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viernes, 13 de diciembre de 2013

Arrepentimiento versus indiferencia

La he cagado, pero no de la forma más suave y literal, la he cagado de la forma más dura y metafórica.

Últimamente miro mucho el pasado, sé que no se puede cambiar, pero sí me puede enseñar cómo actuar en un futuro, o mejor dicho, cómo no actuar en un futuro. Pienso en el pasado y sólo recuerdo a una persona, una persona que en su momento fue la más importante de mi vida.
Ella me quería, yo la quer... No, quizá ese fue el problema, yo aún ni sabía lo que era un sentimiento, menos aún me iba a poner a clasificarlos. Ahora que lo veo desde fuera, después de que haya pasado tantísimo tiempo tengo claro lo que sentía por ella y siendo muy injusto me hubiese gustado cambiarla por otra persona, ya que ella tenía la misma idea de relación que yo.

La vida es eso, te arrepientes de haber mostrado indiferencia ante gente que sabes que con el tiempo hubiese merecido todo lo que has dado por ellos, pero tristemente yo me enamoro sin pararme a pensar si esa persona me conviene o no, si esa persona me va a hacer disfrutar o si esa persona tiene la misma idea de relación que yo. Para mí el amor es así, te enamoras de cualquiera, sin que tenga la misma filosofía que tú, esa es la gracia, que todos seamos diferentes.

¿Demasiado romántico para mí? Puede, por eso tal vez me cueste tanto enamorarme.

Me he fallado a mí mismo, no debería comparar, pero todo el mundo lo hace. Comparando me doy cuenta de todo lo que he perdido, todas las personas que he expulsado de mi lado para que no tuviesen ni la más mínima oportunidad de hacerme dudar de lo que sentía. ¿Si tan fuerte era lo que sentía realmente era necesario hacer esto?
Lo que más me duele de todo esto es que ahora no paro de darle vueltas a algo que sucedió hace más de tres años, debo haber cambiado muchísimo si ahora me da por mirar tan atrás, pero es lo que toca.

Me he pasado la vida entera buscando personas que merezcan la pena cuando en realidad lo que tengo que hacer es buscar personas que merezcan mi pene.

Arrepentirse no vale de nada, te dirán. Arrepentirse te servirá para que si vuelves a estar en esa situación, te impida cometer el mismo error


Si tuviese la más mínima duda de que la protagonista de este relato va a leerlo, ni me plantearía publicarlo, pero sé que no lo hará. Trato de ser justo y ella se merece esto y más, por todo lo que no le di en su momento y por todo lo que le arrebaté. Personas como ellas son las que logran ser felices sin importar el alrededor, sólo con su estado emocional.
Gracias por enseñarme tanto, aunque tardase tan poco en olvidarlo todo.

Podría hacer una introducción algo más extensa, pero entonces no me daría la oportunidad para volver a hablar de ella.


Madrid.


Era septiembre y aunque el verano estaba a punto de acabar el sol y el calor aún nos permitían ir con ropa puramente veraniega.
Ella iba con unos shorts que de alguna extraña manera le realzaban su apetecible culo, a parte de hacer que sus largas piernas. Os lo resumiré en que está muy buena y que estoy seguro de que aún cuando tenga 80 años recordaré aquellos ojos verdes.


Estaba muy insegura, no tenía demasiada experiencia con el sexo y pensaba que eso iba a ser un problema entre nosotros, pero a diferencia de el resto del mundo eso para ella era motivo para luchar y motivarse.

La motivación nace de la razón, no del corazón.

Al menos aún recuerdo ciertas frases, ¿no? Al grano.

Su madre pasaría el fin de semana fuera, por lo que estaríamos solos en su casa. Aún no habíamos tenido la oportunidad de estar solos, de tener esa libertad de no tener que taparle la boca o de poder hacer unos preliminares largos e intensos. Hoy era el día, y notaba lo nerviosa que estaba, como si se tratase de una prueba que pudiese suspender.

