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jueves, 20 de enero de 2011

Una andaluza en Madrid.


Ahí estaba yo, corriendo en el Retiro, jamás lo hubiese pensado, pero tenía que hacerlo, últimamente sudo mientras follo y eso jamás me había ocurrido, tengo que mantener un caché que el sudor puede ensuciar, eso jamás. Estudios dicen que el sudor de los hombres excita a las mujeres, yo no estaría tan seguro de ello y por si acaso, no iba a arriesgarme, sudar un poco cada mañana dando una carrerita seguro que me ayudaba.
Llevaba media hora y ya estaba realmente agotado, tanto mental como físicamente, me estaba llenando de barro las zapatillas y ya había pisado dos charcos, esto desde luego no era lo mío. La única distracción que tenia era el culo apretado en malla de una rubia con coleta que iba delante mío, pero por más que intentaba acercarme a ella, más corría ésta, parecía como si notase mis intenciones, sorprendente, sería el sudor, porque estaba sudando como en mi vida, para que luego digan que atrae a las mujeres, mas bien las espanta.
Sonó el móvil y me paré, esa rubia se libró de mí por hoy, corría demasiado, suerte que no fumo. Era una amiga andaluza que me vacilaba constantemente con venir a verme, ojala cumpliera algún día su amenaza. Ese día, era hoy…
Me dijo que estaba a una hora de Madrid, que le dijese donde vivo para que lo pusiera en el GPS. Yo le di todos los datos y corrí hacia casa (no literalmente, estaba cansado de correr). Tenía que arreglar toda la casa y pegarme una ducha, por lo que me di prisa, bendito lavavajillas me dije, a mano no me hubiese dado tiempo. Justo cuando acabé de arreglarme y de colocar toda la casa, me llamó, estaba aparcando. Como buen caballero que soy, le dije que le invitaba a comer, aún no sabía el porqué de su viaje, espero que fuera puramente de placer.
La lleve a un italiano que me habían recomendado, aún no había ido con ninguna chica, la verdad es que no soy de los que invitan a comer, mas bien a desayunar, la broma me salió cara, cuando el camarero me preguntó que vino queríamos tomar, ya supe que la gracia me iba a salir cara.
La notaba nerviosa, distante, eso tenía que cambiar, por lo que directamente me lancé a preguntarle que si pedíamos ya un par de cafés y el postre se lo daba yo en mi casa, ella por supuesto captó la indirecta y me dijo que mi casa era la mejor opción.
Estábamos en el ascensor, me sentía como en una de esas situaciones en las que el tiempo pasa más despacio, esos momentos de ascensor en los que estás deseando bajarte porque no sabes que decir. ¿El tiempo iba más lento? Pues había que aprovecharse de eso, me dije.
Morena, casi igual de alta que yo, el pelo hasta la cintura y una mirada que se clavaba en mí, fui hacia ella. La agarré de la cintura y ella puso sus brazos sobre mis hombros, la agarré la cara y me lancé a su boca, empecé por morderle los labios tirando hacia mí, hasta que le metí la lengua dentro de su boca y empezamos a besarnos como locos.
El ascensor hacía ya tiempo que había parado en mi piso, pero ambos seguíamos devorándole la boca al otro, mi mano ya empezaba a frotarle el coño a través de los vaqueros, lo que noté que la estaba poniendo cachondísima, era momento de pasar a mi piso.
Entramos y a los pocos segundos ya estábamos completamente desnudos, la agarré del cuello y la empujé contra la pared, le tiré del pelo haciendo que inclinara su cabeza hacía atrás y empecé a besarla el cuello, apretando mi cuerpo contra el suyo para que notara en su coño la dura que la tenía.
Ella me empujó y me alejó de ella, yo volví a empujarla contra la pared y empecé a morderle los labios de mientras frotaba mi polla contra su coño, empujándole cada vez más y más fuerte contra la pared, quería que notara lo dura que me la ponía. Me alejé de ella y cogí las esposas, enseñándoselas, pero fui incapaz de ponérselas, al final fui yo el esposado a mi propia cama.
Me tenia esposado, con la polla súper dura y mirándole, ella se puso encima mío y me empezó a besar, de mientras se restregaba bien por mi polla. Había momentos que me la agarraba y me la masturbaba, me la estaba poniendo durísima y yo estaba esposado, ¿cómo me había dejado engañar así?
