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martes, 8 de abril de 2014

Días soleados



Se dice que lo primero que olvidas de alguien es su voz, y yo ya la estoy empezando a olvidar.
Todo esto me da que pensar que el amor no es tan bonito y especial como yo pensaba, si lo único que necesitas es dejar pasar el tiempo para poder olvidar.
 ¿Eso es lo que buscamos? Un sentimiento tan fuerte y atractivo que con dejar pasar los meses ya lo perdemos.



Cada vez me cuesta más escribir aquí, al fin y al cabo este blog siempre ha sido una forma de desahogarme, pero cada vez me sorprende más la gente que me lee y sobretodo quién es esa gente. Mi ex tuvo la fantástica idea de enseñárselo a su familia, quizá fue esa una de las razones por las que tuve un gran parón a la hora de escribir mis queridos párrafos críticos y sexuales. Sea como fuere, no me siento a gusto, hay demasiada gente implicada leyendo esto, amigas, ex amantes, familiares de esas exs, e incluso personajes famosos que me mandan e-mails para felicitarme… Por eso ahora si conozco a alguien no le dejo conocer a este yo, no le dejo enamorarse del personaje, y de algún modo también la protejo a ella, para que no se haga daño leyendo estas letras.

De todos modos, me pasará lo de siempre, con dejar pasar el tiempo me empezaré a dar cuenta de que da igual quién me lea si a mí me sirve lo que escribo, que es el único motivo por el que hago esto, aunque si logro tener lectores que me den una palmadita en la espalda porque sé enlazar bien las frases, nunca está de más.

La verdad es que he pasado una época bastante mala, pero me ha servido para darme cuenta de muchas cosas, para crecer como persona y para conocer virtudes de mí que jamás pensé que tuviera. También me ha servido para ponerme buenorro en el gimnasio. ¿Qué queréis? Vosotras lo pasáis con helado y nosotros nos hacemos adictos al deporte. Es curioso que el ex de una amiga también haga lo mismo que yo, aunque eso le resta valor a lo especial que me hacía sentir a mí. Sí, va por ti, un saludo D.

Mucha gente me ha abierto los ojos diciéndome las cosas a la cara, enseñándome de una manera indirecta y sin querer, que si no es mi momento, no lo busque, que si no quiero hablar con una mujer para conocerla, que no lo haga porque me aburro y quiero pasar el rato. Si me lo hubiesen dicho antes… De este modo me gustaría agradecerle a @MambaaNegraa ese consejo que aún no haciéndolo de forma directa, ha sido la gota que ha colmado el vaso y que me ha logrado cambiar tanto en estos días, llegó en el momento justo y en el día perfecto, lo necesitaba, gracias.




Días soleados.

Era uno de esos días alegres entre días tristes, uno de esos días soleados que se cuela en una semana lluviosa y gris, uno de esos días que te hacen despertarte con energía en cuanto los primeros rayos de sol entran por tu ventana y cruzan la habitación de lado a lado.

El sol bañando la calle lograba que se me dibujara una sonrisa en la cara, podía notar como el calor emanaba de la misma calle, cómo calentaba la carretera e iba evaporando el agua que aún quedaba de otros días, logrando ese olor tan característico a calle mojada que a mí tanto me gusta.
Estaba empezando a disfrutar de esos días soleados, a no pensar en la playa, a no pensar en ella, a despertarme con la ilusión de ver lo apetecible que estaba hoy frente al espejo y a pensar qué iba a hacer hoy que fuese más especial que ayer, pero menos que mañana.

Supongo que cuando se me pase el cabreo, que aún me falta, lograré escribir buenos relatos sobre ella y no sólo sobre mi anterior ex, al fin y al cabo los mejores relatos, desde mi punto de vista, son en los que he tenido sentimientos, con ella los tuve y podría decir que más que con nadie, tiempo al tiempo que por lo visto es lo que soluciona todo.

Al grano.

La había conocido de la manera menos ortodoxa posible, o al menos eso pensaba yo, pero la había conocido que hasta el momento era lo único importante.
Le gustaba el deporte tanto como a mí, pero tenía esa extraña virtud que tenéis unas pocas de que no lo hacía para adelgazar o verse bien, lo hacía y lo hace porque le gusta sentir el deporte en su cuerpo, le gusta sentir agujetas al día siguiente, sentir sus músculos cargados y esa sensación de libertad total de llegar a casa y ducharse tras haber estado una hora corriendo.
Supongo que todos nosotros buscamos a alguien como ella, una chica que no necesita de tacones o extensiones para verse guapa, una chica que lo más superficial que tiene es que es capaz de ver en la belleza exterior lo que emanas desde tu interior.

Cuánta perfección, a ver si me voy a enamorar ahora.

La verdad es que no es mi momento para conocer a alguien, pero su paciencia está logrando traspasar todas mis barreras, romper todos mis escudos y llegar a lo más profundo de mí. Para colmo si el destino es caprichoso con las señales… ¿Qué os voy a contar? Bueno, lo que os voy a contar es que la soledad y la soltería me están empezando a gustar, que jamás entenderé por qué decidieron poner una manzana como elemento de la tentación en la Biblia, y también me gustaría contaros esto:

Hace unos días se emitió en Cuatro un capítulo de Conexión Samanta llamado “Seductores” y el caprichoso destino quiso que yo lo viera, y que lo viera acompañado.
Os lo resumiré en que es un programa en el que se cuenta el día a día de varios personajes famosos que viven de su imagen, como por ejemplo Maxi Iglesias. (¡Oh, Maxi, guapo! Vale, ya, ¿puedo seguir?).
El que me interesa no es él, es Santiago Cañizares, ese hombre que jamás me ha caído en gracia, pese a tener una foto firmada por él mismo en algún lugar perdido de mi casa.
Dejad que os transcriba la conversación tal y como aparece en el programa.

Cañizares le presenta a su mujer, os pongo una parte de la conversación entre Samanta y ella, la parte que me importa.


- ¿Qué fue lo que finalmente te sedujo de él? Le pregunta Samanta.
- Lo conocí en una época mala, fui un poco de psicóloga, responde finalmente su mujer tras varios suspiros y tomándose un tiempo para pensar la respuesta.
- Fue en el final de mi carrera, en un momento muy difícil para los jugadores de fútbol, añade Cañizares.
- Normalmente cuando los hombres te conocen se crecen, ¿no? Sacan lo mejor de ellos, yo conocí a Santi y todo lo contrario. Sentir que te necesita, ¿sabes? Y eso al final es lo que al final me conquisto.


Ahí desconecté y sentí una envidia brutal por Cañizares, ya que había encontrado a una persona que se había enamorado de su futuro con él, de su potencial, había logrado conocer a una de esas personas que sabes que nunca te van a fallar porque te han conocido en tu peor momento, de esas hay pocas. Tampoco pondré la mano en el fuego por ellos ya que son personajes públicos, y nunca sabes lo que tienen que decir y lo que no delante de una cámara, algunos os sorprenderíais, pero parecían bastante cómplices, y sobretodo, parecían felices.
Me sentí muy identificado con él, ya que yo conocí a mi anterior pareja así, obviamente yo no soy futbolista, pero sí que me encontraba en un momento de gran bajón, y fue en ese momento en el que conocí a mi ex pareja, lo que pasa es que me da la sensación de que ella no es como la mujer que conoció Cañizares. (Una sonrisa se va dibujando en mi cara mientras escribo esto).

La conversación sigue, pero no es relevante para lo que a mí me interesa.

Es curioso como una mirada de quien tenía al lado fue suficiente para recuperarme, ya que mi mirada se había alejado del televisor y mi mente había empezado a carburar.


- ¿Estás bien? Me preguntó ella.
- Eso creo, dije no muy convencido.
- Al final todo pasa, sólo tienes que darte tiempo.
- Estoy cansado de usar el tiempo para todo, le resta muchísimo valor a lo que pienso que es el amor, si es tan fácil olvidarte de alguien, simplemente dejando pasar el tiempo.
- Sí, pero funciona, me dijo sonriéndome.
- A veces me gustaría que no funcionase.
- No seas tonto, funciona, pues ya está.
- Sí, pero al final voy a volverme una piedra fría que se aleja de todo lo que tenga que ver con sentimientos, y no por miedo, sino por asco.
- Ya eres así.
- ¿Y por qué me aguantas? Algún día me tienes que decir de dónde sacas tanta paciencia.
- No lo sé, supongo que me pareceré un poco a la mujer de Cañizares, no me quedo sólo con el presente que vivo con las personas.
- También tienes otra virtud mucho más importante.
- ¿Cuál? Me preguntó mientras se acercaba a mí.
- Sabes lo que decir, y hasta donde decirlo.
- ¿A qué te refieres?
- Lo que me has dicho, de que no sólo te quedas con el presente, si hubieses mencionado que también ves el futuro me habría sentido identificado con tu frase y habría echado a correr.
- ¿Tienes miedo de que pueda pensar en un futuro contigo?
- Tengo miedo de que cualquier persona pueda pensar en un futuro conmigo, le dije en un tono cortante.
- Pues te jodes, porque jamás sabrás lo que pienso o lo que no, me dijo suavizando el tono para no parecer enfadada.
- No está entre tus virtudes la de evitar responderme si te pregunto algo.
- Ni entre las tuyas está la de preguntarme cosas que te vayan a hacer sentir incómodo si escuchas mi respuesta.


Y esta, señoras y señores, es la mejor follada mental y no mental que he tenido en muchísimo tiempo.


La vida es bastante cruel, es bastante injusta. Muchas veces pienso en qué habría pasado si hubiese cambiado mi papel con respecto a mis ex, su hubiese matado por la primera y no por la segunda. Supongo que la vida es eso, aprender de cada persona y darte cuenta de cómo la has cagado con cada una de ellas y evitar a toda costa repetir eso con la siguiente.

