¡Sígueme en Twitter!

domingo, 24 de abril de 2016

Puntos débiles

Supongo que mientras sepa qué personas son mis puntos débiles y logre tenerlas alejadas, todo irá bien. Va por ti.





Este relato no tiene nada que ver con el que empecé a las 9 de esta mañana, de nada ha servido ver una foto para quitarme las ganas de escribir sobre ella, porque ha sido volver a dormirme y volver a soñar con ella.
Como decía, de nada ha servido fijarme en su foto de WhatsApp, no sé muy bien por qué, y ver en ella como ya es casi un clon de su madre hasta eligiendo gafas de sol. Bueno, en realidad miento, eso me había servido hasta que me volví a dormir.
La verdad es que soy una persona que le busca la lógica a todo, algo que a nivel profesional va bien, pero no tanto cuando hablamos de temas más subjetivos como lo son los sentimentales.
El caso es que hace un tiempo soñé con que dejaría a mi pareja en marzo, algo que lamentablemente o quizá no, sucedió. También he soñado con alguna que otra chica que luego se ha cumplido lo que allí sucedía. Yo no elegí ser un NostraHerodamus de los sueños, pero tendré que lidiar con ello, ¿no?
El caso es que el relato trata sobre lo mismo, pero creo que ya es justo ponerla a ella como protagonista, ya que al fin y al cabo quien me hace soñar dos veces con ella y de forma seguida se merece algo más que una entradilla.

No, ella no es Madrid, ella tampoco es Barcelona, ni Reus, ella es ella y eso le sobra y le basta.
Ella es la única mujer y yo diría que incluso persona sobre este planeta que tiene el poder de destruirme, algo así como la kryptonita, ejemplo muy bueno ya que cuanto más me acercaba a ella más débil me volvía, el problema es que era imposible no hacerlo.
Cuando uno tiene una relación en la que tiene que luchar contra todo y todos al final se cansa, pero son ese tipo de relaciones imposibles de olvidar, donde sabes que has dado todo y te has matado hasta el final, incluso dejando parte de ti en el trascurso de la misma, parte que nunca vas a recuperar.
He huido otra vez, cada vez que tengo problemas en el corazón huyo a Estrasburgo, supongo que al fin y al cabo hay que tener una suerte inmensa para poder hacer esto cuando uno lo necesite, algo así como un respiro de la vida. También hay que tener una suerte inmensa de poder hacer esto y seguir trabajando, aunque a nuestro amigo Montoro con que le pagues, le da igual lo que hagas y desde dónde lo hagas.
Dicen que huir es de cobardes, pero para mí lo cobarde es quedarme parado en el mismo sitio siempre, esperando que sea mi alrededor el que cambie sin yo hacer nada al respecto. Hay dos formas de ver esto, el que se decide por cambiar él mismo su entorno avanzando aún sin saber una dirección y el que se queda parado, esperando que sea el mundo el que gire y le traiga cosas nuevas. No está mal lo que te trae a veces el mundo, pero qué queréis que os diga, me encanta ser yo el que busque.

Pare Don Hego, que este relato va sobre Marta.

Soy de inspirarme en lugares y no en personas, pero con ella siento algo especial, un vínculo que me hace poder escribir sin problemas, es algo así como una musa que me hace volverme lo suficientemente melancólico como para poder escribir, porque para quien se dedique a esto de escribir sabrá que las mejores obras llegan cuando no estás mentalmente en el lugar en el que tu culo está aposentado, sino cuando estás enfadado, triste, melancólico o incluso a veces feliz.

Es la mujer de mi vida, cada vez lo tengo más claro, aunque es imposible ser totalmente objetivo en este tema y más viendo la decepción tan grande que me he llevado con la última, pese a ser yo quien se quisiera alejar. Aunque siendo sincero, sé que la dejé por Marta, ya que no quería vivir una situación igual en la que salir totalmente reventado, supongo que de algún modo en esto debería darle las gracias, aunque no tenga ni idea de estas letras.
Pues sí, es la mujer de mi vida, es esa que recuerdo cómo movía el culo cuando quería algo más allá de los besos, a la que no le gustaba que le cogiera el pelo y lo rozase en su cara, a la que le daba dentera la piña, a la que masturbaba con mi rodilla, con la que los “besos de estación” nacieron. Incluso aún recuerdo el sabor de su coño, su olor, la ternura de su boca y de su lengua y el calor de su cuello.
Pero… También era la mujer que se dejaba manejar como una auténtica marioneta por su madre. Suficiente pega para que todo lo demás se vaya a la mierda y suficiente motivo para mí para que se quede como esa relación en la que midiendo su pasión creo que es la relación perfecta, incluso con su sinceridad excesiva y malos ratos.

¡Ha sido la única mujer por la que he llorado!

