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viernes, 17 de abril de 2015

La última vez que hablamos

La última vez que hablamos...


Me dijiste que volverías a hablarme cuando fueras capaz de ser sólo mi amiga y yo me quedé esperando como un idiota.


Me di cuenta de que piensas que te hablé porque mi ego estaba por los suelos y eso es triste porque fue precisamente por todo lo contrario, nunca llegaste a conocerme.


Me pediste que volviera a Italia, que necesitabas volver a despedirte de mí, necesitabas volver a hacernos daño.


Me llamaste cari, medio en broma medio en serio.


Me pediste que te hablara de otras, que necesitabas saber a lo que te enfrentabas.

Me hablaste de tu nuevo novio.

Me bloqueaste.



¿Y contigo, qué fue lo último que nos dijimos o sentimos?



Creo que ya es hora para volver a ser yo mismo en este blog, para volver a contaros cómo olvido a ciertas personas durmiendo en la cama de otras. Al fin y al cabo, creo que ya no debo de ser un caballero con quien ya ha pasado año y medio o con quien han pasado más de cuatro. Por no hablar de que la tercera mujer de la que siempre os hablo está en Italia e ignora que escribo.
Además, debo de darme prisa, que hay un jabalí persiguiéndome para que no vaya tras nadie que no sea él. ¿Y sabéis lo peor? Poco a poco estoy dejando de correr, quizá me gusta la idea, tengo que aprovechar para contaros todo antes de que me coja.


El otro día hablando con una amiga me di cuenta de que todos vivimos una época en la que pensamos que nadie va a superar a nuestros ex, encontramos a personas perfectamente compatibles con nosotros, pero somos incapaces de sentir ese algo que hace a esa persona perfecta. A mí en este último año me ha pasado muchas veces, personas perfectas que me podían aportar todo, todo menos ese punto que nadie sabe exactamente qué es, pero que es lo que a mí particularmente me hace plantearme tener algo más que sexo y cuatro mimos con esa persona.
Me cuesta llegar a ese punto, y mirad que soy un gilipollas en potencia que en cuanto ve que una chica no es compatible conmigo la tiro como si de un pañuelo usado se tratase, ¿verdad?

Supongo que no es del todo malo hacer esto, si nunca vas a tener una amistad con esa persona veo totalmente absurdo seguir conociéndola, aunque quizá yo me pase descartando. Odio a esas personas que tienen a 50 posibles candidatos/as en su agenda, prefiero tener 5 y que esos 5 realmente sean gente compatible con la que sólo me falta ese punto especial. Y es que cuando ya has probado y probado lo de la compatibilidad lo sabes a los tres días, lo que te falta es lo otro, el punto especial.

A veces pienso que me gustaría ser como esas personas que simplemente con quedar durante dos semanas seguidas con alguien ya logran enamorarse, ya logran sentir ese punto especial que tapa todos sus fallos y los convierte en virtudes. A veces pienso eso, luego me doy cuenta de que prefiero probar a 200 y que de esas 200 me enamore de cuatro, tanto por ellas como por mí. Siempre he pensado que es mejor estar con alguien que te elige de entre 200 que alguien que te elige entre cinco, aunque a veces ni eso, a veces tú eres su única opción. ¿Cómo coño vas a saber que te gusta si sólo lo has conocido a él? Bueno, puede que a veces tengas esa suerte, pero no te engañes, lo que necesitas es una pareja y cuando tienes esa necesidad te aseguro de que es difícil elegir bien.

Aunque no dejemos atrás el tema de que soy un gilipollas, porque hay quienes critican a los demás porque dicen de él que es un gilipollas, él lo achaca a que tiene una personalidad con la que siempre dice lo que piensa. ERROR, eres gilipollas porque diciendo lo que piensas eres gilipollas, como lo soy yo, las dos cosas no siempre van unidas.

Dicho esto, preparaos, porque os voy a mostrar muchos de mis descartes, que dicho sea de paso también me han servido para olvidar, aunque entrando en un bucle de sentirme mal cada vez que me follaba a alguien nuevo teniéndome que follar a otra distinta para tapar los errores que cometí con la anterior. Ya no tengo que guardarle la cara a nadie de mi pasado, ya no me voy a sentir mal por escribir lo que escribo, ya no voy a pensar en ninguna de ellas, toca volver.




Atentamente,

El Gilipollas.

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