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viernes, 17 de abril de 2015

Descartes

Después me preguntaréis por Twitter por qué no enseño la cara en público, me imagino a la amiga de alguna de las que aparecen aquí descubriendo que fui yo el que se folló a su amiga y lo único que podría hacer es irme a las Bahamas y olvidarme de todo esto.
Aunque quién sabe, quizá hasta les gusta el rollo, no sería la primera que llora de emoción al leerse en una entrada, pese a ser mencionada por más cosas negativas que positivas.


Me encontraba en un buen momento, pero no contaba con que ella lo mejorara, no contaba con que después de tanto tiempo ella volviera a hablarme para saber qué tal estaba. Llamémosla M, la gran M de Sevilla

Siempre me he pseudoarrepentido porque cuando tengo pareja pierdo a muchas amigas, y digo pseudoarrepentido porque no puedo arrepentirme de ser fiel a mi pareja y dejar de tontear con otras, pero sí de perder a gente interesante por ello. ¿Qué queréis que os diga? Si tengo pareja es para follármela a ella, no necesito a ninguna otra.
El caso es que vuestro orgullo no sabe valorar muy bien eso, aunque vosotras os los perdéis si os vuelvo a hablar y aún sigue activo en vosotras semejante tontería.
Pero tú no, tú cambiaste, aunque fuera por un rato.

La verdad es que no sé muy bien qué es lo que buscaba, quizá aún estaba en la época esa en la que tenía la estúpida idea de que nadie superaría a mi ex y creía que follándomela a ella volveria de nuevo a la realidad, el caso es que acabé en Sevilla y en su casa.


(Sí, falta lo mejor, aún me falta explicaros cómo me la follo nos follamos).


--Hero



La última vez que hablamos

La última vez que hablamos...


Me dijiste que volverías a hablarme cuando fueras capaz de ser sólo mi amiga y yo me quedé esperando como un idiota.


Me di cuenta de que piensas que te hablé porque mi ego estaba por los suelos y eso es triste porque fue precisamente por todo lo contrario, nunca llegaste a conocerme.


Me pediste que volviera a Italia, que necesitabas volver a despedirte de mí, necesitabas volver a hacernos daño.


Me llamaste cari, medio en broma medio en serio.


Me pediste que te hablara de otras, que necesitabas saber a lo que te enfrentabas.

Me hablaste de tu nuevo novio.

Me bloqueaste.



¿Y contigo, qué fue lo último que nos dijimos o sentimos?



Creo que ya es hora para volver a ser yo mismo en este blog, para volver a contaros cómo olvido a ciertas personas durmiendo en la cama de otras. Al fin y al cabo, creo que ya no debo de ser un caballero con quien ya ha pasado año y medio o con quien han pasado más de cuatro. Por no hablar de que la tercera mujer de la que siempre os hablo está en Italia e ignora que escribo.
Además, debo de darme prisa, que hay un jabalí persiguiéndome para que no vaya tras nadie que no sea él. ¿Y sabéis lo peor? Poco a poco estoy dejando de correr, quizá me gusta la idea, tengo que aprovechar para contaros todo antes de que me coja.


El otro día hablando con una amiga me di cuenta de que todos vivimos una época en la que pensamos que nadie va a superar a nuestros ex, encontramos a personas perfectamente compatibles con nosotros, pero somos incapaces de sentir ese algo que hace a esa persona perfecta. A mí en este último año me ha pasado muchas veces, personas perfectas que me podían aportar todo, todo menos ese punto que nadie sabe exactamente qué es, pero que es lo que a mí particularmente me hace plantearme tener algo más que sexo y cuatro mimos con esa persona.
Me cuesta llegar a ese punto, y mirad que soy un gilipollas en potencia que en cuanto ve que una chica no es compatible conmigo la tiro como si de un pañuelo usado se tratase, ¿verdad?

Supongo que no es del todo malo hacer esto, si nunca vas a tener una amistad con esa persona veo totalmente absurdo seguir conociéndola, aunque quizá yo me pase descartando. Odio a esas personas que tienen a 50 posibles candidatos/as en su agenda, prefiero tener 5 y que esos 5 realmente sean gente compatible con la que sólo me falta ese punto especial. Y es que cuando ya has probado y probado lo de la compatibilidad lo sabes a los tres días, lo que te falta es lo otro, el punto especial.

