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lunes, 14 de marzo de 2011

Juguete


Sexo, ese tema tabú en la sociedad de hoy en día, ese tema que sólo hablas con tu grupo de confianza, ese tema que a todo ser viviente le encanta. El sexo puede ser quizá, una de las sensaciones más maravillosas que hacemos en compañía, la naturaleza hizo que fuese algo increíblemente placentero, así se aseguraba la continuidad de una especie, el sexo es sin lugar a dudas evolución, nuestros instintos más primitivos nos obligan muchas veces a desahogarnos de esa forma. La naturaleza, Dios, como queráis llamarlo, se aprovecha de ello, ha creado una sensación maravillosa para que nosotros lo busquemos sin parar y así tengamos descendencia, pero nosotros somos listos y con una píldora o con algo tan simple como un trozo de látex lo solucionamos. ¿Por qué no tener sexo sin consecuencias?
El sexo se diferencia de otro tipo de placeres en que generalmente necesitas a alguien para practicarlo, al menos el buen sexo, ese que te hace tocar el cielo.
El tren llegó a la estación, no me dio tiempo a pensar más conmigo mismo, fui a por mi maleta y me dispuse a salir del vagón, recorrí el andén y allí estaba ella, esperándome.
La tenía a unos veinte metros y ya había algo en mi entrepierna con ganas de tomar protagonismo. Era casi tan alta como yo, piernas largas, pechos sugerentes y una cara de niña buena que te haría pensar que nunca había roto un plato, y así era, hasta que me conoció.
Al acercarme a ella dudé en cómo saludarle, al final me decidí por los dos besos protocolarios. Me fijé que llevaba una maleta, le pregunté que traía pero se resistió a darme una respuesta. En teoría iba a llevarme en coche a mi casa y una vez ahí, os lo podéis imaginar, íbamos a poneros a jugar al juego de la Oca durante toda la noche.
Una vez en el metro, me junté a ella, estaba lleno de gente, por lo que aproveché para agarrarla de la cintura. Ella aprovechó para comentarme que le había sorprendido que no le hubiese comido la boca directamente cuando la vi, yo no respondí, simplemente pasé a enmendar mi error y me lancé a deleitarme con su deliciosa lengua y sus carnosos labios.
Mi lengua empezó a entrar tímidamente en su boca, buscando la suya y corriendo tras ella, enlazándose la una con la otra a la vez que yo la sacaba para morderle el labio inferior, cosa que la volvía loca. Mis manos, que anteriormente estaban en si cintura, bajaron un poco su posición, posándolas sobre su culo.
Mi lengua seguía jugando con la suya, al igual que mis dientes con sus deliciosos labios, aún quedaba un rato hasta tener que hacer un trasbordo por lo que aproveché la privilegiada posición de mis manos para apretarle el culo y atraerla a mí.
Nos habíamos olvidado de que estábamos en un vagón de metro lleno de gente y que éstos no paraban de mirarnos. No sé a ciencia cierta por qué nos miraban, tal vez por el ruido que hacíamos cada vez que nos devorábamos la boca, tal vez en cómo le comía el cuello mientras la apretaba contra el cristal de la puerta, quizá fuese porque estaban esperando que en cualquier momento nos desnudásemos y nos pusiésemos a follar como cerdos o tal vez fuese por todo a la vez, el caso es que nos daba igual, no nos importaba.
A mí particularmente, en aquél momento sólo me importaba ella, y con ella no me refiero a la chica rubia que esta vez había venido con el pelo recogido en un moderno moño, con ella me refería al problema que tenía entre las piernas, un problema cada vez más duro, con ganas de protagonismo y con peligro de asomarse.
Por fin nos dimos un descanso, teníamos que bajarnos para tomar otro vagón y eso enfrió bastante la cosa, gracias a Dios pensé. Pero por desgracia el vagón que tomamos estaba más lleno que el anterior, por lo que tuvimos que estar tan apretados como entonces, ahora forzosamente. Ella aprovechó para decirme las increíbles ganas que tenia por follarme y lo mucho que me odiaba, yo aproveché la oportunidad para decirle guarrerías de las mías al oído, no creo que haga falta que os las cuente, echarle imaginación y acertaréis.
