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martes, 2 de junio de 2015

Fama

Iba a deciros que tengo suerte, pero la suerte es algo que se busca y no algo que se tiene. Supongo que simplemente fue un cúmulo de circunstancias lo que dio lugar a un resultado bastante sexy y apetecible.
He intentado escribir este relato tres veces y me he decantado por borrar el resto de borradores y empezar de nuevo, buscando esa suerte en mis letras que no es más que buscar cómo contaros a quién me follé sin daros pistas de quién fue, pero contando la historia tal cual pasó.
Odio las groupies, ya lo sabéis, yo no tengo ninguna película favorita, ni un libro favorito, menos aún soy seguidor de alguna persona perdiendo mi dignidad. El caso es que este relato tiene algo que ver con ello, tiene que ver con las muchas groupies que tiene esta persona y en cómo precisamente lo que no le gusta a quien más groupies tiene es que le digan todo lo que quiere escuchar.
Aunque no soy tan duro como parezco, en realidad yo lo hice sin querer, ya que no tenía ni puta idea de quién era, supongo que tengo que estar más pendiente del panorama adolescente español y de todo lo que ahí se cuece.
Dejad que antes de abandonar el tema de groupies os diga algo, pero no os lo toméis como dogma de fe, que al fin y al acabo soy tan superficial que sigo escribiendo "sólo" con tilde por pura estética, imaginad cómo lo soy en el resto.
A lo que iba, os puede gustar la música de un cantante, os puede gustar físicamente, incluso os puede atraer sexualmente tanto como cantando, pero por favor, nunca perdáis vuestra dignidad porque en ocasiones jamás vuelve. Por supuesto esto es perfectamente extrapolable a cualquier famoso de tres al cuarto que ahora sale en televisión o a cualquier actor venido a más por tener un buen físico o unos ojos de un color diferente al marrón. ¿Tú también eres de los que dice que los tienes color miel? Felicidades, ya compartes gilipollez conmigo.

¡No perdáis vuestra dignidad!


Era un día sin más, pero al final iba a ser un día que no iba a ser de menos. No estaba haciendo nada especialmente interesante, más que mirar la escayola en mi mano derecha que iba desde mis dedos hasta mi codo. Aún espero que el Real Madrid lea uno de mis muchos guiños y me invite a un partido por haberme roto una mano mientras celebraba el gol de Sergio Ramos en Lisboa, aunque os confieso que no estoy muy confiado en ello.
Llegó un e-mail a mi correo del blog y por cosas del destino lo leí nada más recibirlo, quienes me mandáis correos sabéis que esto no suele ser así, supongo que a veces las rubias tienen preferencia. ¿Rubia? Bueno, quién sabe, tendré que inventarme algo de vez en cuando y más en este relato a no ser que quiera ver mis huevos colgados en una pica en pleno centro de Madrid.

El correo era de una chica enumerando las virtudes de mi blog y en cómo le había servido para motivarse, incluso me ponía alguna que otra pega como que nunca releo mis relatos y por eso tengo algunas erratas o como que tengo muchos sin terminar. (Os prometo que otras cosas sí las termino).
Hasta aquí nada raro, una chica a la que le gusta mi blog y me da una crítica, pero la cosa fue fluyendo, se juntó en que estaba aburrido y en que por culpa de mi mano no podía usar el portátil, únicamente el móvil.
La veía muy segura de sí misma, a la vez que interesada en mí, hasta el punto en el que me decía que quería quedar conmigo y conocerme, eso sin haber visto una única foto de mí. Era bastante extraño, ya que generalmente para que una persona se lance a otra es porque confía mucho en sí misma y eso es porque generalmente le ha ido siempre bien, para colmo usaba su e-mail personal, por lo que yo decidí seguir su actitud y dejar de esconderme.
Ella me dio su WhatsApp, pero yo usé su número para llamarle directamente por teléfono, no tenía ganas de tener una conversación con una sola mano, me sentía estúpido y más aún usando sólo la izquierda.

Descolgó el teléfono.

