demasiado, ya lo sabes, aunque yo tampoco te lo pedía ni lo necesitaba, sólo en el sexo.
- ¿En el sexo? Siempre he considerado nuestra relación como muy sana sexualmente, no me jodas.
- ¡Era bueno! Me dijo mientras se reía y me tocaba el brazo.
- No me jodas... Le volví a decir.
- Te lo digo en serio, era bueno, pero yo echaba en falta un sexo más de pareja, más cariñoso.
- Nunca me lo pediste, ni yo pensaba que te gustara.
- Me gustó mucho las dos o tres veces que lo hicimos así, pero nunca más repetimos.
- Me estás matando poquito a poco, yo que pensé que nuestro sexo no tenía problemas, dije entre carcajadas.
- No los tenía, yo disfrutaba muchísimo, sólo ese pequeño detalle, un poco más de cariño, ahora visto desde fuera veo que me follabas como te puedes follar a cualquiera, me dijo.
- Tú nunca has sido, ni serás cualquiera, que te folle de una manera u otra no significa nada. Puedes repetir un polvo postura por postura con dos personas, que siempre vas a disfrutar más con quien te folle la mente y no el coño, y lo sabes.
- Por eso te he dicho que disfrutaba.

La conversación al final se desvió un poco, por lo que ambos decidimos cortar de raíz y empezar a hablar de otras cosas, hablar de sexo y posturas con quien aún recuerdas todos los polvos que echabas no es del todo bueno, menos aún cuando lo tienes delante.
Después de cenar decidimos ir a pasear por el centro, la conversación sobre sexo y el vino estaban haciendo estragos en mí, y ella no parecía muy distante en mis arremetidas.

Tenía algo de frío, por lo que la acompañé al coche a coger el abrigo.
Abrió el coche y se dispuso a abrir la puerta de atrás para cogerlo cuando...

- Jara, le dije mientras le agarraba la mano y le hacía girarse.

Nada más girarse pude ver cómo clavaba sus intensos ojos verdes en los míos y en cómo sus labios se separaban, sabiendo ambos lo que iba a pasar. Me acerqué a su boca y empecé a besarla lentamente mientras con la mano derecha le agarraba la cara y con la izquierda la cintura mientras mi cuerpo apretaba al suyo contra el coche.
Mis labios no paraban de jugar con los suyos, pero nuestras lenguas aún estaban tímidas, querían esperar, ambos queríamos esperar a sentirnos aún más.

- Madre mía, me dijo mientras me apartaba poniendo una mano en mi pecho.

Le agarré la mano y me la coloqué en el hombro, después puse mi dedo índice en su boca y le dije que se callara, al segundo me volví a lanzar a su boca. Esta vez los dos estábamos con ganas de más, nos estábamos devorando la boca y mis manos estaban entre su culo y el coche, haciendo con ellas la forma redondeada y dura que éste tenía.
Se alejó un poco de mí y se mordió el labio con los dientes mientras me miraba, sabía de sobra que eso me ponía.
Me volví a lanzar a sus labios y comencé a darle mordiscos en el labio inferior y me fui hacia su cuello, que empecé a comérselo. La escuchaba aguantando gemidos y haciendo que le apretara contra el coche para notarme muy pegado a ella, hasta el punto de que me agarró una de mis manos que tenía en su cintura y se la puso en el coño. Yo empecé a frotárselo a través de los vaqueros mientras le comía el cuello y de vez en en cuando volvía a su boca, donde ella me recibía con mordiscos y besos húmedos.

- Mañana quizá me arrepienta, pero...
- Para mañana aún faltan un par de horas, me dijo cortando mi frase.
- Te iba a decir que nos fuésemos a un hotel.
- ¿Un hotel? Dijo extrañada. Podemos irnos a algún sitio con el coche.
- No pienso follarte en un coche, ven, le dije mientras le agarraba la mano, cerrábamos el coche y nos íbamos a un hotel del centro.

 A los quince minutos ya estabamos en el mostrador de un céntrico hotel esperando a que nos dieran la llave de la habitación. El polvo nos iba a costar 50€ y una caja llena de recuerdos mezclada con arrepentimiento.

Entramos en la habitación y ella cerró la puerta tras de sí, a lo que yo me giré y la comencé a besar mientras ella me agarraba la cara. Poco a poco me fue empujando hasta la cama, de la cual noté su borde en mis piernas y caí sentado en ella. Jara aprovechó para ponerse sobre mí y seguir besándome mientras se apretaba fuerte a mi cuerpo, no quería que me escapase.
Le quité la camisa y le empecé a comer el cuello, a morderlo, a lamerlo. Podía notar sus venas palpitar mientras mis labios estaban pegados a él, mientras mis dientes lo arañaban y mientras mi lengua se lo humedecía.
La verdad es que Jara nunca se ha caracterizado por querer alargar demasiado los preliminares, no tiene paciencia y necesita de un contacto algo más intenso, o al menos así era como la recordaba aunque teniendo en cuenta cómo gemía mientras le comía el cuello, creo que podía seguir comiéndome nuevas partes de su cuerpo.
Me eché un poco hacia atrás y me quedé mirándola, ambos esbozamos una sonrisa de "somos gilipollas, pero lo que hemos empezado hay que acabarlo".