A veces pienso que me gustaría ser como esas personas que simplemente con quedar durante dos semanas seguidas con alguien ya logran enamorarse, ya logran sentir ese punto especial que tapa todos sus fallos y los convierte en virtudes. A veces pienso eso, luego me doy cuenta de que prefiero probar a 200 y que de esas 200 me enamore de cuatro, tanto por ellas como por mí. Siempre he pensado que es mejor estar con alguien que te elige de entre 200 que alguien que te elige entre cinco, aunque a veces ni eso, a veces tú eres su única opción. ¿Cómo coño vas a saber que te gusta si sólo lo has conocido a él? Bueno, puede que a veces tengas esa suerte, pero no te engañes, lo que necesitas es una pareja y cuando tienes esa necesidad te aseguro de que es difícil elegir bien.

Aunque no dejemos atrás el tema de que soy un gilipollas, porque hay quienes critican a los demás porque dicen de él que es un gilipollas, él lo achaca a que tiene una personalidad con la que siempre dice lo que piensa. ERROR, eres gilipollas porque diciendo lo que piensas eres gilipollas, como lo soy yo, las dos cosas no siempre van unidas.

Dicho esto, preparaos, porque os voy a mostrar muchos de mis descartes, que dicho sea de paso también me han servido para olvidar, aunque entrando en un bucle de sentirme mal cada vez que me follaba a alguien nuevo teniéndome que follar a otra distinta para tapar los errores que cometí con la anterior. Ya no tengo que guardarle la cara a nadie de mi pasado, ya no me voy a sentir mal por escribir lo que escribo, ya no voy a pensar en ninguna de ellas, toca volver.




Atentamente,

El Gilipollas.

sábado, 28 de febrero de 2015

Cabrón

Nunca me he considerado un cabrón, pero no puedo venderlo como virtud, ya que nunca he tenido necesidad de serlo.

He tenido la suerte de que nunca he necesitado del sexo, pero no porque me sobre con quien tenerlo, sino porque nunca he tenido la necesidad fisiológica de salir de fiesta para meter la polla en caliente, como hacen muchos.

Creo que siempre he tratado bastante bien a las mujeres en general y mucho mejor a las mujeres en particular como pueden ser mis ex o chicas con las que he tenido algo más que un intercambio de mordiscos. He llegado al punto de no escribir en estas páginas por no hacer daño, o de guardarme historias para mí por el simple hecho de no joder a nadie, pese a que yo no debería salir demasiado mal parado en cosas en las que no he tenido culpa. Por supuesto uno siempre comete errores y sé de muchos que he cometido y de otros muchos que ignoro haber cometido, pero soy un santo para lo que podría haber hecho.

Esto se acabó, hoy al menos voy a ser un cabrón, voy a contaros una historia que estoy deseando escribir y soltar de una vez.

Hace años conocí a una chica, el caso es que no llegamos nunca a nada, ni siquiera nos dimos un beso, para colmo ni siquiera la he visto en persona en mi puta vida. Por cosas del destino dejé de hablar con esa chica, al poco tiempo una amiga de esa chica me habló, conecté bastante bien con ella, pero la cosa también se quedó ahí, ni siquiera le vi la cara en persona, al igual que con su amiga.

La primera chica me echó en cara que yo hablase con su supuesta amiga, amiga que ya no lo es tanto y que no me cuesta demasiado comprender el porqué. Supongo que es fácil echar la culpa a la persona que te gusta antes que preguntarle a tu amiga lo que está haciendo, más aún cuando ni siquiera he tenido NADA con ella como para poder marcar territorio con las chicas que me hablan.

Pues bien, esa amiga que me habló, no fue la única, ella se quedó en nada, como tú, pero hubo alguien más, una de tus amigas estuvo a cuatro patas toda la noche sin pensar ni un sólo segundo en ti, cuida más tu círculo y pide lealtad a quien debes pedírsela.

No quiero dar la identidad de su amiga, sólo quiero hacerle saber a ella y haceros saber a todos que no debéis fiaros de nadie, hay quien mira por ellos mismos y luego te venden otra cosa, es el momento de contar la historia.

Me va a ser complicado contaros la historia sin poder explicaros cómo es físicamente, pero es lo que hay, al fin y al cabo ni intentando ser un cabrón soy capaz de lograrlo totalmente. (Además así no sabrá quién es, que es más divertido).

