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martes, 26 de junio de 2012

Visión borrosa.

Era el pilar de toda mi vida, la que sujetaba mi mundo, la que me hacía olvidar y recordar. Entrelazar mis dedos con los suyos era algo más que un placer físico, era un placer mental que me hacía ver el mundo a todo color. Su mirada siempre sacaba a flote mi sonrisa, su sonrisa siempre buscaba mis miradas y ella... Ella siempre me buscó a mí, aún corriendo el riesgo de perderse conmigo.


Lady Fantasía andaba apresuradamente de camino a él, a ella le gustaba tomar sus propias decisiones, poder decir que era diferente por haber sido siempre ella la que elegía, pero con él era imposible. Llevaba semanas queriendo llamarle, y en caso de haber sido otro probablemente lo hubiese hecho, pero con él todo era distinto.

No sabía que le pasaba con ese chico, era sólo sexo... ¿No?

Estaba angustiada por lo que iba a encontrarse, nunca lo había conocido tan mal, para ella él era la prueba viviente de que se puede ser positivo en todo momento, aún estando completamente hundido por dentro.
Se rió al pensar de que jamás lo había conocido así, realmente no lo conocía, salvo estando a cuatro patas o contra una pared. Una sonrisa irónica se dibujó en su cara mientras todos los hombres con los que se cruzaba la miraban, aunque era algo a lo que estaba acostumbrada.

Su vida siempre había estado marcada por los hombres, por hijos de puta que le hacían la vida imposible o por empalagosos que eran tan buenas personas que al final los acababa viendo como amigos. Pero él no, el era diferente, estaba justo en el punto medio.

Estaba a punto de llegar y no sabía muy bien qué esperar, sabía que sería bueno dejarse ella, que con él no era necesario llevar nada premeditado, estaba nerviosa, aunque él jamás se daría cuenta, tenía años de práctica a la hora de esconder sus sentimientos, incluso evitaría mirarle a los ojos si era necesario.
Ella también quería estar en ese término medio, no quería ser ni una hija de puta, ni demasiado empalagosa como para ser amigos, con él no.

Por fin llegó a su piso, llamó al timbre, nadie contestó, la puerta simplemente se abrió.
Salió del ascensor y volvió a tocar el timbre. Abrió la puerta y la imagen que vio hizo que todo su mundo se desmoronara por completo. Estaba en calzoncillos, con una camiseta pegada, sin peinar, con barba de más de una semana y con aspecto de llevar días sin dormir por haber estado llorando.
Inconscientemente se me abrió la boca al verle en aquella situación, estaba fatal.

— No te asustes, estoy bien, me dijo con esa voz burlona que le caracteriza.
— No lo pareces...
— Todos nos peleamos con nosotros mismos de vez en cuando.
— ¿Y quién ganó?
— Eso es lo bueno, que nunca ganas, es lo hace más emocionante.
— ¿Desde cuándo no te gusta ganar? Le pregunté.
— Desde que sé lo que es perder.
— ¿Lo has descubierto hace poco?
— Siempre lo supe, pero pocas veces lo sufrí.
— ¿Qué es lo que te ha pasado? Insistí.
— He vivido engañado.
— Explícate.
— Siempre pensé que el único daño que puedo sentir es el físico, ahora...
— Ahora te has dado cuenta que hace más daño el que no es físico.
— Afirmar eso sería asumir que me importa, respondió con tono serio.
— Ambos sabemos que es así.
— Y ambos somos tan políticamente incorrectos que tenemos la cara dura para decirlo, dijo mientras sonreía.
— Ambos somos especiales.
— Todos somos especiales, ni los gemelos tienen un clon exacto en este mundo.
— ¿Te molesta ser especial? Pregunté intrigada.
— Si todos somos especiales, nadie es distinto. Si todos somos distintos, el raro será el que es igual al resto.
— Te estás rayando, le dije entre risas.
— Tienes razón, siéntate de una puta vez, necesito cariño. Sí, no me mires con esa cara, he dicho cariño.
— ¿Me has hecho venir para eso? Pensé que tendrías mucha gente deseosa de dártelo.
— No confundas echar un polvo con darme cariño, señorita Fantasía.


Me senté a su lado en el sofá, como siempre, tras una de sus largas charlas estaba exhausta, tenía que dar todo de mí para no perderme en sus palabras, en su mirada, en su cuerpo...