Ella no paraba de frotarse, primero el coño y también el culo, hasta que se la metió entre sus dos tetas y me la empezó a masturbar, yo no paraba de jadear y pude ver lo cachonda que la ponía saber que estaba disfrutando como un cerdo con ella. Me la apretaba entre sus dos tetas mientras me miraba, como buscando confirmación de que me gustaba lo que me hacía, mi cara por supuesto, era una cara de verdadero placer, tenía unas tetas realmente perfectas para masturbármela entre ellas.
Pero paró y empezó a chupármela, apretando sus labios fuertemente a mi polla y jugando con su lengua en mi punta, me estaba volviendo loco. Tenía que conseguir que me quitara las esposas, le dije que me pusiese el coño en la cara, ella accedió y esa fue su perdición.
Se sentó en mi pecho y acercó sus piernas hasta rodearme la cabeza con ellas, yo empecé a lamérselo y ella empezó a gemir, apretaba los labios de su coño entre los míos, como dándole mordisquitos, hasta que empecé por lamerle el coño de arriba abajo, metiendo mi lengua hasta dentro y haciendo círculos con ella, eso la volvió loca, le dije que me quitara las esposas, pero eso hizo que se diese cuenta de lo que realmente quería, por lo que alejó su coño de mi boca y empezó a restregárselo con mi polla.
Pensé que iba a follarme como una loca, que tenía ganas de metérsela, pero no, fue a la cocina y se puso a buscar, hasta que al rato vino con un tarro de mermelada y me introdujo la polla dentro de él, la mermelada empezó a escurrirse pringándomela por completo.
Dejó el tarro encima de la mesilla de noche y empezó a lamérmela, recorriéndomela con su lengua y quitándome toda la mermelada. Vi como se pringó dos de sus dedos en la mermelada que aún tenía y se los introdujo en la boca, saboreándolos, me estaba volviendo loco.
Sabía lo que quería, quería hacer que me corriese, quería ponerse a mi nivel, pensaba que si me hacía disfrutar, luego yo pensaría que es especial, iba a pensarlo de todos modos, odio las batallas de egos en el sexo y jamás he perdido ninguna.
Ella siguió en sus trece y yo en las mías, me la siguió lamiendo y podía ver en su rostro que ella ya tenía ganas de algo más, sólo era cuestión de tiempo que me quitara las esposas y me dejara jugar. Viendo que no conseguía lo que quería, aunque yo no paraba de jadear y estremecerme de placer, se puso a rebuscar en mi mesilla de noche, hasta que dio con un vibrador.
No sabía qué es lo que podía hacer con él, pero joder, estaba esposado, no podía hacer nada. Por suerte la pregunta se disipó al instante, me lo colocó en los huevos y me la siguió chupando, la verdad es que la sensación era extraña, tener algo vibrándome en los huevos mientras ella me la chupaba, era algo diferente, distinto. No sé deciros si me gustó, ella la chupaba demasiado bien y aún habiéndome dado pellizcos mientras me la chupaba, os iba a decir que me seguía gustando como lo hacía.
Estaba cansada, agotada, podía verlo, podía sentido, era mi oportunidad. Le dije que me quitara las esposas, pero ella se negó, era demasiado cabezona. Conseguí que parara de chupármela y que acercase el coño a mi boca para que se lo comiese, esa iba a ser su gran perdición.
En efecto, así pasó. Me hizo sacar la lengua de mi boca, mientras era ella la que restregaba su coño por ella, haciendo que se lo lamiese de arriba abajo en cada pasada que hacía. Pero no pudo evitar quedarse un rato, fue entonces cuando intenté dar todo lo mejor de mí. Empecé a lamerle los labios, primero el izquierdo, luego el derecho y después lamiéndoselo todo por dentro, empecé a lamerle el agujerito y metiéndole la lengua dentro, jugando con ella y explorándolo por dentro. Ella ya no pudo evitar agarrarme la cabeza con ambas manos y apretármela fuerte contra su coño. Yo no paraba de lamérselo y de darle pequeños mordisquitos con mis labios.
Le dije que me quitara las esposas y esta vez accedió. Al quitármelas la empujé y se quedó tirada en la cama, con las piernas abiertas y deseando que me colara entre ellas para follármela hasta que se corriese, pero no lo hice.
Salí de la cama y me puse de pie frente a ella, la agarré de los tobillos y la traje hacia mí, colocándole las piernas en cada uno de mis hombros. Como todo buen calentamiento, aunque ella ya estaba lo suficientemente caliente, me la empecé a frotar en su coño, quería que notase lo dura y caliente que la tenía antes de metérsela, estuve un rato jugando con ella hasta que me gritó que se la metiese, así hice.