Potencial… La verdad es que en las carreras de caballos uno siempre se queda con los caballos que cree que más adelante ganarán o harán podio, esos que verás antes que nadie porque tú fuiste el que percibió algo en ellos que nadie más logró. Con ella era igual, una chica con un potencial jodidamente enorme a la que el jockey (en este caso su madre) tiene frenado y probablemente sea así siempre, ya que cuando uno se acostumbra a algo, de nada sirve si nunca nos dejan libres.
De nada valdrá ver algo en un caballo si el que lo domina es un inútil que no sabe manejarlo, supongo que ese es el problema, hay mucha gente que vive con el peso de un jockey sobre ellos, un jockey que ya de por sí no tiene ni puta idea de cómo manejarlos, la solución a todo esto es probar sin jockey, ya que al fin y al cabo al vivir a los mandos de uno te la juegas a que éste sea un completo inútil.
Me miraba mientras dormíamos juntos por primera vez, lo que aprovechó para hacerme una foto y ponérsela de fondo de escritorio. Supongo que esa foto define perfectamente lo que fue nuestra relación, alguien dormido y otro alguien ilusionado, aprovechándose de que el otro está dormido, aunque lo que queda claro es que maldad no hubo ninguna.

Teníamos Madrid a nuestros pies en el sentido más literal y metafórico de la frase, ya que en aquel momento juntos éramos invencibles, además nos encontrábamos en la planta veintitantas de un conocido hotel de la capital.
Estábamos tumbados en la cama y ella movía su culo de lado a lado esperando que yo me diera cuenta que quería algo más que abrazos.
(Creo que voy a empezar a hablar con todas mis amigas francesas antes de continuar para que se vayan preparando esta semana, porque este relato va a autodestruirme y solo ellas van a poder volver a juntar mis pedacitos).

Le acaricié la cara y comencé a besarla lentamente, sin hacer uso de la lengua, únicamente nuestros labios se mezclaban, con algún que otro arañazo de nuestros dientes, pero todo despacio, dejando pasar el tiempo, como en esos besos de película a los que ponen una música distinta.
Le agarré de la carita y seguí besándola, ambos nos estábamos fundiendo en un abrazo y nuestros cuerpos casi desnudos se empezaban a entrelazar, con nuestras piernas jugando entre ellas para notar el roce de nuestra piel.
Pasé a besarle el cuello, para volver a pasar a su boca.
Dicen que el reloj de arena tiene esa forma porque alguien lo estrujó tratando de parar el tiempo, quizá yo mismo lo hubiera hecho en aquel momento.
Me coloqué sobre ella y le bajé el tanga hasta que se lo saqué por los pies. Entonces me llegó aquel olor inconfundible, aquel olor a deseo, incluso podría decirse que aquel olor a amor. Tengo buena memoria, pero os aseguro que no me acuerdo del olor a coño de cualquiera, pero el suyo es inconfundible, me lo comería con los ojos cerrados sin dudar que es el suyo.
Empecé a darle besos por las piernas, besos tiernos, mientras sonreía y la miraba…

- Voy a hacerte el amor, le dije.

Y se lo hice, vaya que si se lo hice…

Supongo que aquí es donde algún día que me vea con tiempo y fuerzas relataré lo que hicimos, y digo “hicimos” porque no siempre follas, a veces te follan.

Chicas, y me dirijo a vosotras porque soléis ser las más sobreprotegidas por todo el mundo.
QUEREROS, y con esto podría enumerar mil y una razones para que lo hagáis, pero ese simple verbo os debería bastar, ya que si no os queréis vosotras al final siempre vais a tener esa sensación de vacío por dentro por mucho que intentéis llenarlo con personas.

viernes, 25 de marzo de 2016

Muñecas rotas

Qué cobarde es el tiempo que tan rápido huye, que tan rápido trata de hacernos ver que da igual lo que pase que al final todo se olvida.
Ojalá se pudiera olvidar tan fácil, simplemente cerrando los ojos y apretándolos lo suficientemente fuerte como para que nuestro pensamiento se centre en esa plena oscuridad según hacemos más y más fuerza. ¿Pero entonces de qué coño íbamos a vivir?

Me encantan las muñecas rotas, esas que cortan y te hacen sangrar cuando intentas juntar esos pedazos, esas que logran incluso romperte pese a que toda la vida pensaste estar hecho de diamante. Los amantes de las causas perdidas somos así, nos encanta lo que nos hace daño porque de algún modo eso nos hace sentir y nos engañamos a nosotros mismos al pensar que sintiendo dolor ya somos superiores al resto de ignorantes que son incapaces de sentir nada.

Bueno, es un modo de verlo, cada uno se jode la vida como quieres, ¿no?
Imagina ser una persona normal, imagina que cuando tuvieras un problema sentimental se lo contaras a alguien de tu alrededor y ellos realmente te entendieran, imagina que fueras de esos que habla con los demás de sus problemas pensando que te van a ayudar a solucionarlos cuando tú y yo sabemos que simplemente lo haces porque quieres hablarlo con alguien y que confías entre cero y nada que esa persona sea capaz de ayudarte, ya que para eso primero tendría que entenderte. (Respira, que no he puesto comas).

La verdad es que pese a ser un enamorado de las muñecas rotas no empecé así, pero quizá los hombres tenemos ese problema, que pese a ser unos auténticos gilipollas nos encanta creer que podemos ayudaros y uno se hace adicto a eso, supongo que en parte es como esa extraña idea que tenéis vosotras al pensar que podéis cambiarnos.
Te has pegado la gran hostia, ¿verdad? Espero que sí, ya que todas las que te pegues ahora no las vas ni a notar, incluso habrá veces que busques tú mismo esa hostia, ya que de vez en cuando te apetece sentir que aún tienes la oportunidad de perderlo todo.