También me va a ser complicado contaros cómo llegamos a ello, por lo que tendré que inventármelo un poco, o puede que cuente la historial tal y como pasó. ¿Quién sabe? Todo sea por no dar pistas.

Discoteca, Madrid, de madrugada.

Había ido con un grupo de amigos y no paraba de fijarme en una chica que creía conocer, me sonaba que era amiga de una amiga, sí, de esa que me echa todo en cara. Puede que estuvieran en un reservado, puede que simplemente estuviera con un grupo de amigos bailando, hay muchas posibilidades, pero para hacer más fácil la historia digamos que estaba con un grupo de personas y que notaba cómo ella también me miraba de vez en cuando.

Mi YO cabrón no estaba listo y como soy un buen chico me acerqué a ella para preguntarle si su amiga también estaba por aquí, a ver si así la veía cara a cara de una puñetera vez, aunque debo reconocer que si nunca lo hice fue en parte culpa mía.

- Hola, ¿no está A. por aquí? Pregunté.

- Pues no, hoy no ha salido, ¿quién eres?

Fue curioso su gesto cuando le dije quién era, también fue curioso que le dijera que era Hero Mermelada, creo que en mi vida me he presentado a alguien así en persona. Pero quedémonos con su gesto, quedémonos en cómo me miró de arriba abajo y en cómo se mordió el labio al segundo de terminar de follarme con su mirada.

La verdad es que físicamente me atraía bastante, su pelo, su vestido, su culo y demás partes de su cuerpo que no puedo nombrar, pero trato de no follarme a chicas que probablemente me traigan más problemas que soluciones.

Pasamos un rato separados de su grupo y yo del mío, notaba de vez en cuando miradas de sus amigos, más aún cuando ella no paraba de tocarme con cualquier excusa. La verdad es que fue fácil, ella se puso cachonda sólo al saber quién era, me debía tantos orgasmos que sólo de recordar el último que tuvo con mis escritos le hizo olvidarse de todo y pensar únicamente en que hoy quería probar mi polla. No la culpo.

Cada vez que le sacaba el tema de su amiga ella rehuía, hasta el punto de enfadarse y decirme que no estaba aquí, ni iba a venir. Fue ahí y después de muchas miradas y palabras subidas de tono cuando me lancé.

- Si no va a venir, ¿por qué no vienes tú a mi casa esta noche y me tachas de tu lista? Le pregunté.

- Nadie se puede enterar, prométemelo, me dijo.

Me había dicho que estaba en una lista suya de polvos que tenía que echar alguna vez en su vida, ella también podría estar en una mía, de tener yo alguna.

- Diles que te vas a ir a casa, que...

- Es temprano, van a decir que si me pasa algo, me cortó.

- Sólo van a pensar mal, y estoy seguro de que ese que no para de mirarnos te va a querer acompañar, pide un taxi y súbete, una vez te vea subir sola no va a pensar mal. Cuando estés dentro dile al taxista que vaya a X, yo te espero allí para subirme contigo e irnos juntos, le expliqué.

Pareciera que he usado estas tácticas toda mi vida, ¿eh?

...

El taxi paró donde yo me encontraba (cho, cho, chófer pare el taxi), me subí y ahí estaba ella.

Me senté a su lado y le dije al taxista la dirección de mi casa. Ella se acercó a mí y me hizo un gesto con la cabeza como diciéndome: ¿Ahora qué, eh?

Le acaricié la cara y me fui directo a por su boca, en un principio pensé que íbamos a devorarnos la boca olvidándonos por completo que estábamos dentro de un taxi, pero fue un beso tierno y lento. Sus labios se entrelazaban con los mios, sus dientes arañaban mis labios y su lengua buscaba tímidamente la mía.

Por fin llegamos a mi casa, pero antes debo hacer una mención especial para los taxistas de Madrid: Me salís muy caros.

Al cerrar la puerta nos quedámos mirándonos, desde luego en su mirada no había ningún detalle que me hiciera creer que le importaba su amiga, ahora mismo sólo pensaba en que alguien le arrancara ese vestido ceñido, a tirones.

Me acerqué a ella y le empecé a comer la boca, aprovechando para poner mis dos manos en su culo y estrujarlo bien fuerte mientras tiraba de ella hacia mí. Sin parar de comernos la boca, de devorarnos, fui acercándola poco a poco hasta una pared, hasta que su espalda dio contra ella y mi cuerpo se apretó aún más fuerte contra el suyo. Sabía genial, sus labios eran una auténtica maravilla, y su olor, ese olor a...