Con este texto os pido algo, si encontráis a alguien como la mujer de Cañizares, no lo dejéis escapar, porque esas son las personas más maravillosas que te vas a encontrar a lo largo de tu vida, haz lo que sea por retenerla, porque eso es el amor sincero y ese sentimiento no se va aunque dejes que pase el tiempo.



--Hero

jueves, 3 de abril de 2014

Hero

Everybody needs a hero
Someone who always knows the way
Just when you’re sure you’ve really gone astray
You always save the day
And today is just another one of those days
When I wish I had me one of those heroes
It’s what everybody needs



El día estaba tan gris como yo, no había parado de llover y mi mente estaba tan ausente como el sol. Las gotas de lluvia no paraban de golpear en el alfeizar de la ventana, mientras mi mirada perdida miraba al horizonte, fijándome de una manera indirecta en cómo el edificio de enfrente cambiaba su color a un tono más oscuro y triste tras el paso de las horas.
Mi respiración era lenta, como si me costase pertenecer a esta vida. Estaba tumbado sobre la cama y notaba que me faltaba algo, tenía todo lo que quería, pero aún así me sentía vacío, sin chispa, me faltaba mi sol. Las horas pasaban mientras yo seguía sobre la cama, oscureciéndome como aquel edificio que no paraba de mojarse y que ya estaba gris casi por completo, tan gris como yo.
Tenía que hacer algo, tenía varias llamadas perdidas, pero no me apetecía ni levantarme para ver de quién eran, ni siquiera había comido, llevaba horas así, con la mirada fija en aquella triste imagen tras mi ventana.
El chapoteo de cada gota de lluvia me iba adormeciendo, no lo suficiente como para quedarme dormido, pero sí lo necesario como para ponerme más y más depresivo.


Pensé que había hecho lo correcto, tenía dinero, sexo y mujeres, muchas mujeres. No me faltaba la compañía y pese a eso, estaba solo, estaba más solo que nunca y el día no ayudaba. Empecé a entender que quizá no había sido una decisión tan valiente como pensaba, que quizá mi decisión fue la más cobarde que había tomado hasta entonces, pero eso ya daba igual, se había ido para siempre y yo no estaba dispuesto a dar marcha atrás, mi orgullo mi lo impedía, para colmo mi razón estaba totalmente de acuerdo con él. Mi corazón en aquel entonces no tenía el suficiente poder como para mandarme nada, aún sintiendo tanto por alguien.

¿Quién te ha dado ahora este poder, corazón?

Antes siempre iba por cada atajo, por cada callejón que me hiciese llegar antes a mi meta, por muy oscuro que fuera. Ahora me apetecían los caminos largos, con tiempo para pensar y con recorrido en el que disfrutar. ¿Es esto cosa tuya, corazón?

Ni siquiera yo sé a qué se debe semejante símil, no sé si las personas son los caminos o si el camino es mi propia vida, no sé ni siquiera si lo que estoy haciendo ahora es caminar o correr. Y si ni yo entiendo a qué se debe semejante símil, ¿cómo esperar a que alguien lo entienda y que encima tenga paciencia para explicármelo?



Ese día me cambió, empecé a pensar en mí, en disfrutar de mí tanto como los demás lo hacían en mi compañía, empezar a notar el peso de mis cojones y el roce que hacían éstos contra el suelo, empezar a mirarme cada mañana en el espejo y sorprenderme de lo bien que me sentaba mi mirada.
La lluvia paraba, mi mirada empezó a despertar y los primeros rayos de sol entraron por la ventana, calentando toda mi habitación y consiguiendo que el vapor que emanaba de mí tras cada respiración huyera hacia otro alma triste.

El día gris empezó a ser de un color más vivaz, más caliente y alegre. Mi habitación se empezó a iluminar y mis pensamientos grises empezaron a ser de un color más adecuado a mí. Los rayos de sol se clavaban en mis ojos castaños, volviéndolos de un tono casi amarillo, pero pese a esto, seguía sin moverme.


¿Quién era yo?

Era un crío que había dejado a su novia porque ésta iba irse a vivir a Málaga y tomó la valiente decisión de dejarla antes de que ambos nos hiciésemos daño, antes de que estuviésemos tan enamorados de que alguno de los dos tuviese que cambiar su vida al completo por la otra persona. Suena bien, pero la realidad es que estaba aterrado, hasta entonces jamás había sentido algo así por alguien y esa dependencia sentimental me estaba matando, más aún si la distancia iba a robármela.
Las semanas tras la ruptura las había pasado metiéndome entre todas las piernas que pude, olvidándola entre los gemidos de Laura, Carmen, Sonia, Miriam, Michelle, Elena, María... ¡Madre mía María!

No me sentí orgulloso de ello ni en el momento de hacerlo, pero mi ego se saciaba y el resto venía solo. Mi ego me ayudaba a autoengañarme y a hacerme creer que podía conseguir cualquier cosa, aunque la realidad es que todas esas personas me importaban una verdadera mierda y por eso conseguía algo de ellas, porque jugaba sin escudo, no tenía nada que perder y un rechazo de ellas jamás iba presuponer ni un segundo de pensamientos negativos para mí.
Tenía dinero, mi familia pasaba por una muy buena época y a mí me sobraba el dinero en Madrid, y en caso de necesitar más con una sencilla llamada me lo ingresaban.
Tenía amigos, amigos que aguantaban mi bipolaridad en el carácter y que me entendían a la perfección, amigos que el único fallo que tuvieron fue el de incitarme a follarme a más, y más, y más, y más. Supongo que lo que hubiese hecho cualquier ente con pene, pero yo era distinto, y me estaba empezando a dar cuenta de ello.
Lo tenía todo, o eso pensaba yo.

Aquel día gris me había cambiado, no tenía ganas de volver a estar tumbado en la cama pensando en lo que pudo ser y no fue, había tomado mi decisión y ella tampoco se había mojado lo suficiente como para que yo la cambiara, puede que esto lo esté descubriendo cuatro años tarde, pero ya da igual, ninguno de los dos tenemos sentimientos suficientes como para que importe, ahora queda como una bonita historia que puedo iros contando poco a poco en un estúpido blog de Internet.

Alguien me enseñó hace poco que para olvidar a alguien hay que hacer un duelo como cuando se muere un familiar, yo jamás lo he hecho, siempre he tirado por atajos usando a personas para que me hiciesen llegar más rápido al final y así poder volver a coger otro camino y no parar de caminar, porque cuando caminas rara vez miras atrás.

Ahora la situación es extraña, quiero pasar ese duelo, evitar todos los atajos y olvidar de la forma adecuada, sin necesidad de llenar mi ego con los gemidos de una o de dos mujeres a la vez, pero cuesta.
Mi ego tiene que nutrirse de mujeres, es la forma más fácil que tiene un hombre para subirse el autoestima, y para qué engañarnos, también es la forma más fácil que tenéis vosotras para subírosla. ¿A quién no le gusta gustar? El guapo es borde porque es su manera de filtrar, el feo es simpático para agradar, y los feos bordes se han forjado esa personalidad a base de una autoestima de mierda que les hace estar siempre a la defensiva, alerta.
Sea como fuere, todos queremos gustar, todos queremos agradar y subir nuestro ego con el resto. ¿Qué es la felicidad? Conseguir todo esto por uno mismo, sin los aplausos muchas veces falsos de los demás, sin esa gente que te dice lo bueno que eres porque quiere sentarte en una silla y montarte hasta que tú no des más de sí.

Apuntaros a vivir una vida sin depender de los demás, una vida de soledad con nosotros mismos en la que poder disfrutarnos tanto como lo hace el resto, pero que si el resto nos falla no nos vengamos abajo, porque somos lo mejor que ha parido este puto mundo y eso nadie puede cambiarlo, sé la mejor versión de ti mismo y jamás dependas de nadie, porque igual que tú fallas, el resto también falla, la gente perfecta no existe.

Dejad también de buscar al hombre o a la mujer de vuestra vida, buscad al hombre o a la mujer de vuestro momento, porque eso es lo que necesitamos, mirar más el presente y dejar que todo suceda como tenga que suceder.

Todos tenemos días grises, yo he tenido muchos, pero decidí que mi estado de ánimo no iba a depender de la lluvia, ahora me encanta la lluvia y el olor que esta deja en la calle, ahora no necesito meterle la polla a nadie para que mi ego sea más grande que mi propia habitación, ahora sé que puedo pensar con la razón haciendo a veces caso al corazón.
Ahora sé que estoy muy cerca de ser la mejor versión de mí mismo, y que aunque aún me falta puedo ver los cambios día a día.

Quizá cuando esté preparado para algo más que conversaciones insulsas y poco trascendentales vuelva corriendo tras muchas personas de las que me he alejado, pero ahora toco yo y no quiero distraerme con extensiones hasta la cintura. Mi excusa es buena, veremos a ver si soy capaz de creérmela y cumplir.

Por supuesto ese día decidí darle descanso a mi mente y miré de quién eran las llamadas perdida, lo que pasó después ya es cosa de otro relato.



Quiere, ama, pero jamás necesites.



--Hero

viernes, 21 de marzo de 2014

Olvídame


Olvídame, olvídate, olvídanos.


Por todos esos buenos momentos que nos dejamos,
por todas esas sonrisas que nos robamos.

Por todos aquellos enfados que tuvimos,
por todos aquellos instantes que vivimos.

Por todo lo que nos quisimos,
por todo lo que nos perdimos.

--Hero



Muchos me habéis preguntado por esta historia, es hora de que os la cuente. Intentaré evitar los temas personales en todo lo que pueda y así guardar algo de privacidad.


Hay relaciones que no sé muy bien cómo definirlas, y la nuestra fue una de ellas.

No era una relación normal, había confianza y nos queríamos de verdad. La confianza en grandes cantidades quizá fuese un problema, pero desde mi punto de vista en una relación madura la confianza deben ser los cimientos de todo.