Esta vez la hostia me la he pegado yo y aunque llevaba un copiloto que me guiaba, he sido yo el que ha tomado la dirección del choque, la dirección en la que sabía que el copiloto saldría despedido de mi lado. Y ahora estoy aquí, pensando en qué es más fácil, si dejar a alguien o que te dejen, al menos cuando te dejan puedes hacerte la víctima, pero cuando dejas siempre vas a tener esa puta sensación de haberla cagado. Bueno, hasta que te defraudan, entonces todo pasa a darte igual y vuelves a sentirte ese ser inerte que se sabe superior al resto por el simple hecho de que tú sientes lo que crees que nadie más hace.

Huyamos, me dije, huyamos de nuevo, corramos más rápido que el tiempo.
Siempre me ha sido fácil huir, cuando era pequeño podía elegir entre varias casas según me seguía incómodo en una, ahora para colmo puedo hasta cambiar de país, supongo que cuando uno se lleva tantas hostias se vuelve más independiente y lo único que necesita es un cambio de aires donde nadie lo conozca.


Me quedan poco más de 10 días en España y la verdad es que cada vez que me alejo creo que una parte de mí se va quedando en cada sitio del que huyo, supongo que yo también estoy roto. De lo que estoy seguro es que corto y mucho, quizá debería plantearme avisar de que lo hago, eso o facilitar unos guantes a quien no quiera perder algún dedo.
Entonces te paras a pensar, curiosa expresión la de “pararse a pensar” cuando pensar no es más que ser capaz de moverte. ¿Y ahora qué? Otra vez una fila de chicas una tras otra para hacer olvidar a otra muñeca rota, otra vez huir, otra vez esperar a que alguien tenga los huevos de plantarse delante y decirme que ella no está aquí para hacerme olvidar, sino para darme motivos para recordar.
Sin lugar a dudas es más duro dejar a alguien, pero más duro es no saber los motivos exactos por lo que lo hiciste. ¡Me estoy volviendo un Marta en tío!

Y claro, avisas a tus amigos franceses. ¿Y ahora qué? Me pregunto por qué no nací en otra época en la que pudiera elegir un guía espiritual para darme solución a todos estos problemas, sería sencillo que alguien llegara y me dijera lo que yo ya pienso, pero no tengo huevos a decirme.

Bueno, qué. ¿Follamos muñeca rota?
Adelante, muñeco roto.


Una habitación parcialmente iluminada con unas vistas de escándalo, con una cama gigante de esas que siempre te preguntas cómo coño metieron por la puerta. Decoración moderna con la luz a medio gas que ofrecían ese ambiente erótico que todos necesitamos a veces.

La muñeca rota estaba tumbada sobre la cama y debo deciros que para ser una muñeca rota era preciosa, aunque supongo que ese es el problema de las muñecas rotas, que todas lo son.
Se acurrucó a un lado y apagó la luz, con lo que el ambiente erótico se apagó con ella.
Me acerqué por detrás y pasé la punta de mis dedos por su brazo.


- Eres especial, le dije. Esa frase que los hombres jamás usamos.
- Como las quince anteriores, me contestó.
- Las quince anteriores no me producían esta sensación que me produces tú, le dije.
- Díselo a quien se lo crea, contestó.
- Ahora es cuando se suponía que me ibas a preguntar sobre esa sensación.
- No vas a arreglarlo con palabras, al menos esta vez.
- Entonces déjame arreglarlo... Así, le dije mientras le besaba el cuello y lograba que se estremeciera.
- Para, me dijo mientras en su voz se notaba que su cuerpo intentaba luchar contra su mente y dejarse llevar.
- Eso podría decirte yo a ti.
- Yo no estoy haciendo nada, me dijo.
- Estás aquí, tumbada en esta cama mientras tu mente trata de darte razones para no estar conmigo.
- Al revés, mi mente busca razones para estar contigo, dijo mientras se giraba y me miraba a los ojos.

Era de noche y no había luz más que la que entraba por el gran ventanal, pero podía apreciar perfectamente sus ojos clavándose en los míos, no sé si realmente era capaz de verlos o era algo más mental.

- Pero sigues aquí, supongo que aún no te ha dado las razones suficientes para que te vayas.
- En todo caso para que tú te vayas, que he pagado yo, me dijo mientras intentaba sonreír.
- ¿Eso ha sido una broma? ¡Vaya! La próxima vez voy a tenerte que besar el cuello antes.
- Deberías, me dijo mirándome la boca.
- Hay cosas mejores en tu cuerpo para besar, respondí.

Nos habíamos pasado casi toda la tarde follando y entre explosiones físicas y algún que otro arañazo ella había explotado a nivel mental, lo cual nos había colocado a ambos en una posición un poco extraña, ya que no éramos nada, pero pareciera que lo éramos casi todo.