Seguimos durante un buen rato comiéndonos la boca y bien apretados contra esa pared, haciendo algunas pausas para apartarle el pelo de un lado de su cuello y clavar mis dientes en él como si de un vampiro se tratase.

Ella me apartó y se giró, apoyando las manos contra la pared, agachándose un poco y sacando el culo. La verdad que lo que más me apetecía era subirle el vestido lo suficiente para poder apartarle el tanga y meterle la polla hasta correrme dentro, pero me contuve, quería darle su "polvazo".

Le agarré de la cintura y me apreté a ella por detrás, ella se incorporó y yo aproveché para comerle el cuello desde atrás, mientras su culo no paraba de moverse y apretarse contra mi polla, poniéndomela cada vez más y más dura.

Mis manos subían de su cintura hasta sus tetas, después volvían a bajar e intentaban colarse entre sus piernas, pero sus movimientos de caderas no me dejaban. Para colmo sus gemidos y el sabor de su cuello me estaban matando, tenía ganas de reventarla, tenía unas ganas increíbles de notar el calor de su coño abrazando mi polla.

Le agarré de la mano y la llevé hasta mi habitación, ella me hizo sentarme en el borde de la cama y se puso sobre mí. No paraba de besarme y yo no podía parar de hacerlo, estando ambos escondidos bajo su pelo. Mis manos pasaron de su cintura directas a su culo y se lo estrujaron, apretándola más contra mí y moviéndola para poder lanzarme a su cuello.

Se lo empecé a comer, ahora ya no se lo mordía o arañaba con mis dientes, ahora se lo lamía y besaba sin parar, podía notar en su vena cómo sus pulsaciones no paraban de subir mientras mi boca no paraba de recorrer toda su piel.

Se me quitó de encima y se desnudó, quedándose en ropa interior, me hizo quitarme la camisa y se puso de nuevo sobre mí, sólo que al revés, dándome la espalda y sin parar de rozar su culo en mi polla. Le desbroché el sujetador y ella lo lanzó a un rincón de la habitación, me agarró las manos y me las llevó a sus tetas. Yo las agarré y empecé a jugar con ellas, mientras mi cabeza besaba su hombro derecho y ella dejaba caer la cabeza hacia atrás para poder comerle mejor el cuello.

Mis manos no paraban de acariciar sus pezones, de bajar a su cintura y de volver a subir a sus tetas.

Se levantó y se puso a quitarme os pantalones a tirones, acto seguido me hizo tumbarme y ella se puso sobre mí. Empezó a apretarse contra mí, a rozarse el tanga contra mi polla, a apretarse contra ella sin parar, a girarse, a saltar sobre mí.

Agachó su cabeza y empezó a comerme la boca mientras una de sus manos entró en mis bóxers y agarró mi polla, empezando a masturbarme. Paró de besarme y fue bajando por mi pecho hasta llegar a mis bóxers, donde empezo a darme mordisquitos en la polla a través de ellos.
Por fín me los bajó, me la agarró y pasó su lengua de abajo a arriba lentamente, quería que yo lo viera. Una vez en mi punta la apretó suavemente entre sus labios y empezó a acariciarla con ellos, mientras con una mano me la masturbaba lentamente. Su lengua empezó a hacer círculos sobre la punta y despúes se la fue metiendo en la boca, apretándola entre sus labios.
Empezó a comérmela y yo empecé a gruñir, para colmo me la estaba dejando llena de pintalabios rojo y yo no podía estar más cachondo. De vez en cuando se la sacaba de la boca y me la lamía mientras me miraba, asegurándose de que me gustaba aquella imagen. También se la rozaba por la cara y me daba besos en ella desde un lado.

Le indiqué con la mano que subiese a mi boca y ella accedió. Empezamos a comernos la boca bajo su pelo, esta vez sí nos devorábamos, nos mordiamos y lamíamos. Yo saqué la lengua de mi boca y ella me la empezó a lamer y chupar con sus labios, todo esto mientras la tenía en tanga apretándose en mi polla, cada vez con más ganas de metérsela.
Mientras nos comíamos la boca le estrujé el culo, le aparté un poco el tanga y estirando un poco los dedos empecé a masturbarle. Estaba completamente calada.
Giramos en la cama y me puse sobre ella, empecé a besarle la boca y el cuello mientras una de mis manos jugaba con la goma de su tanga.

