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jueves, 4 de noviembre de 2010

Olor a mar

La temperatura, el mar, o que ella dijese que le diese bronceador en la espalda. La verdad es que no sé cuál fue el motivo, solo decir que el comienzo muchas veces no importa, importan los hechos y los hechos fueron los siguientes.
Estaba en la playa un grupo de amigos, en dicho grupo estaba ella, debo deciros que ya había algo con esta chica, por lo que los hechos siguientes no fueron tan fortuitos como pueden parecer.
Pues bien, ella me dijo que le diera cremita en la espalda, a lo que se tumbo en su toalla y se quitó la parte de arriba de su bikini, para poder esparcirle bien la crema en la espalda. Me senté en su culo y me unté ambas manos de crema bronceadora. Le aparté la melena de la espalda y me dispuse a darle cremita.
Empecé por darle cremita en los hombros, lo cual aproveché para hacerle un masaje en el cuello, que por su forma de ladear la cabeza, creo que le gustó bastante. Le eché crema en la espalda y me puse a esparcírsela, desde el cuello hasta donde empezaba la parte de debajo de su bikini. Cogí la crema y me volví a untar ambas manos y puse cada una de mis manos a la altura de sus pechos, debajo de sus axilas, tocando si querer sus pechos. Empecé a bajar mis manos hasta la cintura y a volverlas a subir, volviendo a tocar por accidente sus pechos, ella me miró y yo le sonreí, aquí fue cuando se dio cuenta que no le estaba tocando los pechos por accidente. Me fijé en mis amigos y me di cuenta que ninguno estaba prestando atención, por lo que metí cada una de mis manos entre sus pechos y la toalla, lo justo para tocarle los pezones. Ella giró la cabeza y se rió, en ese momento yo quería ir a un sitio un poco más picante, le dije que ya que estaba iba a darle un poquito de crema en las piernas, ella no se negó.
Me volví a dar un poco de cremita en las manos y empecé por su pierna derecha, masajeándola desde los tobillos hasta su culo, donde aproveche para sorprenderla y rocé su entrepierna a propósito, ella soltó un leve gemido, miré a ambos lados pero ninguno se estaba dando cuenta de lo que estaba haciendo. Hice lo mismo con la otra pierna y también aproveché para rozarle la entrepierna, a lo que pude ver su cara de placer y como se mordía el labio.
Ya no le quedaban partes en el cuerpo donde yo le pudiese dar crema por lo que me lancé a la piscina, me tumbe encima de ella como si le fuese a decir algo al oído y le introduje dos dedos en el coño, meciéndoselos hasta dentro y sacándolos un par de veces, la escuché gemir mientras cerraba los ojos, como si se concentrará de no ponerse a gritar allí mismo. Saqué mis dedos y la dije al oído que fuéramos al mar. Se puso la parte de arriba del bikini y yo le ofrecí mi mano, a lo que me la agarró y me la lleve al agua.
Creo que nunca había tenido tantas ganas de entrar en el mar, ni siquiera me di cuenta de si el agua estaba fría, yo estaba demasiado caliente para notarlo. Nadamos como si nos fuera la vida en ello, hasta que llegamos a un lugar donde el agua nos llegaba por los hombros. La agarré por la cintura y ella me agarró del cuello. Noté como se impulsó amarrándome del cuello y me abrazó mi cintura con sus bonitas piernas. Empezamos a besarnos y ella ya se me empezaba a echar cada vez mas hacia atrás, como si ya la estuviese penetrando, yo le mordía el labio y la traía hacia mí, donde seguíamos devorándonos los labios. Empecé por besarle el cuello y la puse de espaldas a la playa, para que nadie viera lo que le iba a hacer.
La subí lo suficiente para dejar sus pechos fuera del agua y empecé por lamerle el derecho, la parte que su bikini no escondía. La escuché gemir, por lo que lo estrujé con mi mano derecha y le aparté el bikini lo justo para poder lamerle el pezón y eso hice. Mientras tenia su pecho bien aprisionado en mi mano le empecé a lamer el pezón al ritmo que le daba mordisquitos y creo que ella ya notó que había algo entre mis piernas que se moría por salir.
Seguimos besándonos durante un buen rato, a veces parábamos cuando ella me besaba el cuello o yo besaba el suyo, pera era momento de dar el siguiente paso.
Metí mi mano entre el poco espacio que había entre nuestros cuerpos y llegué a tocar la braguita de su bikini, a lo que introduje mi mano y la empecé a masturbar con dos dedos. Ella tenia los ojos bien abiertos, no los cerraba, pero no paraba de jadear y de hacer giros con el cuello, eso era algo que me encantaba de esta chica, no quería cerrar los ojos como si no quisiera pensar que está soñando, quería asegurarse que era yo el que le estaba haciendo todo eso.
Seguí masturbándola por unos minutos, hasta que mi empalmada ya estaba a punto de empezarme a hablar y decirme que me bajara aquel bañador de una puñetera vez. Así hice, me bajé el bañador hasta los tobillos y le moví la braguita hacia la derecha, lo justo para poderla penetrar, yo tenia ambas manos en sus caderas. Fue ella quien me la agarró y se me mostró el camino, fue rozarle con mi punta y ella soltar un gemido, ahí fue cuando empecé a penetrarla, amarrándola bien fuerte de las caderas para que no se me escapara. La seguí penetrando, a lo que ella me ayudaba subiendo y bajando, eso sí, sin cerrar los ojos y mirándome fijamente sin parar de gemir y retorcerse. Yo metí mis manos entre su braguita y su culo, se lo agarré bien fuerte y la empecé a penetrar con muchísima más violencia. Ella cada vez se echaba mas y mas hacia atrás, para que mi penetración le diese justo donde ella deseaba.
Pasaron los minutos hasta que ambos ayudamos al mar a subir un poco su nivel con nuestros fluidos. La verdad es que una vez entramos en el mar, tenia miedo de que alguien nos mirara, pero fue probar sus labios y olvidarme de todo, me conformare con que nadie nos grabara aquel día.

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