Fui directo a besarle el hombro, comprobando a cada beso su rostro, a ver si su mirada me dejaba seguir. Fui bajando por su clavícula, por sus pechos, me detuve en el hueso de su cadera, quería ir despacio, pero… Ella con un suave gesto me indicó hacia dónde tenía que ir mi cabeza, por lo que me dispuse a hacerle caso, hay que decirle sí a todo lo que una mujer te pida después de haber conseguido que no se enfade.
Le di dos besos tiernos en los muslos, a lo que ella hizo el gesto de que fuera más directo, por lo que me lancé a comérselo.
Podía sentir, podía notar cómo estaba siendo diferente, se lo había comido y bien comido durante toda la tarde, pero podía notar que ahora era diferente, ahora ya no sentía mi lengua recorriendo sus labios, su clítoris, ahora me sentía a mí y eso la estaba volviendo loca.
Mi lengua recorría cada uno de sus labios, que eran apretados entre los míos, perseguía su clítoris con mi lengua y lo apretaba contra ella.
Bajó su mano y empezó a masturbarse mientras mi boca seguía dándole juego, hasta el punto que empezó a encadenar un orgasmo tras otro y a masturbarse cada vez más rápido y fuerte.

Me puse sobre ella y empecé a besarle, ella me la agarró y me la empezó a masturbar mientras me la colocaba para que se la metiera. Empujé despacio y se la metí entera.
Empecé a follármela despacio, mientras tenía mi cara colocada a escasos centímetros de la suya, ambos disfrutábamos viendo cómo el otro tenía que cerrar los ojos de placer y cómo respirábamos por la boca.
El placer era cada vez más intenso, podía notar en su mirada que a ella también le apetecía algo más fuerte. Me lancé a su boca y ella me respondió comiéndome la boca como jamás me la había comido, todo mientras yo no paraba de metérsela, ahora más rápido y fuerte, mientras ella acariciaba mi espalda con sus uñas, pero sin llegar a apretar.
No podía parar de metérsela, podía sentir que me corría cada vez que la embestía, para colmo su boca estaba haciendo un trabajo fabuloso con la mía.

Se colocó sobre mí, me la agarró y me la empezó a masturbar muy rápido, lo que supuso que me pusiera a gruñir de placer, pero no por mucho tiempo ya que se la colocó y empezó a saltar sobre mi polla como una loca.
Podía ver en el espejo del armario la curva de su espalda y cómo le entraba mi polla cada vez que saltaba. Su pelo le tapaba la cara y tenía todo el cuerpo mojado, pero aún así estaba preciosa y me estaba partiendo la polla en dos.
Pude notar cómo se volvía a correr y por fin bajó el ritmo. Puso sus manos sobre mi pecho y siguió follándome con los giros de su cintura, yo era un espectador privilegiado al poder sentir todo aquello y además verlo desde varios ángulos gracias al espejo del armario.

Le estrujé el culo fuerte, apretándola contra mí mientras ella seguía follándome, me estaba volviendo completamente loco. Ella bajó a besarme y yo ya tenía ganas de más, me puse a metérsela desde abajo, a lo que ella me acompañó moviéndose en el momento exacto para que le entrara con más fuerza.
Empecé a follármela mucho más fuerte y rápido, a lo que ella tuvo que parar de moverse para dejarse hacer, sus chillidos eran una locura y yo estaba a punto de correrme. Se la empecé a meter más fuerte y rápido aún, hasta que ….




Ahora dime Muñeca Rota, ¿follamos?


sábado, 31 de octubre de 2015

Amores platónicos

Todos tenemos a esa persona que jamás nos podremos quitar de la cabeza, esa persona con la que si nos paramos a mirar con lógica, habría cambiado nuestra vida dando un giro de 180 grados y no digáis 360 grados, que eso es dar una vuelta completa y además de quedarnos en el mismo sitio es probable que te marees.

Todos pensamos en alguien de vez en cuando al irnos a acostar, en esos momentos en los que nuestro cerebro decide que es suficiente por hoy, en esos momentos en los que por alguna extraña fuerza extraterrestre nuestra mente decide que es hora de pensar en lo que pudo ser y no fue, para que si teníamos sueño éste decida irse y despejarnos por completo.
A lo largo de mi vida yo creo que tengo bastantes personas de este tipo, personas en las que de vez en cuando pienso, personas que quizá no se comportaron como yo esperaba, pero también personas con las que yo no me comporté como esperaba, y como tengo un ego increíble y estoy cansado de hablar de las mismas, hoy os hablaré de otra con la perfecta excusa de que de algún modo fue la primera, ya que por aquel entonces yo no era más que un idiota casi sin pelos en los huevos.

Recuerdo que no tenía ni 16 años, la edad no la recuerdo, pese a ser muy bueno con los números soy muy malo con las fechas. El caso es que estábamos en un minibús de excursión a vete tú a saber dónde, éramos mi grupo completo de amigos de aquella época y un grupo de chicas de nuestra clase y de el resto de clases, que por alguna razón habíamos llegado tarde por lo que nos metieron en ese pequeño minibús y no en el autobús de toda la vida, que ya había salido minutos antes.

La verdad es que podría engañaros con una historia sobre lo divertida que era mi vida en plena pubertad, pero no me acuerdo de más de lo que aquí nos concierne.
Había una chica, sí, en ese grupo de chicas había una chica. Increíble, ¿verdad? El caso es que era una chica que me gustaba, se llamaba Flor (es su nombre real) y yo ya había puesto el ojo en ella, aunque no como lo haría ahora en caso de que me gustara una chica. Había miradas por los pasillos, ya que no estábamos en la misma clase, era digamos ese amor platónico que todos hemos tenido, y que para colmo sabías que no todo era producto de tu mente, sino que sus miradas eran reales y vaya si lo fueron...