He cometido muchos fallos a lo largo de mi vida, y creo que uno de ellos fue abrir mi corazón cuando aún no estaba preparado para ello.

Años atrás...

Yo estaba en el Olimpo, me creía un Dios, estaba entre dioses y cualquier humana no era más que un pasatiempo de fin de semana, pero al final me tuve que volver de allí y bajé a la Tierra.
Ella, como capricho del destino, estaba allí esperándome, preparada para escuchar mis desahogos sobre lo dura que es la vida en la Tierra y lo bien que estaba en el Olimpo. Llegó en el momento justo, quizá las grandes personas tengan eso, que saben cuando aparecer.

Mientras tanto ella me escuchaba, pero cada vez se involucraba más y más en mí. Me enteré que tenía ya a alguien especial en su cabeza, por lo que decidí cerrar todo vínculo con ella, pero... Por primera vez en mi vida, después de unos días sin hablarnos me tragué mi orgullo y volvimos a hablar, ahí fue cuando empezó todo.

Ella seguía escuchándome e involucrándose cada vez más en mí, hasta que me di cuenta de que se estaba enamorando de mí. Yo tenía una sensación rara, no sabía si era amor o era cariño por todo lo que me aportaba, ya que gracias a ella me podía desahogar contándole mi vida en la Tierra, además de anécdota de tiempo atrás mientras vivía en el Olimpo.
Los meses fueron pasando, las llamadas telefónicas pasaron a ser diarias, no podíamos dormirnos sin hablar el uno con el otro, y el tiempo pasaba...

Sus amigos empezaron a criticar su actitud, y yo simplemente dejaba que las cosas sucedieran como el destino quisiera, me lavaba las manos y me centré en vivir el presente sin pensar en un futuro.

Nos vimos.

Fue una sensación extraña, como de dos personas que se conocen de otra vida que se vuelven a encontrar, pero que realmente no saben si se conocen.
Esa sensación se apagó cuando le tiré un vaso de agua a la cara para que despertase y ella me tiró la jarra entera sobre la cabeza, la confianza que teníamos estaba empezando a nacer mientras nuestras miradas podían por fin encontrarse.

Ella ya me había contado sus problemas, pero no les di la mayor importancia, aún no sé si fue por egoísmo de pensar que problemas eran los míos o simplemente porque realmente creía que no tenía problema alguno.

Era una chica muy madura, tanto que incluso me empequeñecía, mi personalidad cambió por completo y yo ya no sabía a qué atenerme, me estaba empezando a enamorar verdaderamente de ella y eso me asustaba, no quería enamorarme de alguien con quien no sabía si lo que quería era contarle mis problemas o si era algo más que eso.

El tiempo iba pasando, conocí a sus padres y a sus amigos. Empezaron los primeros problemas de pareja, pero la confianza y un cuadrado mágico sobre el suelo de su cocina nos permitieron arreglarlos todos sin excepción.
La confianza iba aumentando y nos iba comiendo, ambos nos veíamos toda la vida juntos, hasta el punto de que ya no pensábamos lo que decirnos, hablábamos sin pensar, éramos nosotros mismos al cien por cien.

Nos empezamos a abandonar, la confianza y la seguridad en la relación nos estaba matando la relación poco a poco, no nos cuidábamos y parecía como si nos conociésemos de toda la vida, había una fusión extraña entre nuestras almas que pese a parecer algo perfecto, no lo era en absoluto, porque una relación necesita errores con los que puedas pedir perdón, fallos que te digan que tu relación no es perfecta y que aún puedes mejorarla.

Sus amigos se empezaron a inmiscuir en la relación y al final ocurrió lo que jamás pensé que ocurriría.

Supongo que gracias a una mezcla de esa confianza, esa seguridad en que nos queríamos por encima de todo y sus problemas de inseguridad hicieron el resto. 

Me dejó.

Me dejó de una forma muy extraña, ya que empezó a deshojar la margarita para saber si me quería o no, y yo no quería vivir con alguien con esas dudas, por lo que decidí ayudarle a que me lo dijese, y me fui de su casa para siempre. Ella no sabía si me quería, pero gracias a todo lo que habíamos vivido yo podía entrar en su cabeza y ver qué es lo que realmente pensaba.

A los pocos días los celos empezaron a aflorar por conversaciones estúpidas de Facebook y me dijo que me quería, volvimos.

Aún tras volver con ella la notaba distante, y ya no estaba a su lado para poder luchar contra sus amigos y contra todo su entorno tóxico, estaba en clara desventaja.

Gané una noche en el Ritz hace tiempo que caducaba en poco tiempo, por lo que le dije de ir a disfrutarla por mi cumpleaños, ella aceptó.

Los días restantes a aquel fin de semana en el Ritz iban pasando, cada vez estaba más distante,  estaba con sus amigos en todo momento y eso a mí me asustaba muchísimo, podía notar desde los más de 500km que nos separaban lo que le estaban diciendo sobre mí, podía sentirlo en su tono de voz.

Los días pasaban, hasta que tras una discusión que nos distanció mucho más, ella me dijo que iba a luchar con todas sus fuerzas por esta relación, que era lo que realmente quería. Tras estas palabras me alegré bastante, aunque el hecho de que sus amigos no parasen de meter mierda sobre mí me estaba volviendo loco, y lo peor es que aún no sabía por qué lo hacían.

Tras un fin de semana con sus amigos, a la mañana siguiente me dejó definitivamente. Me dijo que ya estaba segura de que no me quería y que era mejor que cada uno se fuese por su lado. Quizá fue uno de los peores días de mi vida, ya que tras sus palabras sobre que iba a luchar con todas su fuerzas por nuestra relación yo me sentía muy confiado, el caso es que acabó y desde que me dijo esas palabras hasta que me dejó sólo pasaron dos días.
Me contó que se había pasado la noche llorando con sus amigos, y que había llegado a la conclusión de que no me quería.
Una amiga suya se tomó confianza de hablar conmigo para decirme que le tenía que devolver todas sus cosas a mi ex, parecía realmente interesada porque este fuese el punto y final.

Faltaba una semana para irnos al Ritz, por lo que tuve que cancelarlo todo y me quedé sin ese estupendo regalo de cumpleaños. Como comprenderéis, los amigos sabían de ésto y por eso su decisión fue tan precipitada, no podían consentir que fuese conmigo al Ritz de ninguna de las formas, sabían de sobra que teniendo mi cara a escasos centímetros de la suya ella iba a saber de sobra lo que quería.

Sin Ritz, ni regalo de cumpleaños y tras tantos deshojes de la margarita con "le quiero, no le quiero" yo me estaba empezando a cansar. Desde que lo habíamos dejado sus problemas se estaban acrecentando, y yo era con el único que era capaz de mostrarse tal y como era, pero lo malo de esos problemas es que también le hacían más manipulable por el resto de personas de su alrededor, ya que su autoestima era minada por completo y seguramente prefería estar bien con personas a las que pudiese tocar diariamente.

El tiempo pasó, y no sé cómo ocurrió exactamente, pero volvimos a hablar.
Fue entonces de cuando me enteré de todo.

Un amigo suyo había intentado besarla, y ella lo rechazó. Tras este rechazo, todos sus amigos le dieron la espalda, todos sin excepción, de golpe se quedó sola por haber rechazado a uno de sus amigos. ¿Parece que ahora todo encaja, no? Obviamente sus amigos habían estado metiendo mierda porque uno de ellos estaba enamorado de ella desde hace años, precisamente su mejor amigo. Era el que siempre llegaba tarde cuando quedábamos, el que siempre miraba raro, y el que siempre intentaba caerme mejor que el resto, como con cargo de conciencia por saber lo que estaba con todos a mis espaldas.

De nuevo ella me dijo que me quería, por lo que yo aproveché y le dije de ir al Ritz, ya que iba a caducar en dos semanas, ella aceptó.

Esta vez los días pasaron y a ella la notaba mucho más abierta a mí, era la chica de la que me había enamorado y de la que tras haberme dejado, me di cuenta de lo realmente enamorado que estaba de ella. Aunque todo fuese tan idílico, yo no podía olvidar los grandes feos que me había hecho, diciéndome que me quería y luego todo lo contrario, o haciéndome cancelar el fin de semana en el Ritz con una semana de antelación y para colmo en mi cumpleaños.
Intentaba olvidarme de todo eso, intenté pensar en el presente y en lo bien que conectábamos ahora.

Fuimos al Ritz.

Me contó lo de su amigo, yo intenté no darle la mayor importancia. Al fin y al cabo hijos de puta hay en todos sitios, y aún no sé qué me cabreó más, si el hecho de minar una relación perfecta que hacía feliz a su mejor amiga, y a la chica de la que estaba enamorado, o por el contrario... Después de dejar una relación acudir como un buitre a ella, a ver si caía entonces. Que digo yo que si llevaba tantos años enamorado de ella quizá podría haberlo intentado cuando ni siquiera sabía de mi existencia, ¿no? Supongo que hay gente estúpida, lo malo es que hasta cierto punto le funcionó.

Al vernos todo fue muy frío, ahí fue cuando me di cuenta de que sus amigos habían conseguido lo que tanto había buscado, o al menos el 50% de ello, ya que habían conseguido que me dejase, pero no que su amigo consiguiera algo con ella.
Por suerte tras unas horas la confianza volvió a relucir y pasamos un fin de semana bastante bueno, quizá no el mejor, pero se podía notar lo que alguna vez fuimos. Ella me daba la mano e íbamos abrazados como dos adolescentes la mayor parte del tiempo.
Hablando ella me dijo que no podía estar conmigo, que primero tenía que centrarse en ella y en arreglar su problema. Yo esto no lo entendía, ya que no creo que sea algo incompatible estar con quien quieres y arreglar tus problemas.

