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jueves, 22 de diciembre de 2016

El día que me follé a una feminista

Quizá debiera empezar explicando por qué en el título pongo “El día que me follé a una feminista” en lugar de “El día en el que una feminista y yo nos follamos”, por eso de incluirla a ella y demás. ¿Pero sabéis qué? Siempre se me ha dado fatal justificarme, más aún si encima tengo que inventarme los argumentos.

Ya he contado muchas veces que me gusta conocer gente, gente de todo tipo. Uso Twitter básicamente por esto, puedo conocer a gente con ideas totalmente antagonistas a las mías, de hecho me gusta. 

Creo que para conocer bien la guerra hay que saber lo que pasa con ambos bandos, por eso sigo a gente de izquierdas, de derechas, independentistas, del Madrid, del Barça, feministas… Como he dicho, para hacerte una idea real de lo que sucede en la guerra debes saber qué ocurre con cada bando y al fin y al cabo esto es una guerra, aunque en este caso sea de ideas.

En este mundo país tenemos un gran problema y es que no somos capaces de ver nada positivo en el bando contrario al nuestro, el de izquierdas no es capaz de ver nada bueno en la derecha y viceversa, tenemos sentimientos que la mayoría de veces nos ciegan. Nos hacemos soldados de una ideología cuando son nuestros supuestos líderes los que se saltan esos sentimientos y logran enamorarse de gente de una ideología totalmente opuesta, como pudiera ser el de un político independentistas y el de una política que es todo lo contrario. Pero… ¿nosotros? ¡Jamás me gustará alguien que vote a la izquierda, viva Rajoy y viva el vino!

Para llegar a esto primero debemos conocernos a nosotros mismos y la mayoría de personas se confunde con este enunciado, piensan que deben conocerse y así estar preparados para que cuando alguien les ataque ellos ya sepan sus puntos débiles. Pues no, tenemos que conocernos porque es la única forma en la que podemos saber qué mejorar y qué no y quizá con suerte sepamos por qué actuamos de ciertas formas y logremos anticiparnos a acciones de las que posteriormente nos podamos arrepentir, eso entre otras muchas cosas como saber qué puedes hacer y qué no puedes hacer, aún.

Pues sí, me gusta la gente diferente, la gente que tiene sus ideas claras, aunque eso implique chocar con las mías, al fin y al cabo nuestras ideas son las mejores y las del resto de la población apesta, pero piensa que con las tuyas pasa exactamente lo mismo, apestan para el resto.
Es fácil criticar, es lo más fácil, puedes criticar a los ricos que no donan el suficiente dinero, pero también deberías darte cuenta que ese mendigo a la puerta del Mercadona le iría bien ese euro que te sobra en el bolsillo. ¿Y se lo das? No. Yo tampoco lo hago, pero trato de ser consecuente con lo que digo. Al menos cada vez que salgo del Foster de Ópera el pobre hombre que suele estar en un portal cercano come o cena una ración de patatas bacon cheese fries.

Ella es como yo, tiene unas ideas que no tienen mucho que ver con las mías, aunque yo pienso que por lo que lucha es bastante lógico, creo que a veces se excede en sus comentarios. ¿Y sabéis qué? Se lo digo. ¿Sabéis algo más? Discutimos. ¿Sabéis qué pasa después? Nada.
Creo que es un gran síntoma de inteligencia saber hasta qué punto discutir, saber cuándo has soltado todos tus argumentos y cuándo no es necesario seguir con ello. También es importante saber que una discusión no tiene que llegar al terreno personal, pero bueno, el mundo está lleno de idiotas y los idiotas se saturan cuando se dan cuenta que lo son y más aún cuando se dan cuenta de que tú te has dado cuenta.

¿Sabéis lo más importante para encontrar a personas que merecen la pena? Quédate con todos esos que no busquen el mal ajeno para ellos crecer, busca a quien quiera superar al resto pese a que sean más altos que ellos, que no quiera darles una patada en las espinillas para que caigan, que quiera sobrepasarlos sin importar su altura.
¿Quieres tener la mejor casa de tu pueblo? Pues no quemes todas las casas, construye un puto castillo. Ese modo de pensar, quédate con todos los que lo tengan, sean de izquierdas, de derechas, del Madrid, del Atleti o un adicto a coleccionar patitos de goma.
Y ella es así, vaya que si es así.

Le he tenido que pedir permiso para esto, creo que en lo más profundo de mí hay un caballero, pero sigamos ocultándolo que luego las hay que me confunden con su príncipe azul y no estoy para más princesas, prefiero directamente luchar con dragones por diversión y no por necesidad de salvar a alguien.

En el título he dicho que me he follado a una feminista, pero eso no tiene nada de especial, al fin y al cabo creo que todos tenemos que tener un mínimo punto feminista. El tema es que ella es especial, es un ejemplo que muchas y muchos seguís, digamos que es una voz autorizada.

El gran problema de discutir mucho con alguien inteligente es que cada vez te vas abriendo más, porque esas discusiones jamás tienen fin. Os voy a ser sincero, he tenido discusiones mejores que muchos polvos.
A nosotros nos pasa algo parecido, tenemos una especie de necesidad de discutir al menos una vez al día con el otro, aunque sea sobre el color del cielo, aunque en todo lo referente a los colores vosotras tenéis mucho que ganar, por mucho que yo me dedicara a la pintura cuando era un crío.
Lo que más me sorprendió de ella fue que me dijera que es muy gilipollas, pero que lo sabe y no le preocupa. La verdad es que cada vez conozco a más gilipollas, aunque creo que de momento nadie de los que he conocido está a mi nivel y si alguno está dispuesto a rebatírmelo puedo presentarle a muchas personas encantadas de darme puntos a favor.


Madrid, ¿cómo no?


 …

Continuará, prometido.



--Hero

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