Yo estaba sentado en la parte de atrás, como el más malo del lugar, aunque en realidad jamás he considerado que estuviera en el grupo de los "malotes", quizá sí cuando cursé el bachillerato en Madrid, pero más por casualidad que por intención.
El caso es que ellas estaban varios asientos por delante, lógico por otra parte si éramos nosotros los que estábamos más atrás. El caso es que mis amigos no paraban de pegar voces, supongo que yo también lo haría, pero ellas miraban todo el rato hacia atrás, supongo que para comprobar que tras esas voces realmente había humanos y que todos éramos retrasados.
Pero ella también miraba, me miraba.

No sé qué pasó entre medias, lo que sí sé es que aún era el viaje de ida y que una amiga de Flor vino a nuestros asientos y apartó a mis amigos con la excusa de que me tenía que decir una cosa. Qué tiempos aquellos en los que mandabas al amigo de turno a decirle cosas a la chica que te gusta, ¿verdad?
Pues bien, me empezó a decir que le gustaba a su amiga y que si luego quería irme a dar un paseo con ella. Joder, lo pienso y madre mía, ahora directamente te invitan a follar, no a dar un paseo. En fin, sigamos.
Flor no era capaz de mirar hacia atrás para ver lo que estaba sucediendo, pude ver como tenía su mirada clavada al frente, deseando que este incómodo momento en el que su amiga le hacía de portavoz pasara pronto.

Yo le dije que NO.
¡¿Qué?! ¿Te gustaba la chica y le dijiste que NO? ¿Eres gilipollas?
Sí a todo.

Su amiga me insistió, diciéndome que era solo un paseo, pero yo no era capaz de expulsar una palabra por mi boca que no fuera un NO rotundo.
Su amiga se volvió a sentar con ella y le empezó a decir que yo era un gilipollas, pero pese a haber sido rechazada ella no soltó una mala palabra sobre mí.

Lo curioso es que yo la rechacé por vergüenza, esa vergüenza que ella se había saltado. Es curioso, porque jamás llegué a hablar con ella en un cara a cara, jamás me dirigí a ella en los pocos años que nos quedaron por coincidir, sí es verdad que intentaba interesarme en ella averiguando qué tal le iban las notas, pero poco más.

Muchas veces pienso en ella y en todo lo que ella representa, ya que quizá una pareja en ese momento de mi vida tan disperso, lo habría cambiado absolutamente todo, quizá hasta habría sido un tío de provecho en todos los sentidos, quizá mis pequeños triunfos hubiesen venido con 20 años y no con 27.
He intentado buscarla en el antiguo Tuenti, en Facebook, en Twitter y jamás he logrado dar con ella, creo que es de las situaciones de las que más me arrepiento a lo largo de mi vida, ya no solo por rechazar a una chica que me gustaba por vergüenza, sino por todos los cambios que habría dado a mi vida, porque de algún modo sé que todo hubiese ido a mejor.

Sí, ese soy yo, el gilipollas al que un día se le ofreció su amor platónico y lo rechazó, supongo que es una medallita más en los logros de Hero. Ella se llama Flor y yo fui un capullo, supongo que todo vive relacionado al final.


Por supuesto no es la única, pero quizá sí es la que creo que hubiese dado un cambio más importante a toda mi vida, supongo que soy muy de pensar en el pasado pese a que sea muy feliz en el presente y el futuro pinte genial.


¿Y tú en quién has pensado? ¿Quién es esa persona que no te deja dormir?


La verdad es que lo más importante que aprendí de todo esto es que si yo rechacé a alguien por un motivo tan estúpido como la vergüenza, también hay gente que te va a rechazar por motivos ajenos a que no le gustes, ahí es donde tú decides si insistir, siempre estando atento de saber dónde está la línea entre interesado o pesado acosador.



Flor, si has leído esto decirte que ahora tengo novia, pero que si te encuentro te invitaré a un café.
Se me olvidaba, sigo siendo igual de gilipollas, Flor, pero ahora sé disimular.



--Hero

Deporte nacional

El fútbol como deporte... No.

Todos sabemos que nuestro deporte nacional es la envidia y quizá a veces nos hace falta estar más altos de lo que normalmente estamos para darnos cuenta de cuán peligrosa es.

Dejad que os hable de la envidia en la vida real, en esa vida donde si alguien te dice algo puedes darle un cabezazo entre ceja y ceja, pero lejos de parecer violencia obviamente de hacerlo sería para juntar esas dos neuronas que rondan la cabeza de dicho personaje, a ver si así pueden enlazarse y tener ideas un poco más elaboradas.

La verdad es que como digo a veces hace falta estar en un lugar más alto de lo normal para saber cómo funciona todo esto, ya que yo por ejemplo pensé que cuando uno triunfa de algún modo, al día siguiente tiene autobuses llenos de gente interesada en él, gente que obviamente le abandonará una vez haya conseguido todo lo que esa persona puede ofrecerle momentaneamente, ya sea dinero o fama. El problema viene cuando hay otro grupo completamente distinto al ya mencionado, un grupo de gente que no te volverá a preguntar qué tal estás por miedo a que le digas “bien”, un grupo de gente que se irá alejando de ti poco a poco al pensar que ya no vuelve a estar a tu nivel, un grupo de gente que pese a no sentir odio por ti, tiene una envidia en tus triunfos que antes de que le coma por dentro prefiere alejarse y así evitarse el preguntar qué tal estás y su temida respuesta: Bien.