Salimos del vagón y de la estación de metro, ya de camino a mi casa no hay nada que os pueda interesar, fue una conversación de besugos, de dos besugos con unas increíbles ganas de follarse. La única anécdota ocurrió en un momento de calentón de ambos, que me vi obligado a empotrarla contra la pared para comerle la boca a lo salvaje, de no ser porque todavía era de día, me la hubiese follado allí mismo, pero no es que fuese arriesgado, es que era una locura, no paraba de pasar gente y si era capaz de aguantar dos minutos más andando, tendría mi ansiado premio.
Sí, por fin llegamos a mi casa, en el ascensor la cogí y nos volvimos a devorar las bocas, ahora aprovechando que ya no nos sentíamos observados, nos empezamos a lamer los labios y las lengua fuera de nuestras bocas y yo empecé a jugar con mi mano derecha apretándole eso que tiene toda mujer entre las piernas. Siendo objetivo, no sé quién estaba más cachondo de los dos, yo me sentía como un perro en celo, con unas ganas increíbles de arrancarle la ropa y follármela.
Mientras abría la puerta de mi piso, ella aprovechó para abrazarme por detrás y besarme el cuello, por suerte mi pulso no se vio alterado y conseguí abrir la puerta a la primera, mientras su mano me agarraba el bulto que me había generado en el pantalón.
Después de abrir la puerta cogí su maleta y la mía y las tiré hacía dentro, luego hice lo propio con ella, la cogí y la empujé contra una pared, incluso pensé que le había hecho daño, pero ella no se quejó.
Le quité la parte de arriba, quedándole en sujetador y comencé a lamerle y estrujarte las tetas, mientras ella aprovechó para quitarse el moño y soltarse la melena. Le di la vuelta y le quité el sujetador, cayendo este al suelo, le apreté por detrás y mientras le estrujaba las tetas con mis manos y jugaba con sus pezones, le empecé a besar por la espalda, mientras una de mis manos bajaba directa a su coño, apretándolo y haciendo que pusiera su culo en pompa para que justo rozase en mi bulto.
Aquí fue cuando ella me paró en seco, se dio la vuelta y me empezó a desnudar. Se agachó y me quito la poca ropa que me quedaba. Ahí estaba ella, de rodillas y con mi polla en su mano derecha, intentando captar en mi mirada un gesto de aprobación para que siguiese con el show.
Así fue, me la empezó a masturbar mientras su lengua jugaba con mi punta, pero no fue por mucho tiempo, hice que se pusiese en pie y me puse a desnudarla a tirones hasta que se quedó tan sólo con el tanga. Le agarré y le puse de cara a la pared, me apreté a ella por detrás y empecé a besarle el cuello, apartándole el pelo previamente. Ella sacó un poco el culo, lo justo para rozarme la polla con él, ahí fue cuando paré lo que estaba haciendo, me agarré la polla con la mano derecha y con la otra le moví lo justo el tanga para poder penetrarle.
Se la fui metiendo muy poco a poco, haciéndome rogar, hasta que ya la tenía dentro por completo, pude notar como retorcía su cuerpo según le iba entrando. Era una sensación maravillosa, estaba calada y súper caliente. Después de metérsela por completo empecé a moverla por dentro, mientras ella se empujaba contra la pared para poner el culo más en pompa, fue entonces cuando le agarré por las caderas y empecé a penetrarla sin parar.
Había empezado muy lento, pero mis penetraciones cada vez eran más fuertes, cualquiera que viera la escena y escuchara los golpes al chocar mi cuerpo con el suyo, diría que nos estábamos haciendo daño. Pero sus gritos de placer apuntaban a todo lo contrario, estábamos sintiendo un placer súper intenso, después de habernos puesto cachondos durante tanto tiempo, ni lo pensamos.
Tras todo esto mi polla seguía entrando y saliendo a toda velocidad, yo intentaba que cada penetración fuese distinta y en cada penetración apretaba más, sus gemidos eran cada vez más fuertes, al ritmo que los golpes de nuestros cuerpos también subían de nivel.
Pero de repente ella me dijo que parase, no sé si se había corrido o no, no sé qué pasaba, pero yo se la saqué, no sabía si a lo mejor le estaba haciendo daño. Me dijo que le diese mis esposas, yo fui a buscarlas y se las di mientras ella me llevaba directo a mi dormitorio.
Lo primero que hice fue quitar la colcha, hacía poco tiempo la había tenido que cambiar debido a la mala costumbre que tenia de follar sobre ella, las corridas no salen así como así.
