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domingo, 30 de octubre de 2016

Ángel de la guarda

¡Escribe algo bonito, idiota!
Y la escribí a ella.



Todos tenemos un Ángel de la guarda, esa persona que te salva cuando estás en el más profundo abismo, aún con posibilidades de que él también caiga contigo.
La verdad es que no merezco tener a mi lado a alguien como ella, aunque quizá no está tan a mi lado como debiera ser si yo no fuera uno de esos subnormales que tiene que enamorarse para estar con alguien. ¿Tanto cuesta ser normal? Todos lo hacen, incluso tú que me estás leyendo probablemente lo hayas hecho.



Pero no hablemos de mí, hablemos de ella, de mí con ella.



Y ahí la tienes, con esos ojos verdes vidriosos que muchas veces si no te acercas no sabes si están llorosos o simplemente les está dando el sol. Con ese maldito cuello de bailarina que tantas veces he probado, con esas piernas kilométricas y con ese maldito rollo de madrileña que aún conserva sin hacer caso a las modas.
Mientras lo escribo intento sacarle pegas, intento decirme a mí mismo que no es de las personas más interesantes que he conocido, intento decirme a mí mismo que no debería haberla dejado por miedo a que se fuera a Málaga.
Curioso que deje a una persona por la distancia y que luego me embauque en una relación en la que cada uno vivíamos a media España del otro.


Quizá te esté consiguiendo vender a alguno de mis lectores, Jara.


Pero no, no va a funcionar, tus ojos verdes han pasado demasiado, estás en ese punto en el que ya todo te da igual... Y es que todo te da igual porque aún hay algo que te importa demasiado.

Supongo que es una época que todos pasamos, ahora mismo yo la estoy pisando.
¡BASTA, HABLA DE ELLA!

No puedo hablar de alguien y no empezar a hablar de mí, soy demasiado egocéntrico, pero lo intentaré.


Da igual cómo te describa, porque es imposible que nadie se imagine a una persona como tú, nadie va a conocer en su puta vida a alguien tan inteligente, que sea capaz de destacar tantísimo por su boca, su cuello y sus labios, pero también cuando mueve esos labios y te empieza a hablar de cualquier tema llegando al punto en el que ya te da igual el tema y te acabas fijando en cómo se mueven tus labios.
Porque eres eso, Jara, eres todo.

Eres el puto Museo del Prado, llamas la atención por tu exterior, pero por dentro eres increíble, con la diferencia de que nadie se puede aburrir de conocer tu interior, ya que cada día se pinta un nuevo cuadro dentro de ti y se hace una nueva escultura en tu interior.

No, no eres un Goya, eres la maldita Gioconda, porque aún nadie sabe si sonríes o no, porque eres tú la que decide quién sabe qué sobre ti. Solo quien te ha dibujado lo sabe, solo quien te ha conocido puede retratarte, porque es ahí cuando bajas tus muros y dejas ver a los demás todo lo que guardas ahí dentro.

Y destacas, vaya si destacas, y destacas en una de las ciudades en las que más difícil es levantar la cabeza por encima de los demás, destacas en Madrid, Jara.
En Madrid, Jara, en Madrid.

Destacas si te vas al centro de Callao y te sientas en las escaleras del cine, porque entonces nadie entrará a ver ninguna película, ya que la mejor protagonista está ahí fuera, por la que cualquiera mataría e incluso haría él mismo las escenas más peligrosas de su vida, sin dobles.

Pero es que también destacas si te vas a Sol en plena manifestación, porque todos se girarán y solo con que un poco de luz ilumine tus ojos hasta las mujeres se olvidarán de lo que estaban haciendo allí, solo se preguntarán qué les ha pasado en la vida para no ser tú o no estar contigo.



Pero para ti no destacas, ¿verdad? No eres más que un trozo de madera, pero no te das cuenta de que ese trozo de madera que tú ves, es un puto violín. Pero no eres un Stradivarius, no dejes que te engañen, tú eres mucho mejor que algo de lo que hay varios, tú eres única, eres el mejor violín que cualquiera pueda tocar, ¿sabes por qué? Porque eres de esos violines que da igual la música que generen, lo que importa es tocarlos.



Y te toco, Jara, vaya si te toco y ojalá estuviera yo menos pendiente de la música y más en tocarte.


Créete la mejor, porque lo eres, solo tú puedes mover lo que hay dentro de tu cabecita, lo cual te hace mejor a cualquier persona que pisa y pisará este mundo.



Ahora cogí yo mis alas y te saqué del abismo. ¡Arriba, IDIOTA!




--Hero

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