Cada uno se volvió a su casa, a lo que ella me dijo si podríamos vernos en Navidades, yo le dije que sí, que sin problemas. El tiempo pasaba, hablábamos por teléfono y todo parecía más o menos bien, salvo por la extraña situación de que no estábamos juntos, aunque todas nuestras acciones mostraran lo contrario.

Ella seguía interesada en vernos en Navidades, por lo que yo decidí soltarle el ultimatun de que si nos veíamos tendríamos que volver, y que si no venía a verme aquí se acababa todo, que no iba a luchar más por ella.
Mientras tanto le estuve ayudando a buscar psicólogos para que le ayudasen con su problema, pero no había ninguno realmente decente.

Hablábamos a diario, aunque fuese una hora, lo hacíamos.

El día que iba a visitar al primer psicólogo decidí no hablar con ella, quería darle espacio, sabía que cuando hablaba del tema estaba mucho peor. Ese día por la noche vi que estaba conectada a Facebook, le saludé y me dijo que estaba hablando con una amiga, casualmente la misma que me dijo que le devolviese todas sus cosas. Aquí me volví a temer lo peor, aunque estaba vez no pensaba que pudiese volver a hacerlo.
Me empezó a contar que había un malentendido, que sus amigos habían estado liados y por eso no habían quedado con ella. Claro.

Al día siguiente la llamé, y le pregunté por lo de vernos en Navidades. ¿Lo adivináis? "No estoy segura de que te quiera, tengo dudas".

Me cansé definitivamente, le mandé a la mierda y la verdad es que no creo que le dijese muchas cosas bonitas, le solté el AS que siempre tengo con cada chica que quiero que me odie y que me olvide y se acabó. El AS fue simplemente decirle iba a conocer a más gente, que estaba cansado de ella y que su problema no era real, que lo que quería era llamar la atención.

La borré de Facebook, y no la hablé más.

Es una chica a la que han puesto los cuernos sus mejores amigas con su ex, y pese a eso no le guarda rencor. Incluso es una chica que soporta las embestidas diarias de su madre, a la que no guarda rencor.
A mi sí.

Pese a esto, y después de un mes sin saber de ella, decidí felicitarle el año nuevo. Ella estaba muy enfadada conmigo, me dijo que ya se había olvidado de mí, parecía ella la despechada y no yo, me dijo que no quería saber nada más de mí, que la había fallado y demás. Intenté aguantar la conversación por teléfono, hasta que ya también me cansé. Le dije que ya le preguntaría en un par de días que tal la primera consulta con otro psicólogo que iba a probar y acabó ahí.

Jamás le pregunté qué tal aquella consulta, a los pocos días me di cuenta de que yo no estaba enamorado de esa chica, esa chica no era la misma persona. 

Siempre estaré enamorado de la chica que conocí hace años, siempre, pero me es imposible querer estar con alguien que es capaz de volver a hablarse con unos amigos que le dieron la espalda cuando ella rechazó a uno de ellos. Su madurez ya no existía, su idea de relación tampoco, no había nada de esa chica que me atrajese, más allá de su físico y de lo que una vez fue para mí.

Como he dicho, no le pregunté por la consulta con aquel psicólogo, bloqueé su numero en WhatsApp y lo borré para ni verla en mis contactos.

A los pocos días me dedicó una foto en Instagram con el texto: "No pierdas tu tiempo intentando explicar cómo eres a gente que no tiene ninguna intención de entenderte, ni dando explicaciones a quién no quiere creerte".

Supongo que esto ya fue la gota que colmó el vaso para mí. Mi orgullo y me ego volvieron, mi razón entró en juego y me instó a no dar más por alguien así, por alguien que es capaz de dejar a la persona de la que está enamorada con tal de llevar una vida más fácil con unos amigos que le dan de lado porque rechaza un beso de uno de ellos.
No sé qué es lo peor, si que ella sepa lo que hizo o que me lo haya puesto tan fácil para olvidarla.

He madurado tantísimo desde entonces que ahora me considero mejor persona que hace tres años. Puede que no sea tan atractivo a una mente femenina, pero creo haber ganado mucho más de lo que he perdido. Ahora sólo queda esperar y volver a creer en ese invento estúpido llamado amor, ese invento que a cada palo que te da los verdaderos románticos perdemos un poco más la esperanza en él.


Anécdotas que contar, personas que fueron muy especiales que de repente se convierten en seres extraños con los que no quieres verte nunca. Ángeles que se convierten en demonios, o simplemente ángeles que dejan de serlo y se cortan las alas porque prefieren estar rodeado de estúpidos, con tal de estar rodeados de alguien.



Esto es la vida: amor, pasión, rechazos e hijos de puta.



--Hero

viernes, 14 de febrero de 2014

Corazón

El relato está sin editar, calculo que está a un 80%. ¡Disfrutad mientras subo el resto!

Esto no es una despedida, es un hasta luego, aunque cada vez que me despida de ti me sea más difícil volverte a sentir, sé que volverás. Esto no es el final, es un hola a la razón, un adiós a ti, corazón. 
Hemos remado juntos durante más de cuatro años, te hice caso en todo lo que me proponías y siempre que caíamos, nos volvíamos a separar. Cada vez me está costando más creerte, saber que lo que me ordenas es lo correcto, cada vez intento con más fuerza darte ese valor que te quita la razón, pero estoy cansado de caer contigo, de luchar para que tarde o temprano nos tengamos que volver a despedir una vez más.
Muchas guerras hemos librado, hemos disfrutado luchando, pero nuestros caminos al final siempre se separan, cuando perdemos, no pierdes tú, todos lo hacen. Cada vez que fijo un nuevo objetivo, éstos pierden valor, temo que si sigo haciéndote caso algún día desaparezcas de mí por completo, y no tenga más que un órgano que bombea sangre al resto de mi cuerpo, temo que si esto sigue igual pueda perder la visión que tengo de ti y ambos nos quedemos solos, sin aprovechar todo nuestro potencial, sin amar.
Corazón, mi razón te ha escrito, hazle caso, déjanos un tiempo y vuelve con más fuerza, pero por favor, si vuelves que sea para no volverte a ir, o tal vez me convierta en esa roca fría y sin sentimientos a la que tanto empeño pusiste en cambiar.

Se abrió mi mente, se abrió mi corazón y ahora sólo uno de los dos permanece abierto, mi corazón ha dado paso a la razón y mi ego ha tomado el poder de mi cuerpo.
No tengo sentimientos que me detengan, espero que un día mi motivación salga de ti, corazón.

Atentamente, alguien que te hizo siempre caso sin pensar en nada más.

Gracias por tanto, corazón.

--Hero






Tengo un máster en saber qué decir a una persona para que se olvide de mí, creo que es mi mayor virtud. No sé si es porque conozco bastante rápido a las personas, o simplemente es un don que me viene de serie, el caso es que siempre me funciona.
El tiempo ayuda a que se olviden de ti, el tiempo al final te soluciona muchos problemas, pero lo que más le facilita a alguien olvidarte es que te odie, especialmente os ocurre a vosotras las mujeres.
A alguna basta con decirle que hablabas con ella porque te querías follar a alguna amiga suya, a otras que follar está muy bien pero que tú buscas algo más que ella no te da, a otras simplemente basta con llamarles mentirosas.
A la larga, que una mujer te odie es malo, pero a corto plazo es lo mejor para ambos, ninguno sufre, yo consigo mi propósito y ella me coge tanto asco que ni se plantea el volver a hablarme. ¡Todos ganamos!




Me gustaría volver a ser el guarro que era antes, el que cuando dejaba una relación se olvidaba de ella a base de follarse a una tía distinta cada día, ahora me cuesta más, creo que he aprendido lo que es el verdadero amor, por eso quiero guardarlo bajo llave.
Chicas guapas y sin problemas mentales ya llaman a mi puerta, ¿estaré preparado?

Tantas a mis pies y ninguna a mi altura, pensé. ¡Qué equivocado estaba!
Aquí viene la que pensé fue la mejor época de mi vida.



Años atrás, Madrid, acababa de dejarla y estaba hecho un lío.
Vivir solo era un problema, demasiado tiempo para pensar en las decisiones tomadas, tenía que olvidarme de todo.


No sé qué es lo que me llenaba más, si el hecho de follarme a una tía distinta o el hecho de conseguir que una tía distinta quisiera follarme. Horrible.

Miré mi agenda:
Nada, nada, nada.
Miré mi Facebook:
Nada, nada y nada…
Tuenti (sí antes usaba Tuenti, no me matéis)
Nada, nada… ¡Oh!


Hacía muchísimo tiempo que no hablaba con ella, pero me decidí a atacar. Me gusta ser sincero, que descubriese que estaba hablando con ella porque necesitaba echarle un polvo y así olvidar a la mujer que acababa de apartar de mi vida podía ser muy patético. Me gusta la sinceridad, probé si a ella también.

A las cuatro o cinco horas la tenía a cuatro patas sobre mi cama chillando como una verdadera zorra (perdonad el eufemismo, pero pienso que encaja a la perfección).
No era capaz de correrme, llevábamos toda la tarde follando como dos adolescentes, follando en todas las posturas que sabíamos y en las nuevas que se nos ocurrían, nada.
Tenía la mente aún en otro lugar, en otra persona, decidí evadirme un rato de mis pensamientos y disfrutar de lo que tenía delante, o encima, o debajo…
Al rato de desconectar empecé a sentir, a disfrutar, le avisé de que me iba a correr. Se desencajó (qué palabra más fea, pierdo facultades) mi polla, me quitó el condón y me la empezó a chupar de tal manera que pensé que su sabor debía ser delicioso.
La tenía sobre mí, pasando su lengua de lado a lado mientras con una mano me la apretaba y me la masturbaba. Se la introdujo en el momento exacto y siguió masturbándomela hasta que me corrí dentro de su boca.
Fue una única corrida, pero me quedé como nuevo, la segunda sería en su cara. Sacaba mi lado más guarro y cerdo, ¿qué queréis que hiciera? Me la seguí follando, hasta que mi polla y su coño decidieron darse una tregua.