Nos sentamos en el sofá, de cara a la TV, ella se recostó sobre mi hombro y me abrazó mientras clavaba sus ojos verdes en un programa estúpido. Tenía demasiadas ganas de ella, por lo que forcé la situación. Con una mano le agarré la carita mientras acercaba mis labios a ella.
Empezamos a besarnos, los besos eran tiernos, nuestros labios se mordisqueaban los unos a los otros mientras nuestras lenguas parecían nerviosas cada vez que se encontraban, pero la cosa fue a más. Lo que empezó con besos tiernos al final se estaba convirtiendo en mordiscos, lametazos en el cuello y mucho calor.

Me acompañó a su cama, a lo que ella se tumbó.

Le quité las zapatillas y mientras me lanzaba para colocarme sobre ella, fue besándole sus piernas desnudas hasta llegar a sus shorts, que fue cuando empecé a apretar mi cuerpo contra su entrepiernas mientras mi boca volvía a alcanzar la suya.

Relájate, le decía mientras mis mordiscos en su cuello le hacían temblar. Por alguna extraña razón, le quité la coleta que tenía y dejé su pelo suelto, aún tapando su cuello, me ponía más así.
Le aparté la camiseta y el tirante del sujetador de un hombro y se lo empecé a lamer y a mordisquear.

Te voy a follar hasta no poder más, le dije mientras ella resoplaba y se mordía el labio.

Sin quitarle más ropa volví a bajar a sus piernas, empecé a comérselas desde el tobillo hasta la ingle, pasando por alto que aún tuviese aquellos shorts.
Volví a subir a su boca, pero mi mano se posó en su coño y se lo empecé a frotar mientras le comía la boca, nuestras lenguas ya no estaban nerviosas, ahora estaban deseando encontrarse mientras mi mano apretaba más y más fuerte su coño.

De nuevo volví a bajar, esta vez para quitarle los shorts. Mientras tanto ella se quitó la camiseta y se quedó en sujetador.
Cuando volví la mirada a su entrepierna, pude ver cómo los labios de su coño se apreciaban perfectamente a través de su tanga, me mordí el labio y la miré. Ella me miró, se mordió el labio y bajó la mirada, como invitándome a que atacara. Así hice, me acerqué lentamente por sus piernas, mordisqueando sus muslos, hasta llegar a sus braguitas, entonces se lo empecé a comer través de ellas. Empezó a chillar y a retorcerse hasta que...

- ¡Para por favor! Me dijo entre jadeos.

La miré sin saber qué decir.

- Déjame a mí, por favor. Me dijo mientras se levantaba, me daba la mano y me invitaba a que fuese yo el que estuviera tumbado en la cama.


Se colocó sobre mí y empezó a besarme lentamente, besando mis labios sin parar, dándome besos tiernos en el cuello y otra vez en la boca. A los pocos minutos yo ya estaba otra vez en el estado anterior, olvidándome por completo de lo que había sucedido.
Le ayudé a quitarme la camiseta, y después ella me quitó las zapatillas. Empezó a besar mi pecho, mi tripa, volvió a mi boca y bajó directamente a mi tripa. Me desabrochó el cinturón y me abrió la cremallera del pantalón, para más tarde bajármelos hasta las rodillas.

Miré hacia donde estaba, ella me devolvió la mirada, seguía jadeando, respiraba por la boca y no paraba de mover sus labios, como disfrutando de lo que hacía. Me miró los bóxer, y de un movimiento rápido del cual casi ni me enteré me los bajó de un tirón hasta donde me había dejado anteriormente los pantalones.

- Prepárate, porque ahora te voy a follar yo. Me dijo, aunque no muy segura de lo que estaba haciendo.

Yo la miré y sonreí, sabiendo lo que me esperaba, sabiendo todo lo que significaba esto para ella y lo orgulloso que estaba de cómo se estaba enfrentando a ello.

Una vez sacó mi polla no se lo pensó dos veces, le pegó un lametazo de arriba abajo y me miró cuando su lengua acabó en la punta. Entonces empezó a lamerme la punta y a recorrer mi polla con sus labios, apretando su labio inferior contra ella, pero sin llegar a metérsela en la boca.
Me tenía loco, yo no paraba de jadear y de incorporarme de vez en cuando para ver cómo jugaba con mi polla, la tenía completamente empapada por su saliva. Entonces me la agarró con una mano y se la metió en la boca, yo me retorcí justo cuando ella empezó a chupármela.