Tras quitar la colcha me tumbé y ella me esposo a mi cabecero, poniéndome un pañuelo en los ojos.
Estaba esposado, indefenso y con los ojos cerrados, no sé cómo me había dejado engañar y como ella había conseguido salir de aquel trance de placer, de aquel súper polvo que estábamos teniendo contra la pared, el caso es que me había engañado y ahora era su juguete.
Noté como su lengua me la empezaba a lamer, recorriéndomela de arriba abajo y de abajo arriba, yo decidí echar la cabeza hacia atrás en mi almohada y disfrutar del momento, no le iba a impedir nada, iba a ser el mejor juguete con el que había jugado jamás.
Mi polla ya estaba dentro de su boca y yo empezaba a jadear de placer, pero de repente ella paró, no quería que me corriese, no ahora. Noté como se me subió encima y empezó a frotar su coño con mi polla, polla que cada vez tenía más dura y más caliente.
Noté como su pelo caía sobre mi pecho mientras ella no paraba de moverse encima de mí, llegando a agarrarme la polla para apretarla contra su coño y seguir frotándose, podía notar lo mojadísima que estaba, pero se aguantaba, quería cumplir lo que se había propuesto.
Aún frotándose cayó sobre mi pecho, aplastando sus tetas contra mí y me empezó a devorar la boca, mordiéndome los labios y lamiéndome toda la cara.
Paró un momento para decirme que sacase la lengua de mi boca y que la dejase así, yo lo hice sin rechistar. A los pocos segundos noté como su lengua rozaba la mía, como me la lamía y como me la chupaba como si se tratase de mi polla, me estaba poniendo frenético. Tras un rato lamiéndome la lengua y pasó a ponerme una de sus tetas, haciendo que mi lengua le lamiese su pezón y luego el pecho entero, ella la apretó contra mi boca por lo que aproveché para morderla, chuparla y saborearla, luego fue el turno del otro pecho, recurrí a lo mismo y a parte le hice un chupetón, así después podría comprobar que la tía que tan cachondo me había puesto, era ella y no otra, así podría agradecerle el favor como se merece.
Todo este juego mientras ella no paraba de mover sus caderas para que mi polla no parara de rozar su cada vez más húmedo coño. Pero se movió, fue restregando su coño por mi polla, subiendo por mi tripa, por mi pecho, hasta alcanzar mi boca.
Mi lengua seguía fuera de mi boca y fue la que lo notó llegar poco a poco, como con miedo. Pero no tenía miedo alguno, fue tocar mi lengua y ella lo apretó contra mi boca, ahí se lo empecé a devorar y ella empezó a gemir, mientras yo apretaba sus húmedos labios con los míos y mi lengua se lo lamía de arriba abajo, llegándole incluso a pegar algún que otro mordisco.
Se puso de pie y se giró, al instante pude notar como su lengua empezaba a rozar mi polla, mientras yo volví a notar su mojado coño en mi boca. Estuvimos así durante bastantes minutos, comiendo uno y otro, parando de vez en cuando para soltar todo el placer acumulado en forma de gritos. No sé quién de los dos se corrió antes, el caso es que ambos acabamos pringados y ella gritando al cielo.
Me quitó el pañuelo y pude ver su cara de placer, al igual que ella veía la mía. No tuve que pedirle que me quitase las esposas, fue ella por voluntad propia la que decidió desposarme.
Yo aproveché para sentarme en la cama y ella se me montó encima, ambos nos agarramos las caras y nos empezamos a devorar la boca, celebrando el trabajo bien hecho, pero no todo había terminado.
Fui a la cocina y cogí una botellita de agua, cuando llegué a la cama, vi que ella estaba con las piernas abiertas y esperándome. No me hice de rogar, le eché un poco del agua en el coño y se lo empecé a comer, mi lengua se deslizaba genial debido al agua, la agarré de los muslos y ahora fui yo quien me apreté contra ella, para comérselo mejor, ella me ayudó apretando mi cabeza con sus manos, sus gritos me estaban poniendo malo.
Cogí otra vez la botella y le eché un chorrito por los pechos, acto seguido se los empecé a lamer y a mordisquear, escapándose éstos de mi boca al estar tan mojados por lo que me tuve que ayudar de mis dientes. Se las apreté una contra la otra y eché otro chorrito de agua para seguir lamiendo, parando para morderle y chuparle los pezones de vez en cuando. Me quedaba ya poco agua por lo que decidí echarle un chorrito sobre la boca y después lanzarme a comérsela, estaba particularmente deliciosa mojada, nuestras lenguas se desenvolvían a la perfección en terreno mojado.