Empecé a penetrarla sin parar, era una postura que la encantaba ya que la penetración era perfecta y le rozaba justo la parte de su coño que más le gustaba. Una y otra vez, sus gritos, el calor y el sonido de ambos cuerpos al chocar en cada penetración, era maravilloso, casi tanto como su cara con los ojos cerrados y su boca abierta de par en par, mostrando el placer que estaba recibiendo.
Pero no me dejó terminar, quería tomar el control y me hizo tumbarme en la cama. Se me subió encima y me la agarró bien fuerte en una de sus manos, como intentando notar lo realmente dura que me la había puesto. Me la soltó y se abrazó a mí, su lengua empezó a jugar con la mía y no parábamos de mordernos la boca el uno al otro.
Mientras tanto ella no paraba de frotar sus tetas por mi pecho, al igual que me frotaba el coño en la polla. Esta vez fui yo el que me la agarré y se la metí hasta dentro, ella se elevó y empezó a montarme como una verdadera loca. Su cara no tenía precio, pero sus tetas subiendo y bajando al ritmo de sus gritos… era algo de otro mundo.
Cada vez se echaba más y más hacia atrás, quería que mi polla entrase justo por donde a ella le gustaba tanto, yo no pude aguantar, me levanté y me tiré encima, ella rápidamente me abrazó entre sus piernas.
Empecé a lamerle las tetas mientras se la metía cada vez con más y más rápido. Me senté en un borde de la cama y ella se sentó encima de mí de espaldas. Empezó a subir y a bajar otra vez, mi mano recorría todo su cuerpo, parándose en sus tetas y acariciándole el ombligo, sin que ella parara de subir y de bajar.
Cogí el vibrador y se lo puse en el clítoris, eso la volvió loca, no pudo aguantar, se lo tuve que quitar al minuto, ponerla a lo perrito encima de la cama y empezar a penetrarla. A los cinco minutos ya nos habíamos corrido y había una mancha como prueba de ello en mi cama.
La tiré encima de la cama y la empecé a frotar todo el cuerpo con aceites, masajeándolo todo y pringando todo su cuerpo. Una vez la tenía toda llena de aceite me puse encima suya y me puse a frotarme, haciendo que empapara todo mi cuerpo de su aceite y frotando mi polla en su coño mientras le estrujaba las tetas con mis manos, pero estaba tan pringada de aceite que sus tetas se resbalaban en mis manos, como dos pececillos que tratas de sacar del agua.
Seguí frotándome más y más, me puse de rodillas y empecé a meterla la punta para después sacársela de un tirón, así una y otra vez.
La agarré de la mano y me la llevé a la ducha, activé el grifo y ambos nos pusimos debajo, nos abrazamos y empezamos a comernos la boca, mientras el agua caía encima de nosotros, yo aún seguía jugando con mi polla y me seguía frotando con ella, no quería que bajase la temperatura. Cuando ya ambos estábamos calados, la di la vuelta y la puse contra la pared, tenía el coño súper mojado, de agua y de otras cosas, me la agarré, me la froté lo largo que la tengo en su coño y se la metí. La agarré fuerte de la cintura y empecé a follármela sin parar, aplastándola literalmente contra la pared, sus gritos me demostraban que le encantaba lo que estábamos haciendo.
Ella se dio la vuelta, se agachó y empezó a masturbármela entre sus tetas, cosa súper complicada al estar tan mojada de la ducha, mi polla se resbalaba de entre sus tetas por lo que desistió y se puso a chupármela. Se la introdujo todo lo que pudo en la boca y me la empezó a comer sin parar, a toda velocidad, pero yo no quería terminar así.
La saqué del baño y la senté en una mesa, ella me abrazó entre sus piernas y empecé a penetrarla, ella empezó abrazada a mí, pero al final, ya estaba tirada encima de la mesa, tumbada, mientras yo no paraba de penetrarla, hasta que nos corrimos y debo decir, que nos corrimos como verdaderos cerdos.

Después de un pequeño descanso, seguimos conociéndonos sexualmente, volvimos a la ducha y volvimos al juego de las esposas. Ella iba a quedarse hasta mañana y me contó que tenía una fantasía, quería hacer un trío y quería salir conmigo de fiesta, ligarnos a una tía entre los dos y después follárnosla entre ambos.

Continuará…

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