Ahora me tocaba a mí.

Baje besando sus tetas, lamiéndolas y dándole pequeños mordisquitos.
Seguí bajando...


Empecé a tirar de la goma de su tanga con mis dientes, coloqué la cabeza entre sus piernas y seguí lamiéndole el interior de los muslos, dándole besos en ellos de vez en cuando. Con su ayuda de un giro de caderas le quité el tanga. Ella abrió las piernas, esperando a que yo me lanzara a comérselo, pero lo que hice fue agarrarle las piernas, juntárselas y empujar sus rodillas hacia sus tetas.
En esa posición pasé mi lengua entre los labios de su coño lentamente, después volví a repetir el movimiento, y otra vez, y otra... Le solté las piernas y ahora sí me puse entre ellas, mi lengua empezó a jugar con su clítoris y mis labios empezaron a jugar con los suyos, para colmo empecé a introducirle dos dedos y a masturbarle rápidamente con ellos. Sus gemidos no paraban, mis dedos cada vez iban a más velocidad y yo cada vez me estaba mojando más con ella, llegó un punto en el que la cama tenía una gran mancha bajo ella.
Paré de comérselo y me fui a sentar en su pecho, le acerqué la polla a la boca y se la empecé a rozar por ella, ella me hizo parar y comenzó a comérmela de nuevo. Se la saqué de la boca y volví a rozársela. Bajé por su pecho y empecé a rozármela en su coño, justo entre sus labios. Le daba golpecitos con ella, que notaba lo dura que me la había puesto, me la rozaba entre sus labios sin parar, apretaba la punta en lo más alto de su coño y bajaba rozándomela hasta su entrada, así un par de veces. Al final me quedé en su entrada, le metí la punta y empecé a moverla de un lado a otro, volví a sacársela y empecé a darle golpes de nuevo. Ahora sí, le metí la punta y se la fui metiendo lentamente hasta que la tenía entera dentro.
Empecé a follármela estando yo de pie y ella tumbada, pero su boca y su mirada me llamaban para que me pusiera sobre ella y le comiera la boca, así hice. Me puse encima y ella instintivamente me abrazó entre sus piernas, apretándome contra su cuerpo. Empecé a besarle mientras sus manos no paraban de acariciar toda mi espalda, mis dientes se clavaban en sus labios y mis manos no paraban de recorrer desde sus caderas hasta su cara.
No podía parar de metérsela, su coño me la abrazaba a la perfección y para colmo estaba completamente calada. Seguí encima durante unos minutos, metiéndosela cada vez más rápido y fuerte, hasta que ella me dijo que quería ponerse encima.

Se puso sobre mí y la verdad es que la imagen me puso la polla más dura aún, con el pelo totalmente alborotado, sudada, respirando por la boca y con ese cuerpazo mirándome firmemente a los ojos mientras me agarraba la polla y se dejaba caer sobre ella.
Al volver a entrar en su cuerpo solté un gruñido y ella giró la cabeza hacia atrás de placer, después me hizo colocar las manos sobre mi cama y me agarró ambas manos con cada uno de las suyas. Empezó a follarme despacio, movimiendo la cabeza de un lado a otro y dejando sus tetas botar arriba y abajo, yo tenía ganas de algo más fuerte y rápido, pero me estaba matando de placer. Me soltó las manos y se apoyó en mi pecho, entonces empezo a mover su culo junto con sus caderas y empezó a follarme muchos más rápido, yo empecé a gruñir de placer acompañando sus gemidos.
Me incorporé en la cama y quedamos ambos sentados, ella seguía moviéndose con mi polla dentro mientras yo le comía las tetas y le agarraba del culo.
Me puso las dos manos en el pecho y me indicó que me tumbara, bajó su cuerpo junto al mío y siguió follándome mientras nos comíamos la boca. Yo aproveché que estaba sobre mí para abrazarla con mis brazos, apretarla a mí y empezar a follármela desde abajo, sus gemidos cada vez eran más altos y yo cada vez le daba más fuerte.

Se la saqué y le indiqué que se pusiera a cuatro patas, que tenía ganas de algo más fuerte.