— ¿Qué te apetece hacer? Me preguntó.
— Lo que quieras... (Una vez más, había sucumbido a sus palabras, ya era suya de nuevo).
— Entonces te comeré el coño hasta que se me duerma la lengua, te follaré contra aquella pared, contra aquella otra, te follaré sobre la mesa en la que desayuno cada día y acabaré por correrme dentro de ti follándote a cuatro patas sobre esta mesa.
— Eh...
— Pero antes tengo que darme una ducha, que me hace falta, ahora vengo.

El muy hijo de puta se ido a la ducha, pero no sin antes saber que había dejado calada, había metido todas esas imágenes dentro de mi cabeza y ahora mismo tenía la mismas ganas de pegarle una torta como de ponerme a cuatro patas y que me destrozase. Me debatía entre meterme a la ducha con él o masturbarme ahora mismo, le odiaba.

Me metí la mano por dentro del pantalón y por dentro de las bragas, saqué los dedos y estaban completamente mojados. Antes de llegar a su casa me prometí que no sería él el que mandase, iba a echarle un polvazo que no iba a olvidar en su puta vida, aunque eso me llevase todo el día.

Me acerqué al baño, sonaba agua caer, al fin y al cabo no me había engañado...

Abrí la puerta y entré, quité las cortinas y me lo encontré completamente desnudo y con el pecho lleno de jabón, frotándose con una esponja. Aquella imagen me humedeció más aún.

— Pensé que no te ibas a atrever a venir, dijo mientras se frotaba ajeno a mí.

Dicho esto me agarró de una mano y me metió bajo el agua, con la ropa y los zapatos, en pocos segundos tenía toda la ropa mojada y me estaba comiendo la boca con él, mientras notaba como su polla se le iba poniendo bien dura.

Podía notar todos sus músculos en tensión mientras nos devorábamos bajo el agua, sus dientes se clavaban en mi cuello y volvían rápidamente a mis labios. Saborear su piel mojada era un placer de otro mundo, mis labios y mi lengua podían recorrer su cuerpo a la perfección, es como si por momentos se fusionasen.
Empecé a bajar mis labios por su pecho, pos sus abdominales, los cuales se marcaban más al tensionarse por clavar mis dientes por allí, volví a subir a su boca.

Mi lengua jugaba con la suya y él cada vez me apretaba más contra la pared de la ducha. Pasamos cinco incómodos minutos al intentar quitarme los vaqueros totalmente mojados, pero al final lo conseguimos. Me encontraba en sujetador y con las braguitas, y podía notar su polla rozándose en ellas. Iba a explotar...

Me agaché y le agarré la polla con mi mano, pude notar lo durísima y caliente que estaba, miré hacia arriba y empecé a masturbársela mientras acercaba mi boca... Mis labios presionaban su punta ya mojada, rápidamente se contagiaron de su calor, de su humedad, de su sabor... Le apretaba la punta mientras seguía mastúrbandosela, hasta que empecé a comérsela, metiéndomela dentro de la boca mientras se la apretaba con todas mis fuerzas, mientras mi lengua la saboreaba y mientras mis ojos comprobaban que lo estaba haciendo genial.
Seguí comiéndosela sin parar, la sensación de que le estaba haciendo una buena mamada me gustaba, me encantaba... Él apuntó la ducha hacia mí, y el agua empezó a caer sobre mi cabeza mientras yo no paraba de comérsela y él de retorcerse.

— Levanta o vas a hacer que me corra sin habértela metido.

Me levanté y me subí en él, rápidamente me apoyó contra la pared y pude notar como su polla se rozaba en mis braguitas caladas por el agua y por la situación...
Me puse de pie y aprovechó para quitarme el sujetador, nada más quitármelo se lanzó a comerme las tetas, noté sus dientes y lengua en mis pezones, sus manos estrujándomelas. Estaba evitando chillar, quería aguantar, pero cuando sus dedos me penetraron fue imposible no soltar un chillido.
Pude notarlos entrar, hacerse paso por dentro de mi coño, casi acariciándolo. Los sacó rápidamente y me empezó a frotar el coño a través de las bragas, mientras su cabeza seguía entre mis tetas, mis chillidos eran inevitables.

— Ven.

No hice nada, simplemente le seguí fuera de la ducha, directo a su cama. Estábamos dejando todo el piso mojado, y gracias a que iba agarrada de su mano no resbalé, lo que hubiese matado aquél perfecto momento.
Se sentó en un borde de la cama y yo me puse sobre él, ignorando su polla, pero notándola al rozar mi piel... Le empujé y le tire sobre la cama. Levanté mi cuerpo y empecé a bajar, a caer sobre su polla... Empecé a notarla entrar, tan caliente, tan dura...

— Para.