Paró de pronto y fue a besarme, se colocó sobre mí y los besos cada vez eran más jugosos, más húmedos. Yo estrujé cada una de sus nalgas con una mano y le apreté contra mi polla, mientras nuestras lenguas no paraban de jugar.

- Fóllame, me dijo con una sonrisa.

Me levanté y me terminé de quitar el pantalón y el bóxer, mientras yo hacía ésto ella se quitaba el sujetador y por algún extraño motivo se me puso a cuatro patas sobre la cama. La imagen era de lo más impactante, tenía un culo de los mejores que he visto nunca, y ella lo sabía, sabía cuál era su fuerte.
No sé de dónde saqué las fuerzas para no apartarle el tanga a un lado y meterle la polla hasta no poder más, pero conseguí acercarme, apartarle el tanga y no meterle la polla. Empecé a comérselo, a devorárselo, ella chillaba sin parar, mi saliva se mezclaba con los fluidos de su coño y sus chillidos se mezclaban con sus jadeos, con su respiración acelerada.

Me ayudó a quitarse el tanga y volvió a colocarse a cuatro patas, entonces sólo dude unos pocos segundos, los justos para rozar mi polla entre sus labios y hacerla gemir un poco, después de eso... Se la clavé hasta el fondo y después de ese mismo instante empecé a follármela sin parar, se la metía con todas mis fuerzas, los golpes de mi cuerpo contra el suyo silenciaban un poco sus chillidos.
No podía parar de metérsela, le tenía agarrado por la cintura y mi polla entraba y salía sin parar. Entonces fui yo el que decidió parar.

Le ayudé a tumbarse en la cama boca arriba, ahí fue cuando vi su coño completamente mojado y mi polla se puso más dura aún. Me lancé a comérselo, me gustaba su olor, su sabor, sus gritos y todo de ella. Mi lengua recorría sus labios, se la metía dentro, jugaba con su clítoris. Sus gritos no cesaban.
Subí por su cuerpo y empecé a comerle las tetas, unas tetas de unos pezones rosas y pequeños preciosos. Más tarde me fui hacia su boca de nuevo, ella bajó la mano y colocó mi polla, yo sólo tuve que empujar y ya estaba dentro de nuevo. Pasó sus brazos a través de los míos y colocó sus manos en mi espalda, fue ahí cuando supe que mi espalda iba a sufrir.

Ahora estaba follándomela despacio, con pausa, como saboreando cada vez que se la metía. Los besos ahora eran posibles, mi boca buscaba constantemente a la suya y la suya buscaba la mía. Empecé a subir el ritmo, hasta que ella empezó de nuevo a gritar, los besos ahora tendrían que esperar.
Sus uñas ya empezaban a clavarse en mi espalda, yo cada vez se la metía más y más rápido, ella bajo mi cuerpo movía sus caderas e intentaba besarme cada vez que sus gritos lo permitían.

De pronto sus uñas se clavaron profundamente en mi espalda, y fueron moviéndose en torno a ella, desgarrándome la piel mientras bajo mi cuerpo ella se corría, dejaba los ojos en blanco y curvaba la espalda al máximo. Se había quedado como ida durante unos segundos, yo no paraba de follármela, intentando no pensar en lo mucho que me escocía la espalda, al poco tiempo me corrí dentro de ella.



Seguimos un rato el uno encima del otro, y por una extraña razón nos empezamos a dar picos, hasta que me coloqué a un lado y nos quedamos mirándonos.

A los pocos minutos la tenía de espaldas con las manos colocadas en un tocador con espejo que tenía, y yo detrás, follándomela sin perder la vista del espejo, conmigo detrás y con sus ojos delante.


Siempre le daré las gracias a su madre por irse aquel fin de semana, pero jamás podré darle las gracias por haberse cambiado de ciudad, llevándosela a ella consigo.



Hay una frase hecha para cada situación, en la mía podría encajar:

No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.






--Hero









3 comentarios:

  1. Perdonad por no poner foto, aún me falta retocarlo.
    No quería haceros esperar.


    --Hero

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  2. Me ha encantado, como siempre..

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  3. Sinceramente me gustan mucho más este tipo de relatos, es decir, con sentimientos. Pero aún asi, que voy a decir yo si todo lo que escribes me encanta...

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