La envidia es peligrosa, yo diría que es más peligrosa que los celos, ya que los celos muchas veces son algo subjetivo, algo relacionado con los sentimientos, algo abstracto. La envidia es algo tangible, es algo demostrable, suele venir dada por logros, por cosas físicas o simplemente por dinero y fama, algo que suele resumirlo todo.

Siempre lo relaciono todo con la inteligencia del individuo, pero todas las personas que he conocido con un nivel de inteligencia superior al normal (cosa no muy complicada, por cierto) son personas que se alegran por el bien ajeno, saben perfectamente hasta dónde pueden llegar ellos mismos y saben perfectamente el valor de haber llegado tan lejos, son personas que saben que la suerte no es algo determinante y que en caso de tenerla de algún modo se la han merecido, porque no puedes tener suerte si estás todo el día en casa sin hacer nuevos retos, tiene suerte el que no para de optar por opciones diferentes cada día, el que no para de tener planes nuevos, el que no para de innovar.
Y sí, también tiene suerte el que hereda una fortuna sin quizá habérselo merecido, pero quizá el esfuerzo de sus familiares fue tantísimo que varias de sus generaciones posteriores se merezcan nutrirse de él.

La verdad es que ejemplos hay miles, pero recuerdo ahora mismo a un chico que se quejaba de que había un amigo suyo al que le habían regalado un R8 y que no paraba de pasearse con él, decía que no se lo merecía, que él no se lo había pagado, que iba enseñando el coche que le había regalado “papá”. Lo curioso de esta escena es que pese a que él no tenía un R8, a él también le habían regalado su coche, por lo que pese a que mi cara mostraba lo contrario, yo jamás entendí que era lo que este personaje estaba criticando.

La verdad es que yo creo que no envidio a nadie, aunque si es verdad que valoro muchísimo más a las personas que han logrado triunfar empezado desde cero, sin ayudas externas de nadie, personas que con cero euros han logrado hacer una montañita hasta que ese cero se ha visto multiplicado y han conseguido colocar un uno delante. No es que envidie a quienes han ayudado a formar su empresa y se lo han dado todo hecho, pero sí creo que es más de valorar a esas personas que nunca han tenido una sola ayuda, que han tenido que buscarse la vida desde cero y que pese a quizá haberse ayudado de golpes de suerte, han conseguido construir algo nuevo. Esas personas luego se mirarán por dentro y sabrán que todos sus esfuerzos han valido la pena, sabrán que esforzarse trae recompensas y sabrán que muchas veces la suerte también ayuda, pero lo más importante es que esas personas están ese grupo de gente que se lo merece, o al menos por un tiempo, ya que si llegas a ser Amancio Ortega tendrás tantos detractores como valedores.
Supongo que cuanto más grande eres más problemas tienes en ese aspecto, aunque también es cierto que razones para criticarle hay, pero muchos lo hacen simplemente porque ese dinero nunca llegará a ser suyo, incluso hay quien si le dieran a elegir entre dejarle todo el dinero a Amancio Ortenga o quemarlo en una hoguera, optarían por esa segunda opción, pese a no reportarle beneficio alguno.
Ahora dime qué harías tú, ¿le dejarías todo su dinero a esa persona que conoces y ves cada día, que además crees que no se lo merece o eligirías la opción de prenderle fuego en una hoguera pese a no obtener nada a cambio?
Si te has pensado lo que responder, es que ya has respondido.

Imaginad ya cuando la envidia se junta con los celos.

La vida son dos días, triunfad y dejad que mientras unos se acercan a vosotros por interés otros se alejan por miedo al desinterés, pero triunfad.

Y ahora la pregunta que tantos temen.


¿Y tú, qué tal estás?




--Hero

domingo, 13 de septiembre de 2015

Fuerza mental

¿A dónde vamos ahora?

Suena What's Up the 4 Non Blondes de fondo y casi sin darme cuenta veo que mi verano ha pasado y que no he hecho nada con él. ¿Acaso he pasado de ser un vividor follador a sólo un follador? Al menos sigo poniendo las tildes en “sólo”, nunca está de más conservar esos pequeños errores con una pizca de suerte nos acompañarán siempre.

En todo momento se presenta una nueva elección, podemos aferrarnos al pasado o abrazar lo inevitable de un cambio que llega y permitir así que un futuro mucho más brillante se muestre ante nosotros, un futuro con nuevas personas que harán nuestra vida más fácil y también mucho más feliz. En cualquier caso, tarde o temprano siempre llegan y problemas del pasado probablemente se conviertan en nuevas oportunidades en el futuro.

He leído un par de entradas que tengo ocultas en el blog y la verdad es que uno a veces no puede más que aprender del pasado, sobretodo para no repetir muchas cosas de las que en él hizo, o incluso cosas que no hizo y debería haber hecho.
He conocido a muchísima gente en los últimos años y en toda esa gente he encontrado algo que sin excepción hará que las destruye o que brillen. ¿Sabéis qué es? La autoestima y la fuerza mental.
Aquí las he separado como si no fueran parte de una misma virtud, quizá la más importante en una persona ya que con fuerza mental puedes conseguir lo que quieras en la vida, más aún si a esa fuerza mental le va unida una inteligencia bastante superior a la media, que por cierto dicha media os puedo asegurar que es paupérrima. (Siempre quise usar esta palabra en una entrada).

