¡Sígueme en Twitter!

sábado, 16 de mayo de 2015

Atropellado

¿A la tercera va la vencida?

Para mí el amor no es ese tren que esperas y que una vez pasa lo pierdes, para mí el amor es ese tren que atropella, quizá porque le espero como un loco en medio de las vías y quizá esa es la gracia, tener el valor de dejarte atropellar.
Me han atropellado, por fin un tren ha sido capaz de pasar por encima de mí, se ha negado a frenar y me ha roto todos y cada uno de mis huesos. Y dejad que os diga algo, menudo tren.

... y es que contigo no logro ver Madrid.
Supongo que es fácil hablar de ti, hablar de cómo curiosamente si yo tuviese tus dotes para dibujar te hubiese dibujado tal cual eres, de cómo pese a estar en un mirador con Madrid de fondo yo sólo sea capaz de verte a ti y olvidarme por un momento de Madrid, tu Madrid, nuestro Madrid.

Debo reconocer que tengo suerte en el amor, y aunque no crea en la suerte no sé a qué otra cosa echarle la culpa de lo terriblemente listo que es mi corazón a la hora de elegir mujer. He pasado más de un año pensando que ya no me volvería a enamorar, que aún lo estaba, cuando lo que en realidad me ocurría es que aún no había encontrado a ese alguien especial. Supongo que es lo que os pasa a muchos, habéis dejado una relación y pensáis que ahora nada será lo mismo, encontráis a gente totalmente compatible con vosotros y aún así os falta ese punto de chispa que vuestra ex pareja sí os daba.

Con el tiempo todo llega, aunque no lo busques, porque si sois como yo y os quedáis tirados en las vías, pronto llegará un tren que no pare y os deje todo el cuerpo destrozado. Eso sí, aseguraos de poneros en las vías del AVE y no en las del cercanías, por eso de encontrar un tren con algo de clase y no uno lleno de grafitis.

He pasado mucho tiempo sonriendo por mí porque nadie me hacía sonreir, apostando por mí porque no tenía ganas de apostar por nadie, siendo mi propio desastre y el de nadie más. Es hora de apostar por alguien más a parte de ese moreno que me devuelve todas las sonrisas frente al espejo.

Es fácil enamorarse en Madrid, es fácil enamorarse de una madrileña, de una gata. Aunque su mérito tiene que sea ella y no ninguna otra de las muchas que hay, es fácil que me haya enamorado tres veces en mi vida y que una de ellas sea ella.
Podría enumerar sus miles de virtudes, explicaros que aún busco un fallo y que aún no lo encuentro, pero no es única, he encontrado chicas con miles de virtudes que no me han llenado como lo ha hecho ella.

Porque es de esas personas con las que si tu vaso está medio lleno, ella te lo llena. Porque es de esas personas con la que no existen los silencios incómodos. Porque es de las que te enseña que se puede soñar con los ojos abiertos. Porque es de esas que disfrutas con la compañía y no yendo al hotel más caro de la ciudad. Porque es un pequeño gran desastre. Porque con sus 170 y pico centímetros no necesita unos tacones para estar a la altura, ella ya sabe que lo está. Porque es preciosa hasta cuando se saca ese mechón de pelo color azabache que le molesta en su boca. ¿Y qué decir de su boca? Pero también de su cuello, su pelo, su culo, sus piernas, sus tetas...

Supongo que simplemente es una de esas que te enseña que el amor es cosa de locos, de dos locos que no quieren buscar ni un sólo punto de cordura.

Simplemente es una de esas que te hacen estar con ella como si la conocieses de toda la vida.
Simplemente es una de esas con la que no existen distancias.
Simplemente es una de esas con la cabeza sobre los hombros.
Sumplemente es una de esas que pueden enamorarte con su físico, pero eligen enamorarte con su mente.
Simplemente es una de esas... que te consiguen.



Cuando todo está perdido, cuando crees que nadie más va a lograr entrar en ese pequeño rinconcito de ti donde están la confianza ciega y el amor, cuando crees que la última persona que dejaste entrar te dejó tan destrozada la puerta al salir, cuando crees que jamás volverás a sentir lo mismo...
Es cuando te das cuenta de que nunca más volveras a sentir lo mismo, al contrario, las sensaciones serán superiores.
Aguanta, no está todo perdido, te va a llegar el tren, tu tren, y te va a gustar tanto que por un momento vas a pensar que en realidad fue un avión y que ahora vuelas, pero no tengas miedo que esta vez no caerás.



Ya no soy capaz de ver Madrid cuando te miro a ti,
y eso es porque has conseguido algo que no atrevió nadie,
estar delante.




¡Eh, tú!
¡Sí, tú!
¡Leéme bien!
¡HASTA LAS PESTAÑAS!







--Hero

3 comentarios:

  1. Con textos como este demuestras que a pesar de todo el amor, cuando menos te lo esperas te puede atropellar.

    PD nunca dejes de escribir, sobre amor, sexo o lo que sea. Eres una de las pocas personas que un consiguen emocionarme o ponerme cachonda con un simple relato.

    ResponderEliminar
  2. Increíble, bellísima descripción.

    ResponderEliminar