Se puso a cuatro patas y abrió las piernas, la verdad es que la imagen de su coño abierto de par en par y calado como lo tenía, haría heterosexual hasta al más gay de todos. Se la metí y empecé despacio, mis manos estaban en sus caderas y fui aumentando el ritmo, hasta que me apeteció darle bien fuerte y con una mano le tiré del pelo, haciendo que ella tuviera que echar la cabeza hacia detrás. Ahora le estaba dando súper duro, cada vez que se la metía pegaba un grito, ya no eran gemidos. Le solté una palmada en el culo y ella me acompañó el golpe con un gemido, se la volví a dar y volvió a gemir, mientras yo no paraba de meterle la polla.

Más, dame más fuerte, me dijo.

Le volví a dar y seguí metiéndosela más fuerte. La mano que tenía libre y que usaba para darle palmadas en su culo la coloqué en su hombro, y con la que le agarraba el pelo la giré de tal manera que ella se viera obligada a girar la cabeza y así yo poder verla.
No podía parar de metérsela, y de métersela muy fuerte y rápido, sus gritos me estaban dando unas ganas de correrme increíbles y así se lo dije. Ella me dijo que la avisara antes. Seguí metiéndosela mientras le tiraba del pelo y mientras con la ayuda de mi mano en su hombro se la metía hasta el fondo, hasta que le avisé que iba a correrme.

Ella rápidamente se giró y comenzó a chupármela, a lamérmela. Yo estaba a punto, no quería decirle nada, simplemente tenía que agarrármela con una mano y ella misma lo iba a conseguir. Así hizo, empezó a masturbármela mientras dejó mi punta dentro de su boca y su lengua jugando con ella.

Me corrí dentro de su boca y ella siguió comiéndomela, supe en el momento de correrme que ahí no iba a terminar la cosa. Me la agarré y empecé a darle golpecitos por su boca para que no me bajara lo más minimo, pude ver cómo ella se tragó mi corrida.
Le hice tumbarse en la cama y empecé a follármela de nuevo, el morbo, su cuerpo, sus gritos y todo el ambiente que se había generado alrededor de esa noche hicieron que no pudiera parar de follármela y que a los dos días tuviera unas agujetas que pocas veces he tenido.


La cosa se quedó ahí, ni siquiera nos pedimos el número ni volvimos a hablar, ella me tachó de su lista y yo... Digamos que me divertí y ya.




¿Ves cielo? Esto es ser un cabrón, no dejar que una de tus amigas me hable, sino follármelas y no contárselo a nadie. Aunque ahora es curioso, porque a ti ni te he visto y a ella me la he follado, por lo que en mi lista de personas a las que respetar ella estaría antes que tú.

Por cierto, espero que no seais como esas amigas que se saludan con un pico, porque sé que la viste a los pocos días y en caso de que os saludéis así besarla hubiese sido como darme un beso a mí directamente en la polla.

Besos,

Hero

domingo, 1 de febrero de 2015

Jara

¿Cómo quieres que te hable de lo que hago con otras si con otras sólo hablo de ti?






Los poetas dirían que no eras la más guapa, pero que eras suya, yo diré que sí eras la más guapa y que además de eso, eras mía. Los poetas dirían que eras su chica del metro, esa que te hace ir siempre a la misma hora para encontrártela sentada en el andén, yo diré que ni la chica más guapa del metro se acerca siquiera a lo que tú eres, y que al andén, te llevaba yo.



Los poetas están locos y no saben lo que dicen,
y yo no sé nunca lo que digo,
pero al menos sé el motivo por el que te escribo.


Al principio del final acoracé mi corazón pensando que así resistiría todos tus embistes, sin darme cuenta de que lo que me atacabas era la mente y no ese órgano que pese a quien le pese sólo sirve para bombear sangre. Supongo que uno a veces tiene que equivocarse, tiene que darse de bruces contra "chicas medicina" que de algún modo extraño te engañaron para tener algo más, para un algo más de alguien que sólo cura las heridas que otra dejó, que tú dejaste.

Aunque, ¿cómo voy a hablar de heridas si fui yo quien nos hirió? Quizá la inseguridad en un hombre es más peligrosa que en una mujer, nosotros no sabemos controlarla y algunos quizá no estamos acostumbrados a no tener todo lo que queremos tener.

Tú eras Madrid,
Madrid era yo contigo.


Algún día os tendré que hablar sobre cómo una mujer puede llegar a enamorarme sólo por su forma de vestir y cómo a la inversa puede causar un verdadero estropicio en cualquier posible relación que fuera a tener con ella. Porque os diré algo, vuestra ropa nos hace tener una idea en la cabeza de cómo sois y muchas veces atrae más cómo pensamos que es alguien a cómo es realmente.