El día siguiente lo pasé íntegro con mis amigos, por lo que no tuve tiempo para ella, ni siquiera me paré a pensar en ella o en alguna otra mujer.

Pero pasaron dos días, y me llamó.


Una amiga suya hacía una fiesta en su chalet, tenía que ir con bañador y vestido de blanco. Me pregunté para qué sería el bañador, porque con el frío que hacía no creo que ningún valiente pensara bañarse, pero accedí.
Se lo dije a todos mis amigos, pero ninguno quería salir entre semana, cosa comprensible, por lo que decidí ir solo.

Había quedado a las cuatro con mi amiga en la puerta de mi casa, me venía a buscar en coche con dos amigas más. Yo ya estaba listo, y como supuse que el bañador no iba a usarlo me lo llevé dentro de una mochila, esperaba mojar de otra forma en la que no iba a necesitarlo.

Un Ibiza rojo aparcó en la puerta, en él iba mi amiga en la parte de atrás y dos chicas bastante apetecibles en los asientos delanteros.
Entré, saludé a ambas y empecé a hablar con mi amiga mientras nos conducíamos a aquel misterioso chalet.

- Mi amiga te va a gustar, me dijo mientras las dos de los asientos delanteros discutían con el GPS.
- ¿Qué amiga? Pregunté extrañado.
- La del chalet, es rubia.
- ¿Me has concertado una cita sin yo enterarme?
- No, sólo te he dicho que te gustará.
- ¿Quieres que me la folle?
- Te la vas a querer follar, pero no creo que lo consigas.

(En esta época de mi vida me gustaba apostar, y debo deciros que pocas veces perdía una apuesta, aunque a veces me dejaba perder).

- ¿Qué nos apostamos? Le dije.
- Lo que tú quieras.
- Si me la follo eres mi esclava sexual durante un mes, le dije.
- Como si quieres que sean dos.
- Un mes y un trío con la chica que yo quiera.
- Lo que tú quieras, pero no lo vas a conseguir.
- ¿Qué quieres tú a cambio?
- Serás tú mi esclavo sexual durante un mes.
- ¿Sin tríos? Pregunté extrañado.
- No quiero tríos con otros hombres, y con otra mujer sería premiarte.
- ¿Trato entonces? Le pregunté para confirmar.
- Trato.


Os ahorraré lo que falta de camino al chalet, nada relevante a parte de que me di cuenta de que las otras dos chicas que había en el coche estaban casi tan buenas como mi amiga, y desde ese momento me centré en follármelas también.
No me matéis, en esa época lo único que me llenaba era conseguir todo lo que quería, no veía personas, veía cuerpos, aunque reconozco que ahora me vuelve a pasar algo parecido, pero no igual.

Aparcamos el coche en una gran explanada de tierra y entramos al dichoso chalet. Era un chalet grande, de unas dos plantas, una gran cristalera daba al exterior, donde todo estaba cubierto de un césped perfectamente cortado y una piscina no muy grande cubría una esquina.
Era un sitio bastante acogedor y muy alejado de las demás casas, lo que permitía tener la música tan alta como quisieran. Lo que más me sorprendió es que ya había como unas 50 personas con cubatas en la mano.
Me centré en buscar a mi rubia, pero había varias y ninguna me encajaba en el perfil.

- ¿Es alguna de estas? Le pregunté a mi amiga.
- Cuando la veas sabrás que es ella.
- ¿Por la corona de princesa?
- Idiota, dijo entre carcajadas.
- Bueno, voy a perderme un rato a ver quién hay por aquí, saluda por mí.
- Vale, volvió a decir mientras reía.


Como yo era el único soldado de mi ejército a la vez que general también era la tropa de avanzadilla. Exploremos, me dije.
La verdad es que enemigos como tal no había muchos, sólo había algún que otro repeinado con polo en los que el caballo que tenían era más grande casi el polo en sí.
Cuando te pones a andar solo por una fiesta piensas que todo el mundo te va a mirar, te va a señalar o incluso te va a preguntar qué haces ahí, pero a los cinco minutos se te pasa y te das cuenta de que cada uno va a su puto rollo.

Me acerqué a las cristaleras que daban al jardín, pude divisar una pantalla plana de bastantes pulgadas (esta historia es de hace años, recordadlo), alrededor de la pantalla había varios sofá que tenían pinta de cómodos. El interior de la casa estaba decorado con un toque bastante moderno, me gustaba ese estilo. Para terminar, del salón salían unas escaleras que daban a la parte de arriba, en la que supuse que estaban los dormitorios.

Después de este pequeño párrafo sobre interiorismo os contaré lo que realmente os importa. ¡La vi!

Estaba al borde de la piscina, junto a un chico que se había adelantado a la moda de los gimnasios que hay ahora y que podría agarrarme perfectamente la cabeza en una de sus manos.
¡Qué hija de puta! Pensé… Mi amiga me había engañado, sabía que no iba a follármela porque ese armario era su novio, y para colmo estaba aquí, con ella.

Se me olvidaba, ¿cómo era ella?


Rubia, ojos oscuros, pelo muy largo recogido en una coleta, pecho apetecible y un culazo marcado por unos vaqueros bien ajustados. Tenía unos labios carnosos y una cara entre dulce y agresiva, la mezcla perfecta.

Me acerqué al grupo en el que se encontraba mi amiga.

- ¡Me has engañado! Le dije entre cabreado y en broma.
- ¿Por qué? Preguntó extrañada.
- Tiene un armario empotrado que la protege, creo que sería más fácil follármelo a él que a ella.
- Pues seguramente gilipollas, porque lo primero es que es gay y lo segundo es que es su hermano. Me dijo partiéndose el culo.

Sus dos amigas también se empezaron a reír.

- ¡Qué cabronas sois! Le dije.
- Aún así, no creo que te la vayas a follar, me dijo.
- ¿Te la quieres follar? Añadió una de sus amigas.
- ¿Tú no? Con una así deberías replantearte tu sexualidad, le dije.
- No creo que seas capaz, es muy reservada para esas cosas, me dijo.
- ¿Tú también quieres apostar?
- ¿Has apostado con “E”? (A partir de ahora E será mi amiga)
- Claro, le dije.
- ¿Qué has apostado? Preguntó.
- Si se la folla me folla a mí, dijo E.
- ¿Pero vosotros dos no habías follado ya? Preguntó extrañada.
- Cada vez me sorprendo más con lo poco privada que es mi vida PRIVADA, recalqué mientras las sonreía.
- Somos amigas, ¿qué esperabas? Dijo E.
- ¿Tú también quieres apostar? Le pregunté a su amiga.
- ¿A ser tu esclava? Vale, pero yo quiero de ti una cena si gano yo.
- A eso también me apunto yo, dijo la amiga que faltaba por involucrarse en la conversación.
- ¿Me estáis diciendo que si gano tengo a tres esclavas para mí solito? Pregunté entre extrañado y sorprendido.
- Sí, y si pierdes serás mi esclavo y a ellas les deberás dos cenas, me dijo E.
- ¿Pero quién cojones es esa tía para que la tengáis tan endiosada? Pregunté extrañado.
- La típica chica que siempre ha sido popular y que no se folla a cualquiera, me dijo E.
- Bien…

Terminada la conversación me acerqué a ella decidido, mi ego desde hacía días estaba tan crecido que si me tiraba a la piscina todo el agua se saldría fuera.

- Hola, eres el dueño de la casa, ¿no? Le pregunté al hermano mientras le daba la mano y me presentaba.
- Sí, ¿vienes con E y …? Me preguntó mientras me sonreía.
- Sí. Por cierto, ¿dónde puedo coger hielo? Tenía que desviar la atención e ignorar a su hermana para que ella actuase. 1, 2, 3…
- Está dentro de la cocina. Por cierto, soy L, soy su hermana y mientras se presentaba le di dos besos.
- ¿Me acompañas? Le pregunté como si realmente fuese tan inútil que no pudiera encontrar la cocina solo.
- Claro, ven.

He de reconocer que tenía una voz muy apetecible y que me ponía muy cachondo, era un poco más baja que yo, pero no llevaba tacones.

- ¿Hace mucho que conoces a E? Me preguntó curiosa.
- Algo así.
- Entiendo.
- ¿Qué entiendes? Le pregunté extrañado.
- Lo de “algo así”.
- ¡No es lo que parece! Le dije entre risas.
- Ya, ya. Dijo riéndose.
- En realidad me he acercado a ti por una apuesta.
- ¿Qué apuesta? Me preguntó de tal forma que parecía molesta.
- Nada, lo típico, si consigo echarte un polvo ella y todas sus amigas serán mis esclavas sexuales durante un mes. Le dije serio.

Ella se paró y se empezó a reír.

- No creo que me necesites para follártelas a todas, pero follarme a mí…

Esa frase me dejó loco, no sabía por dónde cogerla.

- Qué bien que vamos a por hielo, porque con la torta que me acabas de dar voy a necesitar ponerme algo en la cara. Le dije entre risas.
- Era broma, me refiero a que no se te ve un tío necesitado de sexo. Me dijo.
- Prefiero no preguntar el porqué. El caso es, ¿qué te hace pensar que lo que necesito es sexo y no conocer a alguien nuevo con la excusa del sexo?
- Por eso mismo sé que no necesitas de mí para echar un polvo.
- Me he perdido.
- Suerte que la rubia soy yo. Me refiero a que con la cara que tienes y esas respuestas no creo que haya muchas que no se rindan a tus pies.
- Oye, a mí no me entres tan a saco, que yo soy muy tradicional y aún pienso que los hombres tenemos que llevar las riendas en la seducción. Le dije entre risas.
- Mejor espérate a que esté borracha, así tengo una buena excusa. Me dijo riéndose.
- ¿Te parezco mala excusa?
- Lo que importa es cómo de buena es la excusa para el resto de los que están aquí.
- Creo que voy a perder la apuesta.
- Sabía que no ibas a tener paciencia, me dijo.
- Tengo demasiadas virtudes como para preocuparme por una que se basa en esperar. Le dije.
- A veces lo bueno se hace esperar. Aquí está la cocina.
- Si lo bueno se hace esperar, esperemos.