Salí de la cama y me quedé un rato mirándola, mojada y con cara de que quería más, mucho más. Yo me la agarré y me la empecé a frotar por su mojado coño, jugando con mi puntita por sus labios y frotándomela a lo largo para después rodear su agujerito acariciándolo con mi punta y metérsela después.
Ella ya se conocía mi juego de meterle la puntita unas diez veces y después metérsela hasta el fondo, por eso decidí meterle mi punta tan sólo dos veces y después metérsela entera, de un golpe seco, su grito fue una afirmación de que le había encantado.
Ya con mi polla entera dentro se la saqué despacito, muy, muy despacito, quería que me sintiese salir de ella.
Ella ya hacía tiempo que se había dado por vencida, tenía los brazos extendidos sobre la cama y la cabeza hacía un lado, en un claro gesto de sumisión, me había dejado su cuerpo, podía hacer lo que me diese la gana, no hacían falta las esposas.
Le agarré de las manos y la llevé a un sitio donde no paraba de salir agua si girabas una rueda, mi ducha.
Mientras el agua salía a la temperatura perfecta pasamos el tiempo devorándonos las bocas, jugando con la lengua del otro, de pie, frente a la ducha.
Ya parecía que el agua salía perfecta, ni fría ni caliente. Nos metimos a la vez en la ducha y cerramos las cortinas. El agua empezó a caer sobre nuestras cabezas, sobre nuestras bocas, por sus pechos y por todo nuestro cuerpo. Mientras el agua caía no parábamos de comernos la boca, jugando cada uno con nuestras manos, abrazándonos, frotándonos y yo particularmente, jugando con mis manos intentando tocar toda la piel mojada que pudiese.
Todo esto mientras mi polla estaba rozando su coño, pero ninguno ya le daba importancia, estábamos demasiado cachondos.
Cogí un puñado de agua con una mano y se lo tiré en el coño, mojándolo por completo. Le empujé contra la pared y durante unos instantes nos quedamos mirándonos el uno al otro, sonriendo, viendo esa mirada de complicidad y de confianza, esa mirada que cuesta tanto conseguir de una persona, esa mirada de confianza.
La abracé al igual que hizo ella conmigo, le agarré la carita y la empecé a besar, dándole mordisquitos, mientras con mi mano derecha me agarraba la polla y se la introducía dentro, tomándome mi tiempo ya que al estar tan mojados se me resbalaba con facilidad.
Una vez dentro de ella, hice que abriese un poco más las piernas y empecé a penetrarla, muy despacito. Pasamos bastante tiempo así, yo penetrándola súper despacio y aplastándola contra la ducha, sus gemidos eran música para mis oídos, pero se me estaba haciendo muy largo el tiempo que estábamos pasando en la ducha, por lo que decidí sacarla de allí.
Estábamos calados, íbamos mojando el suelo según nos dirigíamos a mi dormitorio, pero me daba igual, ya me preocuparía luego de ello. La cogí y la puse de lado en la cama, haciendo que su cuerpo estuviese de frente a un espejo que tengo en un lado, yo me puse en su espalda y la empecé a penetrar. Empecé lento y pude ver en aquel espejo como ella empezó a masturbarse el clítoris según la penetraba, hasta que mis penetraciones empezaron a ser más violentas y tan sólo se dedicó a retorcerse, a chillar y a abrir los ojos de vez en cuando para mirar a aquel oportuno espejo.
Al cabo de un rato, ambos estábamos tirados en la cama, después de haber tocado el cielo, nada parecía normal, estábamos raros, extrañados de la realidad, queríamos seguir en aquella nube, por lo que en otra mirada de complicidad, volvimos a caer en uno de esos abrazos con besos que incitan tanto al sexo.

Por mucho que lo intenté, no me dijo que había en aquella maleta, no era ropa, al menos no era ropa normal, tuvo que abrirla y usar lo que allí había para darme cuenta de la suerte que estaba teniendo, puede que próximamente haya una nueva historia con la maleta como protagonista.
No os pongáis horizontes, no os pongáis límites, recordad que: “El horizonte tan sólo es el límite de nuestra mirada”.

2 comentarios:

  1. Mi más sincera... enhorabuena.
    No se qué tienen tus historias que me *********.

    ;)

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