Fuerza mental, qué gran conjunto de palabras. Fuerza, algo que para mí es totalmente necesario en todos los ámbitos de la vida y por supuesto mental, de mente, nuestra mente, esa cosita que todos tenemos (no lo aseguro) y que nos hace controlar nuestra vida y a veces incluso la de los demás.
Ahora es muy común que todos los medios nos vendan mil y un trucos para tener esa fuerza, incluso muchos de esos trucos están adornados con técnicas orientales o usan términos que no has escuchado en tu vida para que así parezca que es alguna novedad.
Os voy a decir algo que jamás os dirá esa gente, muchas veces uno que es débil jamás va a conseguir ser fuerte por más técnicas que use, pero alguien que trata de venderte una solución jamás podrá decirte esto, tiene que hacerte creer que con el paso del tiempo conseguirás ser fuerte.

Bueno, mi pregunta es: ¿Alguien torpe puede llegar a ser alguien inteligente? En ese caso, ¿por qué deberíamos pensar que alguien débil puede llegar a ser alguien fuerte?
Bueno, no es un gran ejemplo, ya que poca gente torpe busca ser inteligente en la vida, yo diría que ni se lo plantean, y muchos de esos débiles le venden muy bien a los demás que han conseguido ser más fuertes.
Quizá eso sí sea real, quizá sí es real que hayan conseguido ser más fuertes, ¿pero han conseguido ser fuertes o simplemente son menos débiles?

Bueno, no seguiré con el tema, que por lo que me he encontrado durante todos estos años debo dar por hecho que cuatro de cada cinco personas que leáis esta entrada os vais a sentir identificados con esas personas débiles y no con las fuertes, sería muy estúpido por mi parte criticar algo que tiene una mayoría y encima decirles que jamás van a conseguir ser algo más que lo que ya son. ¿O sí?

He caído, hace unos años caí en lo más profundo que una persona puede caer, o al menos en lo más profundo que yo puedo caer, no echaré culpas a nadie ya que la vida de cada uno sólo tiene un único protagonista y somos nosotros mismos, el resto de personas en nuestra vida son como las aplicaciones que tienes en el móvil, simplemente te hacen la vida más sencilla.
Madre mía, ¿qué duro suena todo no?

Bueno, quizá no es todo tan negro o blanco y siempre hay una parte un tanto gris, pero me encanta radicalizar las cosas e irme a los extremos, así el otro extremo tiene que ofrecer unos argumentos mucho más convincentes para llegar como mínimo a ese término gris, cosa que no pasaría si ya comenzamos en el gris.
¿Os estoy liando? Quizá a parte de débiles también carecéis de inteligencia, vete tú a saber.

Entonces estamos en que ahora he descubierto el secreto de la vida, debemos rodearnos de gente fuerte mentalmente y ya si encima son gente inteligente, mejor aún, ¿no? Sé de gente que por llegar a conclusiones mucho más simples ha escrito libros, quizá debería plantearme hacer lo mismo, pero mejor otro día, o año.

La verdad es que siempre me arrodillaré ante la gente fuerte, ante esa gente que no necesita a nadie, aunque eso no quiera decir que de vez en cuando no necesiten del cariño de las personas o incluso de su aprobación, ya que tenemos la mala suerte de no ser robots programables, a veces hacemos cosas que ni entendemos por qué las hacemos y para colmo después nos pasamos noches en vela preguntándonos qué sentido tiene todo. ¿Te has planteado que quizá te hagas demasiadas preguntas?

Entonces dime, ¿eres de los que tiene esa fuerza mental y aún busca hacerse más fuerte o eres de los que se engaña siendo alguien débil y que simplemente quiere dejar de ser un poco más débil pensando que así algún día quizá logre ser fuerte?

Quizá no importaría nada tener fuerza mental o no tenerla si no estuviese en cada una de las decisiones que tomamos o si no fuese lo que reina en nuestra personalidad y la controla a nuestro antojo. ¿Quién no conoce a alguien con un autoestima de mierda que trata de hacer daño a los demás para así ver que tiene algo de poder y sentirse más fuerte? ¿Quién no conoce a alguien débil que trata de joderte para ponerte a su nivel en lugar de intentar esforzarse y llegar a tu nivel?
Ejemplos sobran, todos sabemos que de algún modo la debilidad es lo que toma el rumbo de nuestras vidas, y no hablo de ser débil de carácter, hablo de ser débil mentalmente.

Podría nombraros a muchas personas que he conocido en cada uno de los dos grupos, en el grupo de los fuertes y en el grupo de los débiles. Amigos, familiares, parejas... Al fin y al cabo todos estamos en uno de ellos y sólo nosotros mismos sabemos realmente en cuál de ellos estamos.

Con mis parejas ha sido curioso, la verdad es que haciendo un poco de offtopic diría que he tenido muchísima suerte encontrándolas, aunque también lo haya pasado bastante mal, supongo que es algo que va implícito en el amor, el lado bueno es buenísimo, pero el malo es mejor no conocerlo.