Le quité la camiseta y casi sin darme tiempo a reaccionar ella ya se había quitado el sujetador. Me lancé a por sus tetas, se las empecé a comer sin parar. Primero pasaba mi lengua por sus pezones y después le lamía alrededor, se las agarraba una con cada mano y le pegaba pequeños mordiscos a cada una de ellas.
Me ayudó a quitarme la parte de arriba y me empujó sobre la cama, de momento quería tener ella el control. Ella aprovechó para quedarse en tanga y la verdad es que la imagen de su culo con ese tanga negro me la puso dura al segundo de verlo.
Se puso sobre mí y me empezó a besar despacio, mientras sus pezones acariciaban mi pecho. De vez en cuando se alejaba para mirarme y me daba un mordisco en el labio, tirando hacia ella. Fue bajando poco a poco por mi barbilla, mis clavículas, mi pecho, sin parar de darme besos. Bajando hasta mi ombligo y hasta mis pantalones, los cuales empezó a desabrochar haciendo ese sonido tan característico que a algunas os pone tan cachondas.
Después del sonido de la hebilla del cinturón y de bajarme los pantalones, con mi ayuda, me empezó a dar besos en la polla a través de los boxers, sin parar de clavar sus ojos verdes en mí, asegurándose de que la estaba mirando, asegurándose de que iba a verme disfrutar.
Empezó a mordisquearla y manosearla a través de mis boxers, hasta que me los bajó hasta las rodillas y su lengua alcanzó mi polla, lamiéndomela de abajo a arriba, logrando que me estremeciera de placer al sentirla y soltando un gruñido.

Empezó a comérmela sin parar de mirarme, podía notar cómo sentía el calor de mi polla dentro de su boca, cómo cada vez se me ponía más y más dura. Ella no paraba de acariciármela, de pasar su lengua por mi punta, de masturbarme con su mano mientras sus labios me la abrazaban. No paraba de gruñir y de moverme sobre la cama mientras tenía su cabeza ahí, comiéndomela sin parar.

Paró de comérmela y se puso sobre mí, frotando su tanga contra mi polla, apretándose fuerte. Yo clave mis manos en cada uno de sus nalgas y apreté fuerte contra mí, mientras ella movía sus caderas haciendo que su coño se frotase contra mi polla.

Giré en la cama y la coloqué tumbada boca arriba, le miré a los ojos y mientras le sonreía le quité el tanga a tirones, como ya hizo ella conmigo anterior mente. Ella abrió las piernas dejandome ver su perfecto coño, y dándome la bienvenida para que me lanzase a comérselo.
Así hice.

Me acerqué despacio, aún respirando por la boca de lo cachondo que estaba, podía notar cómo ella se estremecía al notar mi aliento sobre su coño, cómo se mordía el labio esperando a que me lanzara de una vez... Me acerqué y con la punta de mi lengua se lo acaricié justo entre los labios, de abajo a arriba. Ella soltó un gemido. Volví a repetir el movimiento, ahora más despacio, su gemido fue mucho más alto.
Puso sus manos sobre mi cabeza y me dio un pequeño empujón hacia ella, indicándome que me dejara de tonterías.

Me puse a devorárselo, mi lengua presionaba durante varios segundos su clítoris y después lo soltaba, después recorría cada uno de sus labios con mi boca, jugaba en su entrada haciendo círculos con mi lengua. No podía parar de chillar y entre esos gritos me pedía que se la metiera, pero aún faltaba para eso. Le penetré con un dedo y empecé a masturbarle, pero a los pocos segundos me di cuenta de que podía masturbarle perfectamente con dos, se estaba muriendo de placer y estaba calada.
Empecé a meterle dos dedos sin parar, todo lo rápido que podía con cuidado para no hacerle daño. Le masturbaba rápido, mientras mi boca jugaba.

No podía más, me puse de pie frente a ella y me agarré la polla con la mano.

- Métemela, me volvió a decir.

Empecé a darle golpes en el coño, lo que le hacía estremecerse en la cama. Empecé a rozarmela justo entre los labios de su coño, a jugar con mi punta, seguía dándole golpes e incluso se la metí un poco para después volvérsela a sacar.
Volví a repetir el juego de meterle mi punta y jugar con ella mientras sus ojos verdes estaban clavados en mí, como si el tiempo no hubiera pasado. De un golpe seco se la metí hasta el fondo y empecé a follármela despacio, sintiéndonos perfectamente mientras nos mirábamos.

Me puse encima y se la volví a meter mientras ella me abrazaba con sus piernas y acariciaba mi espalda con sus manos. Nuestras bocas no paraban de buscarse y de alejarse cada vez que alguno de los dos necesitaba gemir de placer.
No podía parar de follármela, pero lo hacía lento, que pudiésemos disfrutar de todo nuestro cuerpo, pero sin parar de sentir cómo entraba y salía.
Coloqué os brazos sobre la cama, como haciendo una flexión y empecé a metérsela más fuerte y desde otro ángulo.