Le agarré de la cintura y le apreté contra una pared de la cocina. Acerqué mi cara a la suya, fui lentamente hacía su cuello y…

- Ya que lo bueno se hace esperar, hoy vamos a ser las personas más pacientes que hayamos conocido, le dije en un susurro a su oído.
- ¿Intentas provocarme? Me dijo mientras pude ver como empezó a respirar por la boca, nerviosa.
- ¿A ti? Siempre.
- Yo no te he provocado.
- Tu cuerpo lo hace constantemente.
- No tengo culpa de que te guste mi cuerpo, me dijo ya en un tono de voz muy diferente al tono vacilón del principio.
- Ni yo de que te pongas cachonda por notar mi respiración en tu cuello.
- No me he puesto cachonda… Me dijo mientras se lamía los labios.

Me acerqué de nuevo a su oído.

- Entonces no te importará que te vuelva a susurrar desde aquí, ¿no? Le volví a susurrar en su oído.
- Si te gusta, no tengo inconvenientes, pero cuidado que a lo mejor si lo hago yo no te controlas.
- Hazlo.
- No, me dijo.
- Hazlo, atrévete.
- No.
- Si no lo haces te muerdo el cuello ahora mismo y no habrá marcha atrás.
- No te vas a atrev…

Me lancé a su cuello y empecé a lamérselo, mordérselo y a comérselo. Ella soltó un gemido.

- ¿Eso ha sido un gemido?
- Cállate.
- ¿Necesitas un poco de hielo?
- Te odio.

Me acerqué a ella, le apreté de nuevo contra la pared y le devoré la boca. Mi lengua empezó a jugar con la suya y mis dientes se clavaban y tiraban de sus carnosos labios.
Duró a penas unos segundos.

- Vamos, que veíamos a por el hielo, le dije mientras me reía.
- ¿En serio?
- Claro, que además creo que vas a necesitar enfriarte, porque hasta que te emborraches y pueda buscarte aún falta.
- ¿Dejaste a tu novia para ser así de gilipollas con el resto?
- ¿Qué, cómo sabes eso? Pregunté sorprendido de que lo supiese.
- Da igual, déjalo. Me dijo mientras evitaba mi mirada y sacaba hielos del congelador.
- Se te ha escapado porque estás cabreada, quiero saberlo.
- Déjalo X, de verdad.

Le agarré de la cintura como antes de darle el beso e insistí.

- Dímelo, le dije mientras mi mirada cambiaba de sus labios a sus ojos.
- Sé lo de la apuesta y lo sé todo.
- ¿Cómo lo vas a saber? Es imposible.
- Pues lo sé.
- Cuéntamelo, por favor. Insistí.
- E sabía que si te retaba ibas a apostarte algo.
- Venga ya.
- Ayer le dije que hoy daba una fiesta y ella me preguntó si podía venir con un amigo…
- Yo…
- Exacto. Me dijo que seguro que me tirabas la caña porque soy tu tipo, a lo que le dije que nos podíamos reír un rato contigo viendo cómo intentabas ligarme.
- ¿En serio? Empecé a reírme.
- ¿Ahora quién es el que trata como mierda a los demás? Le dije con media sonrisa.
- Lo siento, al menos te lo he contado, ¿no?
- Me lo has contado porque estás cabreada y cachonda.
- No te pases.
- Es la puta realidad.

Casi sin terminar la frase me lancé a sus labios, su cara de sorpresa cambió cuando mi lengua empezó a rozarse con la suya, cuando mis labios empezaron a saborear los suyos y cuando mi cuerpo se apretaba más y más al suyo.

- El problema es que yo también me quedé con ganas de seguir besándote, le dije.

Volví a lanzarme a sus labios, era un beso tierno, lento, mi lengua buscaba la suya y la suya buscaba a la mía. Mis dientes se clavaban en su labio inferior y tiraban hacia mí mientras nuestras miradas se cruzaban.
De repente una nube nos envolvió, me encantaría engañaros y presentaros una situación irreal en la que parecíamos dos enamorados que acababan de conocerse como en una película, pero no, aunque casi podría serlo.
Por un momento nos olvidamos de todo, nos estuvimos comiendo la boca sin despegarnos durante un buen rato.

- Deberíamos irnos, llevamos dos horas aquí… Me dijo
- Sí, vamos. ¿Te busco cuando estés borracha?
- Cállate imbécil.
- Aún tengo ganas de que me expliques cómo he conseguido comerte la boca después de todo.
- Si no lo sabes es que a lo mejor no ha merecido tanto la pena como pensaba.
- ¿Crees que eso te servirá de excusa para no contármelo?
- Anda ve y coge los hielos, que hemos venido a por eso y nos los hemos olvidado.


Fui a por los hielos y ambos nos acercamos a donde estaba su hermano con un grupo de amigos, los soltamos en un cubo y nos fuimos con E…

E me miraba extrañada, alternando su mirada entre L y yo.

- Se lo has dicho, le dijo E a L.
- Sois unas hijas de puta, que lo sepáis. Dije riéndome.
- Para que veas si te conozco bien, me respondió E.


Cuando me quise dar cuenta ya era de noche, mucha gente se había ido y el grupo de unos 15 que aún quedábamos allí nos pusimos a preparar una barbacoa. El tonteo con L era constante, a veces era ella la que se me acercaba a decirme cosas y a tocarme el culo, aunque la mayoría de veces me acercaba yo y aprovechaba para darle un mordisco en alguna parte desprotegida de su cuerpo. Aún me asombraba el culazo que le marcaban aquellos vaqueros.

El tiempo pasaba y L cada vez me gustaba más. ¿Hay algo más atractivo que ver a una mujer sofisticada comiéndose un bocadillo de panceta? Eso pienso yo.

- El alcohol se ha acabado, ¿voy a por más para que así puedas emborracharte?
- No te tenía por alguien que repite las bromas malas.
- No te tenía por alguien que pudiese rechazar emborracharse conmigo para después bañarnos en esta piscina desnudos.
- Me conoces poco si crees que necesito estar borracha para hacer eso, me dijo.
- Lo de bañarte desnuda es lo menos excitante que ibas a hacer conmigo ahí dentro, le dije mientras sonreía.
- Perro ladrador...
- Que yo sepa yo ya te he demostrado que muerdo, le dije terminando su frase.
- Será lo único que me has demostrado, me dijo mientras se acercaba a mí.
- Bueno, tenemos mucho tiempo para ver qué más puedo demostrarte, le dije mientras le agarraba de la cintura y le daba un beso.
- ¿Qué te hace pensar qué queiro que me demuestres más cosas?
- En que tienes la excusa perfecta para no dormir sola hoy, le respondí.
- A lo mejor tengo a alguien esperándome en la cama y tú no lo sabes.
- Entonces será mejor que vaya y le diga que vuelva para la hora del desayuno con dos zumos de naranja y un par de tostadas para reponer fuerzas y que podamos a lo nuestro.
- ¿Nunca te callas? Me dijo forzando una cara de enfado.
- Sólo cuando...

De repente una voz gritando mi nombre me hizo girarme, una de las amigas de E me llamaba.
Ambos nos acercamos al grupo, E estaba sentada en el suelo, súper borracha.
Hacía bastante rato que no sabía nada de ellas, había estado todo el tiempo con L y apenas había bebido.

- ¿Qué le pasa? Pregunté sabiendo la respuesta.
- Está muy borracha y dice que no se puede levantar, me dijo una de sus amigas.
- Vamos a llevarla dentro, dijo L mientras me miraba indicándome que fuese yo quien la llevase.

Por suerte E no era muy alta, por lo que pude llevarla perfectamente en brazos sin partirme la espalda.

- ¿Qué quieres que haga con ella? Le pregunté mientras la llevaba de camino.
- Hay una habitación de invitados abajo, deja que duerma y que pase la mona.

La llevé hasta la habitación, le abrimos la cama y la metí dentro. Fue colocarla en la cama y sacar la cabeza para vomitar en el suelo.

- Previsible, le dije mientras miraba a L.
- Quédate con ella, voy a por una fregona, dijo mientras se marchaba a por la fregona.
- ¡La que has preparao', E! Le dije en un tono bromista.
- Lo siento, no sé que me ha pasado.

Se encontraba fatal, no era una borracha graciosa, ni siquiera parecía una borracha, se encontraba verdaderamente mal.

- No te preocupes, ahora me quedo contigo mientras te consigues ir recostando.
- Aparta, que limpie esto, me dijo L mientras entraba por la puerta con una fregona.

He de reconoceros que pese a lo poco idílico de la situación, estaba muy cachondo. Es más, llevaba toda la tarde cachondo, L sacaba mi lado más animal, sus respuestas a todo, sus labios, su forma de devorarme el alma a través de su boca, su culo... Quedaba poco para que ambos empezásemos a llenar el vacío sexual del otro.

- Podéis iros, no quiero joderos el día, nos dijo E.
- ¿Estarás bien? Le preguntó L.
- Sí, no os preocupéis.

Le di un beso en la frente y salí de la habitación. L le dijo algo al oído y salió detrás de mí.
Ambos nos dirigimos al jardín y le explicamos a sus amigas y a los demás que estaba bien, que la habíamos dejado en la cama, durmiendo.