Me dio la vuelta y me dejó con las piernas abiertas sobre la cama, se puso fuera de la cama y se abrazó las caderas con mis piernas, colocó su polla entre los labios de mi coño y me dijo que la apretase con mi mano, yo le hice caso. Puse la palma de mi mano sobre su polla, apretándola contra mi coño y él la empezó a mover... Empezó a rozármela por todo el coño, mientras yo aprovechaba y la movía de un lado a otro con mi mano. Me estaba volviendo loca.

Paró de jugar con su polla y empezó a comerme el coño, a aplastar los labios de mi coño entre sus labios, a pasar su lengua entre ellos, a jugar dentro con ella mientras con una mano me masturbaba el clítoris... Movía su cabeza de lado a lado mientras se aseguraba de que me tocaba cada una de esas partes que me volvían tan loca.

— Fóllame, le dije entre gritos y gemidos.
— Ponte a cuatro patas.

Lo hice sin rechistar, me puse a cuatro patas y pude notar sus manos calientes agarrar mis caderas, pude notar con el calor que salía de él se acercaba a mi cuerpo, pude notar el tacto de su polla en los labios de mi coño.

— Cuenta hasta diez, me dijo.
— ¿Qué?
— Tú hazlo.
— 1, 2, 3, 4...

Su polla entró directa y hasta el fondo de mi coño de un golpe seco, no pude seguir contando, mis gemidos estaban desgarrando mi garganta, me estaba dando con tanta fuerza que me dolía, pero a la vez me estaba matando de placer, había perdido la cuenta de los orgasmos y esto sólo era el principio...
Los choques de su cuerpo contra el mío cada vez que me la metía quedaban ahogados por mis chillidos, lo que me dolía era proporcional a lo que me gustaba que me follase con aquella fuerza.

— Para, le dije.

No quería que él se llevase todo el mérito. Le tiré sobre la cama y empecé a follármelo, de vez en cuando arrastraba mi coño por su pecho hasta sentarme en su boca para que me lo comiese. Volví a ponerme sobre él y empecé a girar mis caderas y a subir y bajar a toda velocidad, le estaba matando de placer, podía verlo.
Mientras estaba tumbado intentó quedarse sentado, quería llevar el mando, pero con una mano en su pecho no le dejé, lo máximo que le dejé es que me agarrase las tetas mientras yo me lo follaba, mientras yo disfrutaba de su polla y de su cara de placer.
Al cabo de un rato lo vi, vi su cara al correrse y pude notar su corrida caliente saltar dentro de mi coño. Jamás olvidaré aquella cara, como con mezcla de placer y sorpresa.


Esa vez ambos ganamos, ya que ninguno perdió.


--LF


Nunca sabemos lo que es ficción o realidad, ¿qué piensas tú? Si eres de los que ha leído esto, tú al menos mereces la pena, sonríe, no eres igual que todos.

6 comentarios:

  1. Está muy raro escrito el relato: "Por fin llegó a su piso, llamó al timbre".. y luego por otro lado "me dijo con esa.. "
    Sinceramente no me ha gustado. Os empeñáis en estar con malotes/as, en que el/la tipo/a duro/a tiene una parte tierna que vuestra con vosotros/as. ¿Tan difícil es un relato de una pareja normal QUE NO SEA EMPOTRADA CONTRA LA PARED? Como os gusta esa frase también... sois víctimas de modas.
    Ah, y si esta historia fuese real (que no tiene porqué, eh) la tía no tendría ningún tipo de autoestima, porque si se deja hablar así por echar un polvo necesita que la enseñen a quererse.

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  2. No tiene nada de malo que ella se deje tratar de una forma u otra. El sexo es un juego y las normas las pone cada uno, así como los límites. La falta de respeto puede venir cuando el trato en esta línea es constante y fuera del juego...

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  3. Simplemente un texto vulgar, te crees relatista erotica y das algo de asco. Estas un poquito amargada creo, te gustaria poder vivir eso pero te conformas con imaginarlo y escribirlo vulgarmente.

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    Respuestas
    1. Este relato es de los pocos que no están escritos por mí, está escrito por una amiga y te aseguro que ni está amargada, ni piensa en vivir todo eso.
      A mí particularmente me encanta el texto, pero si no es de tu agrado lo tienes bastante fácil para no leer más.

      Un saludo y gracias por semejante comentario tan constructivo y crítico.

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  4. Una pregunta. Este relato no lo escribiste tu pero desde tu forma de vista? Esque hay un relato anterior a este ( no se cual es concretamente) y esta version, en este caso la femenina, me ha recordado al otro de tu punto de vista. Estoy en lo cierto o completamente equivocada?
    atentamente, la que insonoriza pisos

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