Su rollo, sus ojos, su boca, sus piernas y su acento de Málaga. ¿Qué más podía pedir? ¿Qué más puede pedir cualquiera? Quizá un Ferrari, pero entonces la gente miraría el coche y se perdería lo que llevaría dentro de él, se perdería a una castaña de ojos verdes de un físico increíble y de una mente inigualable.

Qué peligrosas son las mentes atractivas, incluso para nosotros, esos que pensáis que sólo vamos tras tetas operadas y tras los problemas de estar cada día en una cama. Supongo que es algo con lo que jugar, jugar con la idea que cada persona tiene de ti, aunque ni tú mismo sepas cómo eres.
Al menos sé cómo eres tú y sé que para tener tu mente, tu boca, tus ojos, tu cuerpo... Tuviste que hacer el pacto de que ibas a sufrir por amor y por algún gilipollas que se ha dado cuenta que ha recibido en estos últimos años lo que algún día te hizo recibir a ti.
Hiciste el pacto de que pese a que todos te querrían por fuera, por dentro sólo eras de una persona y pese a que pienses que es un gran fallo te diré que las personas que sólo somos de alguien, somos personas espectaculares.


Entrada cariñosa, no demasiado pomposa, sin nombrar mi polla o tu culo, mezclada con Madrid, sin foto de una chica y con un toque de mí. ¿Me das el aprobado? El resto se tendrá que imaginar tus ojos verdes y no te imaginas cuánta pena me da que nadie pueda verte como yo te veo.


Sólo te pregunto y os pregunto a vosotros: ¿Si no necesitamos sexo por qué follamos?


...y es que Jara, 
aunque pasen los meses,
aunque pasen los años,
tú siempre serás la primera,
tú siempre serás Madrid,
mi Madrid.


--Hero

domingo, 28 de diciembre de 2014

Eme

Terminaré estos tres últimos relatos a la vez y es que de algún modo estos tres últimos relatos están relacionados entre sí.
Ahora toca hablaros de mi pasado más presente, toca hablaros de Eme, toca hablaros de Marta.


Muchas veces me he preguntado cuánta culpa tendrán las frases hechas y las películas a la hora de que nosotros, los tontos de a pie, no tomemos ciertas decisiones. ¿Cuántas decisiones tomamos realmente nosotros? Ya volveremos al tema.
Con ella me pasó lo mismo que con otras dos chicas, una es mi mujer del momento y la otra es la dueña y señora de este blog, porque aunque lo escriba yo el diseño es puramente suyo.

¿Qué me pasó? Que todo me salía a pedir de boca, de algún modo extraño notaba una cierta conexión con ellas que sabía perfectamente lo que pensaban en cada momento, incluso sabía cosas que les habían ocurrido en su vida o cuándo, mientras hablábamos por Twitter o Facebook, se estaban relamiendo o mordiendo el labio por mí o incluso les engañaba para decirles que miraran hacia atrás y yo sabía cuando lo hacían.
Puede pareceros algo normal, pero he conocido muchísimas chicas y os aseguro que de todas ellas esta extraña conexión sólo la he tenido con ellas, quizá podamos añadir una morena más, pero ya está, el tanto por ciento sigue siendo muy bajo, sin llegar ni siquiera al 1%.
A simple vista parece una ventaja tener esa conexión con alguien, saber todo lo que piensan, conseguir ser especial para ellas porque ellas también notan esa conexión que no pueden explicar. Aunque quizá las películas y las frases hechas sí tengan razón aquí, y es que cuando todo es demasiado fácil, al final nos cansamos, y de algún modo eso es lo que me pasó a mí.
De algún modo me agobié de la rubia que ilustra mi blog al verlo todo tan fácil, igual que me relajé en mi relación con Marta en la que hasta que no me dejó creo que no me enamoré, para colmo ahora me pasa lo mismo con Helena aunque al menos tengo la "ventaja" de que sé que lo nuestro es imposible.

Películas, frases hechas... Siempre es más fácil ver lo bueno y lo malo en los demás, fijarnos en la mayoría, fijarnos en lo que otros dicen para que así nuestras decisiones no parezcan tan erróneas si la cagamos.

Las segundas partes nunca fueron buenas.