- Ven un momento, me dijo L mientras me agarraba de la mano y tiraba de mí.
- Dime, le dije mientras le agarraba de la cintura y me acercaba a sus labios.
- Espera, me dijo apartándome.
- ¿Qué pasa? Le dije extrañado.
- ¿Qué buscas de mí?
- ¿Qué? Le dije con cara de sorpresa.
- Sí, ¿qué buscas de mí? ¿Qué buscas en cada chica con la que te acuestas?
- Lo sabrás cuando me acueste contigo, le dije de forma tajante.
- No evites la respuesta... ¿Cómo es el nombre de la mujer que buscas en cada una de nosotras?
- No hay ninguna mujer, le dije de nuevo de forma tajante intentando terminar la conversación.
- Alguien que no busca más que sexo no tiene la empatía que tú tienes con nosotras, el cariño...
- Mea culpa por ser humano, le corté.
- Eres raro, me dijo.
- La rara eres tú, que llevamos un día perfecto y en lugar de pensar que tenemos una conexión brutal intentas buscar una respuesta lógica a algo que no la tiene.
- Desde luego labia tienes un rato.
- Y tú demasiadas preguntas.
- ¿La echas de menos? Me preguntó mientras se acercó a mí.
- Cada día, cada noche y cada mañana.
- ¿Y por qué te acuestas con otras en lugar de volver con ella? Me dijo mientras se apartaba.
- Porque lo que echo de menos es lo que sentía por ella, pero eso me lo puede dar cualquier mujer de la que me enamore.
- Bueno, dejemos el tema que me estoy rayando... Me dijo.
- Has bebido poco, le dije mientras me acerqué a sus labios y comencé a mordisquearlos.
- ¿Ninguna de las chicas que engañas te hace estas preguntas? Me dijo entre besos.
- Si lo hiciesen puede que alguna lograse entenderme, y eso no sería bueno para mí.

Poco a poco la gente se empezó a ir, hasta que sólo quedamos L, una amiga de E que es la que llevaba el coche y yo.

- ¿Puedo quedarme a dormir en el sofá del salón? Le preguntó la chica a L.
- Hay una cama libre arriba, al lado de mi habitación, le dije L.
- Ya, pero no creo que duerma muy bien ahí.
- ¿Qué dices? Le preguntó L.
- Por si hacéis ruido, dijo entre risas.
- ¿Por qué íbamos a hacer ruido? Le pregunté entre carcajadas.

Ignoró mi pregunta, fue a tumbarse al sofá y se despidió de nosotros con la mano, como invitándonos a subir a la habitación de L.
Me agarró de la mano y me condujo por las escaleras hasta su habitación, nada más entrar yo por la puerta, la cerró. Al entrar nos empezamos a besar, apreté mi cuerpo contra el suyo y directamente me lancé a devorarle el cuello, ella fue retrocediendo hasta dar con su culo en la pared. Giraba su cabeza sin parar mientras sus manos recorrían mi pelo, mientras las mías recorrían su cadera y mientras mi boca lamía y devoraba su suave piel.

- ¿Cómo puedes saber tan bien?

No me respondió, sólo se mordió y humedeció el labio mientras yo me volvía a lanzar a calentarle el cuello.

- Con la conversación que tuvimos antes aún dudo entre si follarte o hacerte el amor.
- Hazme todo, me dijo.
- ¿Todo? Repetí.
- Todo, me dijo mientras me empezó a besar de nuevo.

Su lengua era deliciosa, recorría todo el interior de mi boca y lamía mis labios por dentro. Sus labios eran carnosos y suaves, era imposible no clavar mis dientes en ellos de vez en cuando para saborearlos mejor.
Metí un trozo de mi mano por dentro de sus vaqueros y mientras retrocedía en dirección a la cama, tiraba de ella, hasta que acabé sentado en el borde de la cama y ella se colocó sobre mí.
Ambos nos quitamos la parte de arriba a la vez, quedando ella en sujetador.

- ¿Qué compenetración no? Le dije bromeando.

No contestó, simplemente se mordía el labio y se disponía a lanzarme de nuevo sobre mí.

- ¿No puedes hablar? Le dije riéndome.
- Estoy muy mojada, me dijo mientras se relamía los labios.
- Y más que lo vas a estar.
- Llegará el día en el que encuentres a una chica que te parta el corazón.
- A lo mejor esa chica llegó hace tiempo y ahora vivo con el corazón partío', como Alejandro Sanz.
- No lo creo, me dijo.
- ¿Y por qué no? A lo mejor como tengo el corazón hecho trizas soy capaz de dedicarle un parte a cada mujer que me encuentro por la calle.
- Menudo cuento tienes.

La situación era extraña, hablando de corazones mientras la tenía encima de mí, con sus tetas a escasos centímetros de mi boca.

- Va, cállate de una puta vez, le dije mientras me lanzaba a comerle la boca.

Tenía unos labios carnosos y suaves, por lo que aproveché y clavé mis dientes en el interior de su labio inferior, quedando éste en el interior de mi boca me puse a lamerlo y saborearlo con mi lengua sin parar. Se lo solté y se quedó con la boca abierta, respirando por ella, jadeando mientras nos mirábamos por un instante. Segundos que parecieron eternos, uno de esos momentos que compartes con alguien y en los que parece que le lees el pensamiento, en los que parece que te das cuenta que se pregunta: "¿Qué estoy haciendo y por qué me gusta tanto?".

En esta época me di cuenta de que da igual cómo seas para gustar, lo que importa es mostrar a los demás que estás contento de cómo eres y convencerlos de ello si es que piensan lo contrario.

Fui directo a su cuello, a lo que ella soltó un gemido nada más notar cómo mis labios se posaban sobre su suave piel, cómo le abrazaba y le apretaba a mí mientras se lo lamía y mordisqueaba.
Hacía algún que otro parón besándola de una manera tan tierna que hasta me asustaba, despacio, con la lengua deslizándose dentro de su boca lentamente, como temerosa de entrar.

Le di la vuelta y le tire sobre la cama, quedando yo sobre ella, con un acto reflejo ella abrió las piernas.
Me incorporé, poniéndome de rodillas.

- Ahora que te tengo aquí y no puedes escapar de mí, ¿qué hago contigo?
- Hazme lo que quieras, me dijo entre risas.
- ¿Tengo carta blanca?
- Tienes lo que quieras.
- Bueno, por ahora te quiero a ti, osea que tengo lo que quiero, sí.

Nada más acabar la frase me volví a colocar sobre ella. Esta vez empecé a comerle las tetas con el sujetador puesto, mordisqueando, lamiendo, chupando. Me lancé a su clavícula e hice los mismos movimientos con mi boca, con mi lengua, con mis dientes...

Ella pasó las manos a su espalda y se quitó el sujetador por encima de la cabeza.

Me quedé mirándoselas, a lo que ella sonrió.


- ¿No te gustan? Me dijo.
- ¿Tengo cara de que no me gusten?

Le agarré la izquierda y empecé a dibujar círculos con la punta de mi lengua alrededor de su pezón, pasando cuidadosamente mi lengua por él. Fui haciendo una espiral con mi lengua saliendo de su pezón por todo su pecho, lamiendo cada poro de su piel.
Soplé sobre mi saliva y seguí mi espiral, esta vez al revés, acabando en su pezón. Se la solté e hice lo mismo con su pecho derecho, se lo agarré y formé una espiral con mi lengua saliendo de su pezón para volver a acabar en él.
Se las junté y empecé a morderle primero una, después otra.

Ella no paraba de jadear, de moverse bajo mi cuerpo, de arquear la espalda y de mostrarme lo perfecto que tenía el cuello.
Subí a su boca y se la empecé a comer. Ya no eran besos lentos y tiernos, ella mi agarraba del pelo mientras yo le devoraba los labios y mientras una de mis manos desabrochaba su cinturón y el primer botón de sus vaqueros.
Fui bajando, recorriendo su cuerpo. Pasé por su barbilla, bajé por su cuello, su clavícula derecha, después pasé dándole besos entre los pechos, bajando por su tripa, mordiendo y clavando mis dientes en sus caderas.

Me salí de la cama y me desnudé hasta quedarme en bóxers, acto seguido le quité los vaqueros a tirones.

Me volví a poner sobre ella, y mientras nos comíamos la boca, frotaba mi polla dura resguardada aún en mis bóxers contra lo que se escondía bajo su tanga. Ella gemía y jadeaba, sobretodo mientras me la frotaba y le comía el cuello, ahí se movía sin parar, movía sus caderas para notarla dura contra ella, y gemía, gemía mucho.

Volví a bajar por su cuerpo besando cada poro de piel que me encontraba en el camino, hasta que llegué a su tanga.

Tiré de un lado por encima de su coño, y de otro un poco por debajo, haciendo que este se quedara entre medias de sus labios y ambos labios saliesen a relucir teniendo el tanga justo en medio.

Me centré por el labio que apareció por el lado izquierdo, soltando un lametazo de abajo arriba que le hizo agarrarse con fuerza al cabecero de la cama. Me puse de lado y empecé a besarlo, poniéndolo entre medias de mis labios y como si se tratase de un sobre pasando mi lengua por él mientras mi boca se deslizaba de arriba abajo.
Sus gemidos me desconcentraban, chillaba mucho y me estaba poniendo la polla durísima.

Intenté repetir los movimientos en el lado derecho de su coño, pero sus gemidos y movimientos me lo hacían imposible. De repente le aparté el tanga y le metí dos dedos, empecé a masturbarle a toda velocidad, sus gritos iban a dejarla sin habla durante días, pero yo seguí metiéndole mis dedos dedos a toda velocidad, mientras me acercaba para jugar con su clítoris.

No paraba de gritar, mi polla estaba con ganas de entrar en acción, pero quería contenerme. Le quité el tanga y empecé a masturbarle cómodamente, mientras mi lengua jugaba con su clítoris, lamiéndolo, presionándolo y soltándolo.
A los pocos segundos mi mano estaba calada, igual que el trozo de cama que había sobre su coño.

- Con esos gemidos vas a hacer que me corra a los cinco segundos de metértela, le dije.
- Llevo ventaja en eso, córrete cuando quieras, me dijo riéndose.