- No sé por qué, pero me imaginaba algo así, me dijo.
- ¿Tienes estudiado mi comportamiento? Le pregunté entre risas.
- Más o menos, ten cuidado que puedo ser una groupie loca.
- Pero al menos estás buena, hay locas que valen para un rato, le dije.
- Me gusta tu voz, tienes una voz bonita, respondió.
- Buen corte de tema, aunque cortarme cuando claramente te digo que me gustas físicamente diciéndome que te gusta mi voz al final no sirve de mucho.
- Pero te vale de respuesta.
- ¿Eso también lo sabes por haberme estudiado?
- No, eso lo sé porque a nadie le gustan las cosas demasiado fáciles, pero sí que se vea la intención.
- ¿Y qué intención debería ver?
- Tú sabrás, pero yo veo la intención de un chico que me acaba de llamar por teléfono sin conocerme de nada, podrías echarme para atrás al pensar que eres demasiado fácil.
- Soy fácil con quien atrae a mi cerebro y a mi vista a partes iguales, así sé que si le gusto a esa persona no es por esa soberana gilipollez socialmente impuesta de que lo fácil no es atractivo.
- Yo aún no sé ni cómo eres, me dijo.


Aquí la conversación siguió, le despejé sus dudas en cuanto a mi físico y hablamos durante casi una hora, aquí fue cuando me di cuenta de quién era, pese a seguir sin conocer todo demasiado bien, por fin pude entender su actitud y para mi sorpresa también pude conocer lo que había dentro de esa pequeña cabeza, lo que me reportó una muy grata sorpresa, como siempre me pasa cuando conozco a alguien tan inteligente como apetecible a la vista.

Los días siguieron y las conversaciones cada vez subían más de tono, hasta el punto de que una vez me tuvo que colgar de lo cachonda que se estaba poniendo, yo no paraba de picarla diciéndole que si me volvía a leer un relato no se masturbara más, que se iba a desgastar, al final una cosa llevaba a la otra y ella acababa mordiéndose el labio mientras se resistía para no masturbarse mientras yo le decía guarradas referentes al blog y a lo que yo estaba seguro que ella hacía con él.
Al tiempo por motivos profesionales me dijo que tenía que venir a la ciudad en la que yo me encontraba, porque no, no estaba en Madrid, estaba curando mi mano en Cáceres.

Estaba nervioso, al fin y al cabo soy bastante curioso, por lo que indagué un poco sobre ella, aunque después me hice el despistado una vez nos conocimos.

La verdad es que me sorprendía la paciencia que tenía con sus fans, yo creo que jamás podría ser un personaje público, sería incapaz de tener siempre una sonrisa en la boca mientras aguantas gilipolleces y a niñas locas que centran su vida en ti.

Nos vimos.

He de reconocer que encajaba bastante con mis gustos en cuestión de físico, además de que su rollo con la ropa le daba un plus, iba a ser un día curioso. También es curioso que me haya dado por terminar este relato practicamente un año después de que sucediera.


- Quiero que sepas que nunca he hecho esto, me dijo en un tono serio y bastante convincente.
- Bueno, no creo que tengas la espinita clavada con muchos tuiteros que tienen un blog en el que escriben sus polvos, pero no te preocupes que no busco exclusividad, ya te lo dije.
- Pero ahora viéndote cara a cara es diferente, me siento extraña.
- No tenemos que hacer nada si no quieres, le dije.
- Quiero, pero me siento extraña, estoy en la habitación de un hotel con un desconocido con el que llevo hablando durante un tiempo, con el que me he abierto totalmente, quizá demasiado y dentro de pocas horas tengo [...]
- Ven, le dije mientras le agarraba la mano y hacía que se colocase sobre mí.
Ella se mordió el labio mientras sus piernas apretaban fuerte mi cuerpo y dejaba caer sus brazos sobre mis hombros.
- ¿Cuántos relatos has leído que empiezan así?
No me contestó, rió y giro la cabeza hacia un lado, sin parar de jugar con sus labios.
- No quiero ser una más y no quiero que me digas ahora que no lo soy, que con todas es diferente, nunca hice esto por nadie y quiero que de algún modo sea especial.

Me lancé a su boca y mis labios empezaron a jugar con los suyos tímidamente, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo por delante. Poco a poco me fui separando de ella, a lo que ella me seguía con su boca para no parar de saborearme, hasta que eché la cabeza hacía atrás y...

- ¿Quieres algo especial? Pregunté mientras al hablar mis labios aún sabían a ella.
- Sí.
- ¿Cuánto tiempo tenemos?
- Unas tres horas, ¿serán suficientes? Me dijo entre risas.
- Túmbate.

Se tumbó en la cama.

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