- Fóllame duro, me dijo.



viernes, 10 de octubre de 2014

¿Ahora con quién me voy yo a París?


¿Y ahora con quién me voy yo a París?
¿Con quién me hago fotos frente a la Torre Eiffel?
¿A quién le digo que confíe en mí y no en su vértigo para subir a lo más alto de ella?
¿Con quién voy a pagar 15€ por dos Coca-Cola en alguna terraza de los Campos Elíseos?
¿Con quién criticaré el modo por el que los coches circulan por el Arco del Triunfo?
¿Con quién perderé el tiempo entre unas sábanas de seda mientras vemos París por la ventana?
¿Y con quién iré a Estambul?
¿Con quién me haré fotos delante de Santa Sofía?
¿Y a Nueva York en pleno diciembre?
¿A quién abrazaré mientras va con gorro y bufanda, con los mofletes rojos por el frío mientras avanzamos por la Quinta Avenida?
¿A quién coño llamaré 'mofletes gordos'? Bueno vale, puede que este punto lo suprima.
¿A quién me follaré cada mes en una ciudad diferente? ¿O tendré que follarme a una diferente cada vez que vaya a un nuevo país?

Aunque así es fácil, ahora es fácil.

El amor no lo es, el amor es saltarte todas las trabas que el resto te pone, el amor es luchar cuando todo sale mal, el amor es mirar a los ojos a esa persona y que eso sea suficiente.
El amor es que haya silencios, pero que ninguno sea incómodo.
El amor también es tener un baldosín de los abrazos, donde aunque discutáis si uno se pone sobre él tengas que darle un abrazo.
El amor es no caer en la monotonía.
El amor es vernos llorar.
El amor es poneros motes que jamás se os ocurriría contar a nadie.
El amor es que el otro sepa de tus taras y de tus mil y un fallos.
El amor es contaros cosas que jamás le habéis contado a nadie.
El amor es abrazar al otro en un ataque de ansiedad provocado por algún (…)
El amor es quitarle al otro la manta mientras duermes, que de madrugada te despiertes por el frío y seas tú quien ahora se la quita a ella.
El amor es conocer a toda su familia, aunque creas que es demasiado pronto y siempre hayas huido de ese tipo de formalismos.
El amor es que seas imperfecta, pero perfecta para mí.
El amor es olvidarme de las fechas importantes, incluido tu cumpleaños.
El amor es colmarme de paciencia para lograr enseñarte a patinar.
El amor es esbozar una sonrisa al ver lo pava que eres en los deportes.
El amor es morderme la lengua frente a los hijos de puta que nos rodean.
El amor es mover las manos detrás tuyas y provocarte un susto que te haga gritar.
El amor es follar en la cocina mientras tus suegros ven el telediario en el salón.
El amor es tirarte un vaso de agua a la cara el segundo día que te veía y que tú me tires la jarra entera.
El amor es que me ayudaras a reconciliarme con alguien que después demostró entenderme mejor que nadie.
El amor es masturbarte mientras conduces fuera de Madrid.
El amor es masturbarte en la sala de espera de una empresa de alquiler de coches que al final no nos alquiló nada.
El amor es que cada chica que conozco me diga que tenemos que volver.
El amor es que la imagen de nuestra última despedida en Atocha no se vaya nunca de nuestras mentes.



Pero el amor también es volverte gilipollas.
El amor también es entrar en el Facebook del otro porque no te fías de ella.
El amor también es morirte de celos cuando ves una foto con alguien que ya no eres tú.
El amor también es tener miedo de volver a expresar tus sentimientos.
El amor también es tratar de engañar al otro, sabiendo que eso es imposible para nosotros.
El amor también es que te busque en mil camas y que no aparezcas en ninguna.
El amor también es que sigas en Twitter a la chica con la que más hablo y que después digas que ha sido una casualidad.
El amor también es tenernos rencor..
El amor también es que tus amigos te manipularan para dejarme
El amor también es no encontrar fallos en tu pareja y pensar que los demás sí te los pueden dar.
El amor también es hacer grandes los fallos que jamás lo fueron tanto.
El amor también es que hubieras creído más en mi potencial.
El amor también es que yo hubiera confiado más en ti.
El amor también es no lograr fiarme ya de tus amistades.
El amor también es que me hubiera tragado mi orgullo para volverte a dejar pasar.



El amor es una mierda.

Ahora todo es demasiado fácil, quién no estuvo en las malas, aún no sé si se merece estar en las buenas, seguiré debatiéndolo con la almohada. Almohada que tú abrazabas pensando que me abrazabas a mí cuando estaba a casi mil kilómetros de ti

Pero lo que realmente importa: ¿Y ahora con quién me voy yo a París?


(…)

Como siga escribiendo estas entradas al final voy a salir a la calle mientras me caen pétalos de rosas. Con suerte se me pega algo y soy algo más ñoño en persona, que falta me hace.



--Hero