Agarré con cada mano una de sus piernas y se las abrí todo lo que pude, colocando mi cabeza entre ellas. Se lo devoré.
No paraba de mover mi boca de un lado a otro, de morder y lamer sus muslos mientras que a los dos segundos ya le estaba otra vez comiendo el coño.

- Métemela ya, me dijo.

Me bajé los bóxers y me coloqué sobre ella, de rodillas.

- Dame la mano, le dije.

Puse mi polla justo sobre su coño, le agarré la mano y le coloqué la palma sobre mi polla, con la ayuda de mi mano la apreté fuerte contra mi polla y su coño, a lo que empecé a moverla, a rozármela.



Quería que la notase con su mano mientras me la frotaba en su coño, pero...
Se ayudó de su mano en el momento justo para que mi polla entrase en ella. Soltó un gemido mientras mi polla entraba entera, a lo que yo no pude resistirme y empecé a follármela rápido y fuerte, mientras me colocaba ya sobre ella.




Ella tenía las manos colocadas sobre mi espalda, abrazándomela. De vez en cuando notaba una sensación de calor en mi espalda y un dolor intenso pero breve que acababa en cierto escozor. Ahí sabía que había tenido otro orgasmo, aparte de que ese movimiento de sus uñas iba acompañado de un arqueo total de su cuerpo y un gemido mucho más fuerte que el resto.

Estaba tan mojada que yo ya no sabía ni dónde estaba, por lo que decidí cambiar de postura y ponerle a cuatro patas. Le dije que abriese un poco las piernas mientras se colocaba.

Le metí la punta mientras le agarraba las caderas, y de un golpe seco se la metí hasta el fondo. El grito que soltó me advirtió de que en esta postura sus gritos iban a ser mucho más sonoros.
Seguí metiéndosela, pero no demasiado rápido ni fuerte, intentaba concentrarme en otra cosa, sus gritos iban a hacer que me corriese, me ponían demasiado.

Le agarré con una mano de la coleta y tiré hacia mí, mientras tenía la otra aún en la cadera. Empecé a follármela más rápido y con golpes más seco, temía quedarme con un mechón de pelo rubio en la mano.
Ella seguía gritando sin parar.

- Coge mi camiseta y muérdela.
- ¿Qué?
- Hazme caso.

Lo hizo, agarró mi camiseta y la mordió, a lo que yo tiré de los extremos, los pasé por detrás de su cabeza y agarré ambos con una mano. Ya no iba a escuchar más gemidos tan follables, me dije.

Seguí metiéndosela, sus gemidos eran ahogados por mi camiseta. Tiraba de ella con cuidado, con una mano en su cadera y otra tirando de mi camiseta a modo bozal, pero...

Estaba a punto de correrme, la cogí y la coloqué sobre una mesa en la que supuse que estudiaba. Le abrí las piernas y me coloqué entre ellas, ella se estiró todo lo que pudo sobre la mesa, quedando su espalda apoyada en la pared. Aproveché para hacerle un dedo, le masturbé a toda velocidad, ella gemía, se corría... Me agarré la polla y se la metí, ella se acercó a mí y me empezó a besar despacio, sólo dejando mis labios para gemir. Mi polla había cogido el ritmo de su lengua y entraba despacio, con delicadeza. Hasta que empecé a gruñir y... me corrí como un auténtico cerdo.

Le cogí y la tiré sobre la cama, yo me coloqué a un lado y me paré a disfrutar del polvazo que acabábamos de echar.
Ella como entendiendo lo que quería puso sus manos sobre mi pecho, medio abrazándome y colocando su cabeza sobre mí, con los ojos cerrados.


- Déjame un segundo que disfrute este momento, le dije.
- No te preocupes, yo también quiero disfrutar de esto, me dijo sin abrir los ojos.







jueves, 2 de enero de 2014

Alrededores contra romanticismo

¿Y tú cuánto tardaste en darte cuenta que aún cumpliendo 18 años tus decisiones se iban a ver marcadas por la opinión de los demás?

Cuando tenemos 15 años pensamos que a los 18 todo será diferente, pero no es así, tienes la misma libertad que antes, salvo que todo el mundo te suelta la puta broma de que ya puedes ir a la cárcel. Cuando tienes 25 años la cosa no cambia mucho, eres más independiente, pero tu vida se ve marcada por las decisiones de los que tú has querido que estén a tu lado, algo si cabe mucho más impotente e injusto que cuando tenías 15 años.

No sé a qué edad logramos ser los dueños de nuestra vida, cuándo logramos depender de nosotros mismos sin que las opiniones de los demás nos afecten. En realidad os estoy mintiendo, si lo sé, y es que jamás tendremos nosotros mismos en exclusiva las riendas de nuestra vida. (Salvo que vivas como nómada en la montaña y te pongas a cazar tu propia comida).

Todo ha quedado claro, las decisiones de los demás muchas veces influyen más que las nuestras y eso, como personas que somos, no lo vamos a poder cambiar. Habrá personas a las que tomemos más en cuenta, personas a las que menos, pero siempre habrá alguien que intente aconsejarnos, y por supuesto siempre habrá alguien que intente manipularnos para llevarnos a hacer lo que ellos quieren de nosotros (alejaros de este último tipo de personas, son tóxicas y acabarás echando espuma por la boca por su culpa).


Os he aclarado lo que os pasará en tres párrafos, no me deis las gracias.



Frío, frío, frío y más frío. Madrid estaba congelado.

Las palabras salían de mi boca en forma de humillo blanco, y se quedaban un rato a mi lado, como esperando a que alguien las escuchara para poder desaparecer.
Me dolía la cabeza y el frío había logrado meterse en cada rincón de mi cuerpo, notaba que aún estando perfectamente abrigado, el frío formaba parte de mí y no podía evitarlo.
Aún con una gran aglomeración de gente, la temperatura no subía y todos teníamos la misma cara y hacíamos los mismos gestos.

Ella estaba a mi lado, y era la única distracción, lo único que me hacía entrar en calor en aquel momento. Si el amor estaba en el aire en forma de humillo blanco, había que aprovechar para respirarlo.
Nos quedaba poco para llegar y ambos estábamos nerviosos. Íbamos a vivir un día inolvidable en unos de los hoteles más románticos y lujosos de España y ni siquiera éramos pareja. Supongo que este tipo de cosas sólo le ocurren a Hero Mermelada.

Nuestra habitación no estaba lista, por lo que nos invitaron a tomar un té. Las conversaciones pasaron a un segundo plano, mientras nos sentíamos observados y nos fijábamos en la cantidad de plata que había en todo lo que nos habían traído a la mesa.

Por fin una chica se nos acercó y nos llevo a nuestra habitación. Nos empezó a explicar el funcionamiento de cada cosa y las vistas de la misma, mientras un par de personas traían nuestro equipaje y otros nos traían un pequeño detalle de bienvenida en forma de fruta, cava, rosas y un bizcocho casero.

Estábamos solos y por fin nuestra vista se puso a disfrutar de la habitación sin la mirada curiosa de los empleados del hotel. Nos pusimos a deshacer la maleta, yo la miraba intentando guardar el recuerdo de su cuerpo en movimiento, sabiendo que existía la posibilidad de que esta sería la última vez en toda mi vida que la viese.

Es duro, ¿no? Saber que puede darse la situación en la que no vuelvas a ver a alguien nunca más en tu vida, y creedme que nunca más es muchísimo tiempo.

Sea como fuere, acabamos tumbados en la cama, disfrutando de esa enorme cama en la que podrían caber perfectamente cinco personas. Giré la cabeza para mirarla y ella giró la suya, devolviéndome la mirada, me acerqué a ella y nos empezamos a besar lentamente, disfrutando cada segundo, cada milésima del beso.

Al poco rato y sin darnos cuenta ya estábamos ambos totalmente desnudos, pero sin despegar nuestros labios el uno del otro. Mi mano fue acariciando su pelo, su pecho, hasta que bajó y se metió entre su culo y la cama.
Mi polla estaba muy dura, y no paraba de rozármela en su coño, mojándomela. Empecé a comerle el cuello, a comerme una de sus tetas. Se la agarré con una mano y se la empecé a chupar y lamer, a metérmela todo lo que podía dentro de mi boca y a darle mordiscos.
Fue bajando mis besos por su cuerpo, hasta llegar a sus piernas… Comencé a besarle despacio, pero sus cosquillas nos arrebataron el momento, por lo que pasé directamente a comerle el coño, para transformar sus risas en gemidos.
Empecé a jugar con uno de sus labios, mientras le masturbaba con dos dedos de forma lenta. Mi lengua pasaba entre sus labios mientras mis dedos no paraban de entrar y salir, mi boca se movía por todo su coño, llevándome con mi lengua cada fluido. Seguí comiéndoselo, su sabor me volvía loco, mi lengua no paraba de juguetear mientras mis dedos ya entraban y salían a toda velocidad, mientras ella se retorcía.

Paré y le empecé a dar golpecitos con la polla, a rozármela entre sus labios. Más tarde subí a su boca, me la agarré y se la introduje dentro, moviéndosela de lado a lado. Se la sacaba y ella sacaba la lengua para seguir disfrutando de ella.

Me volví a colocar sobre ella, entre sus piernas, y de una embestida se la metí hasta el fondo. Empecé a follármela despacio, mientras estábamos fundidos en un abrazo y la cama soportaba mis sacudidas. Mi polla entraba lento, todo mi cuerpo me acompañaba en el movimiento rozándose con el suyo. Sus uñas empezaban a clavarse en mi espalda y yo empecé a aumentar la velocidad.

Sus gritos cada vez eran más sonoros, mi mirada no se iba de su cara, mi cuerpo se rozaba mientras mi polla entraba y salía, hasta que… Minutos después y en la misma postura me corrí justo detrás de ella.



Hay gente a la que le gusta ver problemas donde no los hay, yo trato de ver soluciones donde ni siquiera veo problemas.



--Hero