Antes de haber tenido una pareja buscaba una chica que pudiera ser mi amiga, alguien exactamente como yo, con mis virtudes y también con mis errores.
Encontré a Jara, una chica con una fuerza mental increíble que además también podría estar en un top 5 de las mujeres más inteligentes que he conocido jamás, si a eso le sumas su mezcla de acentos. La distancia lo mató todo, pero de algún modo encontré lo que buscaba, tuve suerte.

Después por alguna extraña estupidez que se me mete a mí en la cabeza quería una pareja rubia y catalana, quizá mi error fue buscar el físico y no unos valores como sí hice con Jara, pero supongo que uno no elige de quién enamorarse. Marta llegó y curiosamente llegó como se fue Jara, con una relación a distancia. No era rubia, pero cumplía perfectamente el detalle de ser catalana, tampoco le pedía más. Quizá no era la más inteligente, desde luego no era la más fuerte, pero tenía una sonrisa preciosa y probablemente sea de las personas que más da por los demás, aunque temo que lo haga más por ella que por ellos. A ella desde luego puedo agradecerle haberme hecho una persona más fuerte, aunque siempre quedará ese rencor de no haber apostado por mi potencial por no haber visto resultados, eso alguien inteligente no lo hubiese hecho jamás, nadie es perfecto.

Después de ella no sé muy bien lo que buscaba, estaba demasiado perdido y pese a no haber llegado a ser pareja me encontré con Helena, una chica con la que me estuve viendo durante una larga temporada antes de Jara y que ahora había vuelto a vivir a Italia, quizá en ella simplemente buscaba eso, alguien que me apartara del mundo que conocía y que me ofreciese la posibilidad de irme a otro país con personas que no había visto jamás. Aunque aprovechando que ella jamás me va a leer, de algún modo creo que aposté por ella porque ella no conoció esos años que pasé con Marta, ella me conocía por ese chico fuerte en tiempos de Jara, quizá ayuda cuando alguien no conoce tus mierdas, ocultarlas siempre es más fácil. La distancia también lo mató todo, es imposible tener algo estable con alguien que ya no es que viva lejos de ti, es que está en otro país y ni siquiera puedes llamarla por teléfono, prefiero no recordar lo que tenía que pagar de tarifa de móvil por llamar desde el puñetero Skype con el 3G.

Antes de llegar a la última, y espero que ese “última” perdure para siempre, quisiera resaltar un hecho bastante curioso. Con todas he acabado por la distancia y precisamente con Marta que nos veíamos una vez al mes no acabamos por ello. ¿Será por eso por lo que le guardo tanto rencor? Bueno, será una razón de las muchas que hay.



Madrid, siempre me ha enamorado, ¿qué mejor que buscar una chica de esa gran ciudad? Pero no podía ser una chica cualquiera y desde luego no lo es. Cada uno es distinto a los demás, pero curiosamente ella tiene las virtudes de todas.

Ana.

De Jara tiene su fuerza mental, aunque probablemente en una comparación de esas odiosas la suya sea la más fuerte que he visto jamás, por supuesto Jara tiene otras virtudes, no creo que una persona sea mejor que otra, pero en esa virtud que yo buscaba en concreto, ella es la reina. De Jara también tiene su inteligencia y creedme cuando os digo que si juntáis ambas virtudes en una persona os encontráis con una súper mujer. Una cosa más importante aún es que no tiene redes sociales, y la verdad es que eso me da exactamente igual, pero hasta cierto punto, ya que si no tiene redes sociales quiere decir que le importa más bien poco que los demás sepan lo que hace con su vida, punto positivo sin duda que ambas tienen.

La verdad es que de Marta buscaba más cosas en contra que cosas en común, pero curiosamente tiene más en común con ella que con ninguna otra de las chicas que he conocido. Desde luego tiene su forma de demostrar que está enamorada con gestos y detalles, tiene su forma de ayudar a los demás y de algún modo, también tiene el problema que Marta dijo que tenía y que cada vez que pasa el tiempo más cuenta me doy de lo engañado que estaba. Pese a eso y suponiendo que me la creo, da la casualidad que ella lo llevó todo de otra manera, supongo que la fuerza mental y una inteligencia a su nivel hace que todos los problemas lo sean menos. Aunque pese a ser ahora algo positivo, también puede convertirse en algo totalmente negativo, ya que cuando no es la primera vez que vives algo y la primera vez fue de forma tan negativa, la segunda muchas veces la cagas por creer que sabes lo que ocurre, crucemos los dedos.

Helena... Bueno, Helena se parecía mucho a Jara, por lo que digamos que las tres comparten virtudes, pero Helena también está relacionada con el arte como lo está Ana. ¿Podré presentarlas algún día para que se hagan súper amigas?




Débiles, fuertes... La vida me ha enseñado mucho en los últimos años, todo da muchísimas vueltas. ¿Quién me iba a decir a mí que me iba a dedicar a temas relacionados con los deportes cuando siempre los he odiado? Ahora me falta encontrar la fórmula secreta para que siendo mi propio jefe el dinero que gano no dependa del tiempo que invierto, acepto sugerencias.




La vida da vueltas, sí, pero a la gente débil la quiero bien lejos, en esta vuelta y en la siguiente.





Los problemas de ayer es muy probable que se conviertan en las soluciones de mañana, recordadlo.


--Hero