Las segundas partes no son buenas si ya de por sí la primera película es mala, ¿pero y el resto? ¿Y Star Wars, El Señor de los Anillos, Harry Potter o incluso Matrix?

Creo que hasta aquí todo claro, confío en que al menos conocéis una de esas películas para poder seguir con mi crítica y sino, estoy seguro de que algún chico que conozcáis estará encantado de verlas con vosotras, ya que aunque no os lo creáis son esas las películas que nos gustan y no "El diario de Noah" y similares.


Llega un momento en el que nos escudamos en los demás, nos hemos saltado esa parte de que las segundas partes son malas, ahora sabemos que no siempre lo son, por eso es ahora cuando pensamos en las posibles consecuencias de hacer una segunda parte. Es cuando pensamos en el qué dirán, pensamos en nuestra familia  en los impedimentos que pondrán, pensamos en nuestros amigos y pensamos en todo lo que contamos sobre esa persona que ahora podría volver a nuestra vida. Aquí es cuando realmente está el gran paso, cuando nos enfrentamos a todo y todos por una persona que hace tiempo fue la persona más especial y que ahora realmente no sabemos quién es, eso es magia.
Supongo que por estas razones nunca le hablé a mi familia de Jara, ni siquiera saben que existe. Viva la ignorancia, sobretodo si es la de los demás con respecto a ti.

Complicado dar el paso, ¿verdad? Quieres a una persona y ahora sólo te paras a pensar en lo complicado que es todo de nuevo, sabes que quieres estar con esa persona, pero te da miedo el qué dirán y al final es posible que pierdas una oportunidad de oro por gente que trata de controlar tu vida y que para colmo, la controla.
Supongo que debe ser muy dura la vida de alguien débil, de alguien que siempre necesite de películas, de frases hechas o de la opinión de otros para saber que es lo que realmente quiere él, porque al final está viviendo la vida que otros quieren para él, en lo bueno y por supuesto también en lo malo.

Por supuesto estaba generalizando, aunque creo que podría singularizar también, pero no creo que ese "singular" en cuestión siga todos los puntos uno por uno, espero que no, porque espero que ya no tengamos esa conexión en la que yo me relajé y con su ayuda lo echamos todo a perder, ahora no quiero estar relajado ni cuando estoy sentado en el váter, quiero estar alerta, siempre alerta.

La verdad es que me pregunto muchas veces cuántas relaciones no volverán a ser las mismas simplemente por cosas que pensamos que le otro piensa y que muchas veces no hace. Cuántas personas seguirán enamoradas y no vuelven a intentarlo porque creen que el otro no le echa de menos sin siquiera habérselo preguntado. Incluso me gustaría saber cuánta gente ha mentido al decir que ya no quería a una persona por miedo a quererlo incluso más que antes, sin saber que una respuesta positiva hubiese desembarcado en un cuento en el que siempre quisieron vivir como protagonistas.

Al final todo se resume en miedo, en pensar que la otra persona hace o piensa cosas que realmente no son así.

Piensa mal y acertarás.

¿Qué os decía? Las frases hechas hacen mucho daño y esta vez para singularizar un poco os diré que en esta situación me siento tan culpable como en mi primera relación, ya que ella me pidió que la esperara hasta junio y de algún modo casual o no, ella volvió en esa fecha. Fue entonces cuando ella se hizo ideas en su cabeza y puso sus defensas por creer que los éxitos en mi vida dependieron de que ella se alejó de mí, supongo que todos nos autoengañamos a veces, incluso yo lo hice, todos tenemos culpa de lo que nos ocurre.
Supongo que yo no valoré lo suficiente su intento de venirse a Francia conmigo, ni sus llamadas borracha, ni llamarme por teléfono hasta las tantas de la mañana cuando ni siquiera teníamos ningún tema de conversación. Aunque de algún modo yo también tengo culpa de todo lo que pasó, Helena tiene culpa, este blog tiene culpa, la distancia tiene culpa y esta vez ya no teníamos fuerzas o simplemente las escondimos para vete tú a saber qué, y es que esta vez sí que la cagué yo y no ella.
Supongo que yo también sigo esas frases hechas y las películas, me gusta complicarme la vida y algo que probablemente hubiera sido sencillo si ambos hubiésemos dado aquel gran paso del que he hablado antes, al final se convirtió en una cagada monumental. De los errores se aprende, porque al fin y al cabo es de mis fallos de los que más me acuerdo.